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Juan Miranda, en un partido amistoso con el Barça el pasado verano. / Foto: ZUMAPRESS.com/Cordon Press

Barcelona

Juan Miranda, el meteorito del Aljarafe

Juan Jesús Miranda y María Dolores González pospusieron sus reyes magos del año 2000 hasta el 19 de enero. Aquel día nació Juan Miranda, el primero de sus tres hijos. Y el lateral izquierdo que puede debutar hoy con el Barcelona en partido oficial

El balón siempre fue su mejor aliado. Influyó que su padre, ex futbolista de categorías regionales, se lo llevara a sus partidos. Pero ahí no está la razón. Porque es de esas cosas de la vida que no tienen justificación. Ni argumento. No se sabe el porqué. Pero pasan. Puesto que desde que nació mantiene un idilio inexplicable con pelota.

El patio del colegio fue el primer testigo; siempre salía el primero para ocupar el campo de fútbol. Allí, y en el polideportivo, no había nadie que lograra arrebatarle el esférico. Sin embargo, no era el regate su mejor virtud, sino el golpeo. Sus cañonazos con la pierna izquierda dejaban atónitos a todo el que lo veía chutar.

Sus disparos dejaron de ser cosas exclusivas del patio para pasar a ser contemplados por un público más amplio. En Olivares (su localidad natal) se enteraron de su proyección y Miranda, con cinco años, entró a formar parte de la Escuela de Fútbol Municipal del pueblo. Un ejemplo más de que la edad es simplemente un número. Ya se le veían maneras. Y en Sevilla no tardaron en coger el teléfono.

Su Betis le propuso a sus padres que hiciese las pruebas en el club; cuando se lo comunicaron, Juan estalló de alegría. Era el año 2007 y el conjunto verdiblanco estaba reformado su ciudad deportiva, por lo que el albero de las instalaciones del Calavera (club modesto del barrio de Santa Justa, en Sevilla) fue testigo de la primera participación de Miranda con la camiseta de las trece barras. El examen fue aprobado sin dificultad y, con 8 años, pasó a integrar el benjamín del equipo hispalense.

Los almuerzos comenzaron a ser muy ligeros en la casa Miranda-González. La lejanía con respecto a la ciudad deportiva (45 minutos) provocaron que Juan tuviera que comer rápidamente para poder hacer sus deberes y salir rumbo al entrenamiento. Allí disfrutaba pensando en cumplir un sueño que hoy puede hacerse realidad. Cuando terminaba de ejercitarse, se duchaba, se ponía el pijama y se montaba en el coche, donde solía quedarse dormido. Y así cuatro días a la semana, más el partido.

El interés del Barcelona tardaría seis años en llegar, pero fueron sus hermanas las que lo predijeron. En su comunión, ellas le escribieron que acabaría en La Masía. En aquel momento, el club catalán no se había interesado por él. No obstante, a Miranda le gustaba mucho el club, que, dirigido por Guardiola, estaba en una de sus mayores épocas de esplendor.

Sevilla comenzó a quedársele pequeña. Y en la capital y en la Ciudad Condal ya venían siguiéndolo. Ni siquiera tenía representante en aquellos momentos; no lo tuvo hasta que se marchó a Barcelona. El Madrid fue el primero en telefonear a sus padres. Ellos hablaron con su hijo y ya estaba todo cerrado para marcharse a Valdebebas. Pero, una semana más tarde, el conjunto blaugrana entró en escena y, sin pensárselo, Miranda decidió revocar su decisión para coger la línea de AVE Sevilla- Barcelona. La Masía esperaba. Y Juan se acordaba del día de su comunión. Ni el mismísimo genio de la lámpara le hubiese concedido mejor deseo.

Él no dudo nunca en marcharse a Barcelona. Ni se lo pensó. Sólo necesitó escuchar el interés del club para decidir. No le importaba estar solo; al contrario, sabía las consecuencias. Nunca lo pasó mal. Sus padres se enfadaban con él porque no les llamaba. Ni le respondía los mensajes. Tenían que ser ellos los que movieran las fichas; él no lo hacía. Estaba muy cómodo. Los educadores llegaron a preguntarle a sus progenitores si tenía algún familiar en Barcelona por la extraordinario integración de Juan. Todo muy atípico en un niño de 14 años.

La llegada a la Ciudad Condal no provocó que dejara a un lado los estudios. Actualmente, sigue formándose académicamente. Le restan tres asignaturas para obtener el título de Bachillerato. Las concentraciones con la selección y con el Barcelona provocaron que el año pasado pudiese asistir poco a clase. Sin embargo, sus padres siempre han estado encima suyo para que no descuide la parte académica. Tal vez no sea un tipo listo en los estudios, pero sí constante.

Este verano pudo cambiar de nuevo su destino. Miranda no había firmado su renovación con el Barcelona y el Betis estaba al acecho. ¿Realizaría el camino de vuelta a casa para volver a la vida de antes? Ni se lo planteó. Pese a la reunión que mantuvo el presidente del Betis con sus padres y agentes, él decidió apostar por el proyecto del Barcelona. Juan renovó su contrato hasta 2021,que incluía una cláusula de 200 millones. Tras la renovación, su padre le propuso que toda la familia se fuese a vivir a Barcelona, algo que le pareció una extraordinaria noticia. Juan José va y viene; María Dolores se queda allí a cargo de Juan y de sus dos hermanas.

Ahora disputa los encuentros con el filial y entrena con el primer equipo. Ha pasado de ver a sus ídolos, Jordi Alba y Messi, por televisión a compartir cancha con ellos. Ya es el jugador más joven en jugar con la sub-16 (14 años) y el primer futbolista del 2000 en jugar un partido en Segunda División. Quién sabe si es capaz de añadir a su lista el arrebatarle la titularidad al lateral izquierdo más en forma del planeta. No se sabe. Pero lo que sí que se sabe es que en el Aljarafe hay un meteorito. Un meteorito que puede destrozar a cualquiera que se le ponga por delante.

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