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Rodrigo y Giménez, cabizbajos tras ser eliminados de la Champions. CORDON PRESS

Atlético

Turín año cero, o no

Yo no quiero a Simeone haciendo de otro. Yo quiero a Simeone haciendo de Simeone.

Comencemos por lo evidente. El Atlético de Madrid perdió un partido en Turín en el que nunca estuvo. Lo que vimos allí, esa colección de futbolistas vestidos con un holograma, feo y gafe (que espero no tener que volver a ver), fue más un enjuague bucal que el conocido dolor de muelas que toda Europa estaba esperando. Una falsificación apresurada, y errática, de un concepto que no deberíamos abandonar, pero que lo mismo ya hemos abandonado. Un equipo que no fue y que tampoco lo pareció. En ningún momento del partido llegamos a ver cualquiera de las versiones de ese Atlético de Madrid que hemos disfrutado durante estos últimos seis años y eso, seguramente, es lo más preocupante.

Podemos explicar la derrota atendiendo a muchos factores distintos, pero la razón principal, sin duda, es que el rival fue mejor. Mucho mejor, para ser correctos. Se impuso en todas las fases del juego, tuvo más fe, tuvo más fútbol, tuvo más rabia, tuvo más personalidad y encima se subió al ambicioso liderazgo de un jugador tan sumamente repugnante como excelente futbolista. Conviene aclarar, eso sí, que en contra de lo que se desprende de algún que otro buitre leonado, esos francotiradores anfetamínicos que salen como cucarachas hambrientas en días así, enfrente no estaba jugando el equipo B del Maspalomas (con todos los respectos para el equipo B del Maspalomas). Estaba jugando la Juventus de Turín.

La cultura popular contemporánea nos ha enseñado a no saber convivir con la derrota y por tanto a no ser capaz de tolerarla. Molesta. Molesta, porque nos han hecho verla como algo ajeno. Asumirla se considera humillante en la nueva religión y por eso hay que justificarla en razones que siempre son externas. Hay que proyectar la rabia hacia nombres ajenos a mí y que sean lo más concretos posible. Hay que encontrar culpables a los que fusilar en el muro de la turba. Hay que sacrificar a otro para así limpiarme yo. Para dejar claro que yo no tenía nada que ver con el hereje. El que sea. Si usted está en esa necesidad no se preocupe. Hay ya un motón de profesionales dispuestos a ayudarle en la cacería. No tienen más que encender la televisión, poner la radio o abrir cualquier periódico de los llamados serios. A mí no me necesitan para eso.

Y sí, estoy muy descontento con los jugadores. Con algunos más que con otros. Me asusta el despiste de las viejas glorias y me asusta todavía más la falta de personalidad de las nuevas generaciones. Mi inquieta pensar que hemos asimilado como líderes a jugadores que no lo son. No se puede saltar al campo con miedo. No se puede tener tan poca personalidad como para no tirar de rabia cuando, por lo que sea, no te llega el juego. No, cuando has visto que es así como se vive en este equipo. Se vive, sí. En el Atleti se vive, no se juega. Hay que tenerlo claro. No se puede bajar la vista cuando te encara cualquier engreído. No se puede tirar la toalla cuando todavía queda un milisegundo de partido. No te puedes esconder en los momentos en los que todo el mundo te está buscando.

Y sí, no estoy contento con Simeone tampoco. Pero no porque el equipo jugase replegado. Eso sería como enfadarme porque el último disco de Richard Hawley es de baladas o porque el cine de Lars Von Trier es poco convencional. No estoy contento porque sobre el campo no vi un equipo con capacidad de competir, que es lo que ha convertido al Atleti de antes en el Atleti de ahora. Me duele horrores haber caído así. Sin orgullo. Sin molestar. Con cara de aturdido y no con cara de mala hostia. Me duele ver que no había plan B, y que el plan A tenía tan poca grandeza. Me duele haber pedido la capacidad de revolverse. De flotar. De sobrevivir en cualquier situación. De reinventarse varias veces en 45 minutos. Como tantas veces hemos visto. Yo no quiero ver a Richard Hawley haciendo Punk-Rock ni a Lars Von Trier haciendo westerns. Yo no quiero a Simeone haciendo de otro. Yo quiero a Simeone haciendo de Simeone.

¿Y ahora qué? Pues no lo sé. A diferencia de otros profesionales no soy vidente, ni médium, ni futurólogo. Tampoco pretendo serlo. Preferiría no perder la cabeza, eso sí. Acabar la temporada con dignidad, encarando cada partido como una final y, de momento, no pensar más allá. Dejar de preocuparme tanto por los objetivos que nos marcan los demás porque quizá sea esa una de las grandes asignaturas pendientes de este Atleti. Gestionar muy mal las situaciones en las que parte como favorito o desde una posición de superioridad. El equipo se ha manejado muy bien viniendo desde abajo o teniendo que remontar, pero lo pasa muy mal cuando la situación es a la inversa. El Atleti sigue sin saber mandar cuando todo el mundo asume que es el que tiene que hacerlo. Esa, para mí, es la gran asignatura pendiente. Esa es la evolución que yo espero en el equipo y no la de los porcentajes de posesión, la que provoca glosas elogiosas en los coleccionistas de nombre de futbolistas o la que genera miles de pinchazos en un vídeo de YouTube.

¿Estoy preocupado? Depende. Mi inquieta la falta de paciencia de un entorno cada vez más tóxico y la falta de memoria de una turba cada vez más intoxicada. Me intranquiliza poder equivocarnos en el inminente cambio generacional o poder sucumbir a los atronadores (y peligrosos) cantos de sirena de un mercado del fútbol despiadado y con tintes pornográficos. Pero sigo creyendo. Es más, nunca he dejado de creer. Confío en los que nos han traído hasta aquí porque he vivido esa travesía con ellos y porque, a diferencia de otros, también viví, desde el mismo sitio, muchas otras travesías que nos llevaron a sitios a los que no quiero volver.

Cabeza alta, remera rojiblanca en ristre y cabeza limpia. No hay otra. Asumiré el juego, que es lo mismo que asumir que la derrota es tan factible como la vitoria. Lo siento, chicos (y chicas), pero es así. Y además no me importa. Me gusta. Yo quiero jugar. Quiero seguir jugando. Me agarro a lo que decía Saramago de que la derrota tiene siempre algo positivo: nunca es definitiva.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

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