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Julen Lopetegui. CORDON PRESS

Real Madrid

La última piedra de los Lopetegui

Al padre del entrenador del Real Madrid la dictadura le ofreció dinero y fama. Dijo que no. Querían que cambiara el levantamiento de piedra por el boxeo.

El apellido Lopetegui era conocido en Guipúzcoa mucho antes de que Julen se hiciese un nombre en el mundo del fútbol. Era tal la fama que, en 1968, un emisario del régimen de Franco se personó en la sidrería que la familia regentaba en Asteasu, un pueblo a 25 km de San Sebastián, para hacerle una oferta al padre del actual entrenador del Real Madrid. De primeras sonaba irrechazable. A José Antonio Lopetegui le prometieron mucho dinero, fama y el apoyo del Caudillo… y a pesar de todo dijo que no. La dictadura quería convertirlo en el nuevo ídolo del boxeo español.

Miguel Almazor se desplazó de Madrid al corazón de Guipúzcoa para intentar convencer a José Antonio de que cambiara el levantamiento de piedras por los guantes acolchonados y las cuatro cuerdas del ring. Vicente Gil, médico de cabecera de Franco y presidente de la Federación Española de Boxeo, le emplazó por orden del dictador a buscar en Euskadi un peso pesado que sucediera a Paulino Uzcudun (1899-1985), el último gran púgil español de la época. Uzcudun fue tres veces campeón de Europa, peleó en 70 combates y solamente Joe Louis, uno de los mejores boxeadores de la historia, le hizo besar la lona. Nacido en Régil (Guipúzcoa), Uzcudun había destacado, antes de ser boxeador, como aizkolari (cortador de troncos).

Franco creía que en la misma zona en la que había nacido Uzcudun sería posible encontrar un púgil de un nivel más o menos similar. Vicente Gil, en su intento por no decepcionar a su paciente, puso su mirada en los levantadores de piedra vascos (harrijasotzailes en euskera). La primera opción fue José Antonio Lopetegui, que en 1962 estableció un récord increíble al levantar hasta en 22 ocasiones, en un sólo minuto, una piedra cilíndrica de 100 kg. En 1948, con 18 años, debutó levantando una piedra de un peso similar. Conocido en Guipúzcoa como Aguerre II (Aguerre I era su hermano Luis) por la influencia de su padre, los hermanos Lopetegui comenzaron a coleccionar récords y victorias hasta el punto de que el caserío en el que residía la familia pasó a conocerse entre los vecinos del pueblo como Indaretxe (la casa de la fuerza en euskera). 

Jose Antonio Lopetegui

José Antonio Lopetegui.

Los dos Aguerre son figuras imprescindibles en la profesionalización de una tradición que pasó a convertirse en deporte. Las comidas copiosas de los asadores se sustituyeron por planes alimenticios más estrictos y una rutina de entrenamientos muy rigurosa. José Antonio Lopetegui llegó a entrenarse, incluso, con los jugadores de la Real Sociedad y, según cuentan, estos lo pasaban realmente mal para seguirle el ritmo en las carreras. Vicente Gil tenía claro que era lo más cerca que iba a encontrar a Uzcudun y envío a Miguel Almazor, un promotor de boxeo local, a intentar convencerlo. No hubo suerte. Almazor le dijo a José Antonio que no tenía nada de qué preocuparse, que ellos le enseñarían a boxear y lo convertirían en una figura conocida en todo el mundo. Sin embargo, el padre del joven Julen, de apenas dos años, lo tenía todo en Asteasu e hizo oídos sordos a la opulenta vida que le ofrecieron en Madrid.

Un año después, su hermano mayor Luis falleció y la dictadura franquista encontró una alternativa que también provenía del levantamiento de piedras. José Manuel Ibar, conocido como Urtain por el caserío de su familia, debutó en un ring a las pocas semanas de la proposición de Almazor. En la década de los 70, Urtain se convirtió en uno de los deportistas más populares de España y logró tres campeonatos de Europa, igualándose con Uzcudun. Muhammad Ali le definió como “el mejor peso pesado europeo”. Además, es el único púgil español que ha sido portada de la prestigiosa revista de boxeo estadounidense The Ring, por sus 28 victorias en 28 combates vía knock-out. El paso del tiempo fue muy cruel con Urtain. El ídolo que fue terminó trabajando de relaciones públicas en el restaurante de su hermano Eusebio. Con 49 años, en 1992, ahogado por las deudas, puso fin a su vida arrojándose desde la ventana de su octavo piso de un barrio humilde de la capital española.

José Antonio Lopetegui, el hombre que pudo pero no quiso ser Urtain, no se ha movido de Asteasu. Bajó a Madrid cuando a su hijo lo presentaron como nuevo entrenador del Real Madrid, 24 horas después de que lo cesarán como seleccionador español. Sentado en la primera fila del salón de actos del Santiago Bernabéu, a sus 88 años, se le vio visiblemente emocionado cuando su hijo recordó a su difunta madre. Julen Lopetegui reconoció, en un vídeo previo al Mundial de Sportyou, que fichó por el Castilla sin que su padre, que preferiría que se decantase por practicar otros deportes, le hubiese visto nunca jugar un partido. Ahora, el hijo de José Antonio, con el agua al cuello, tiene por delante un reto que parece todavía más complicado que levantar una piedra de 100 kg.

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