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Fútbol

Juventus, una tiranía que arrasa el Calcio

El octavo scudetto de los turineses habla de un dominio histórico en el Calcio y una herida de muerte en el fútbol italiano. El monopolio de Turín no encuentra alternativas

El 18º título liguero del AC Milan puso fin a otra dictadura. El Inter se había adjudicado los últimos cinco scudettos favorecido por la caída a los infiernos de la Juventus tras el Moggigate. Aquel mes de mayo de 2011, Silvio Berlusconi saboreó el último triunfo de su equipo como Jefe del Gobierno. En la Plaza de San Pedro se acababa de beatificar a Juan Pablo II, lo había hecho su sucesor Benedicto XVI quien por entonces dirigía los designios de Dios en la tierra. Cerca del cielo llegó la 94ª edición del Giro de Italia, en una de las ediciones más duras y empinadas que se recuerdan. Sobre el asfalto nadie pudo seguir la rueda de Alberto Contador, aunque en los despachos le terminarían haciendo la goma, hasta borrarlo del palmarés. Por aquel entonces, Cristiano Ronaldo saboreaba las primeras mieles del éxito vestido de blanco con aquel testarazo copero. Ocho años después solo el luso sigue dando guerra. Ocho scudettos después solo Cristiano aparece en la foto. Solo él resiste a la tiranía bianconera, convertido hoy en una cebra más.

Lo cierto es que fue el último en llegar y su fichaje estaba más enfocado al asalto definitivo de Europa (“Me contrataron para esto”, dijo el día que tres goles suyos eliminaron al Atlético en Champions) que a alargar el dominio en el país de la bota, pero Cristiano ya ha triunfado en Italia. Bajo el zurrón un puñado de goles (19 en 26 partidos) y un nuevo récord. CR7 es el único jugador que ha conquistado la Premier League, la Liga española y la Serie A. Poco ha importado que sus cifras goleadoras hayan bajado hasta números similares a hace una década o que se haya reservado más de lo que solía hacerlo en España. Le costó arrancar en el siempre exigente y táctico Calcio, sus primeros goles no llegaron hasta la jornada 4, pero llegó a tiempo para dar el empujón definitivo y que la Juventus se asegurara un nuevo título en diciembre (9 puntos al segundo y sin perder un partido en la jornada 18). No hay cerezos en Turín, a cambio, en abril siempre florecen Scudettos.

Así ocurre desde hace ocho años en una tiranía que comanda la familia Agnelli desde los despachos y que ejecuta Allegri desde el banquillo, precisamente el técnico italiano ha sido el último en ganar la Serie A con un equipo que no sea la Juventus, lo hizo en 2011 con aquel Milan capitaneado por Ibrahimovic. Y pese a todo, este año será el más escueto en cuanto a títulos. Porque en el Piamonte se han acostumbrado a acumular dobletes y a salpimentar con Supercopas las pretemporadas o más recientemente los meses de enero. Desde su llegada en el verano de 2014, los bianconeros suman cuatro títulos ligueros, otros tantos de Copa y dos supercopas. Este año no se repetirá el doblete, en una temporada donde todos los esfuerzos se habían puesto en Champions. Con Allegri, la Juventus también había alcanzado dos finales de Copa de Europa (2015 y 2017) y se había convertido en un eterno candidato al título. Solo en la temporada 2015/16 había quedado descabalgado en una ronda tan temprana como los octavos de final.

Durante este lustro, Allegri ha sabido resetear al equipo, inyectarle savia nueva y explotar hasta el límite la veteranía y experiencia de la columna vertebral. Lejos queda ya ese 4-3-1-2 con el que se plantó en la final de Berlin 2015, en el que Pirlo ponía la clase desde el eje del medio campo y Arturo Vidal mordía en la presión, con Morata y Tévez arriba. Esa pareja ofensiva dio paso a la de Dybala y Mandzukic, aunque el equipo no se equilibró hasta que Pjanic llegó. El metrónomo bosnio puso orden al juego e Higuaín se atravesó la bota de sur a norte para dejar al Nápoles sin gol y dárselo a la Juventus. Ese equipo asentado en un 4-2-3-1 volvió a plantarse en una final de Champions, pero el Madrid le negó otra vez la Orejona. La evolución terminó en un 4-3-3 en el que Higuaín fue sustituido por Cristiano. El empuje y el ansia competitiva del luso solo ha dado para alzar el que será su Scudetto 35º (la Juve se cuenta 37 al no restar los dos arrebatados por el Moggigate), aunque Allegri ha reconocido que volverá a intentar el asalto a Europa: “Es seguro que me quedo en la Juventus. Cristiano es el futuro de este club”.

La tiranía bianconera empezó a fraguarse con la llegada de Antonio Conte al Juventus Stadium. Fue en la temporada 2011/12, mientras los equipos milanistas se derrumbaban y la Vecchia Signora se quedaba sin rivales. Aquella Juventus invencible terminó conquistando su primer título tras el descenso a la Serie B sin perder un solo partido, empatando, eso sí 15 de los 38 encuentros ligueros. Pero esa pátina de rocosidad siguió perdurando en los siguientes años, cuando el Calcio empezaba a convertirse en un todos contra la Juventus. Aquel 3-5-2 de Conte resultó indescifrable para los equipos de la Serie A que terminaban claudicando ante el enorme poderío físico de los Pogba, Vidal, Liechsteiner o Assamoah. Las dosis de clase las seguía poniendo Pirlo y el cerrojo de la Mole Antonelliana que domina la ciudad lo custodiaban Chiellini, Bonucci y Barzagli, aún sin canas.

De aquella primera Juventus que empezaba a arrasar en el Calcio pero a la que todavía le faltaba cuajo y calidad para ser respetada en Europa, se recuerda la liga de los 100 puntos, de los 102 para ser exactos. Fue otro de los hitos de Conte. Lo consiguió en su tercera temporada, la de mayor dominio y en la que redondeó su obra hasta sacar 17 puntos al segundo clasificado, la Roma. La Juventus empezaba a jugar otra liga y era evidente que el Calcio se le había quedado pequeño. El trienio de Conte se cerró con tres Ligas y dos Supercopas, devolviendo a la Vecchia Signora el esplendor perdido y poniendo fin a nueve años de sequía. Si ganar era entonces lo único importante, volver a hacerlo se convirtió en una obsesión en Turín.

Quizá por ello, el shock que acompañó la repentina marcha de Antonio Conte del Piamonte fue tan grande. El técnico que había devuelto la grandeza a la Juventus se marchaba de Turín con la sensación de que su obra estaba inacabada, de que aún había capítulos por escribir más allá de los Alpes. La controversia fue aún mayor entre los tifosi cuando se anunció su relevo. Allegri no fue precisamente bienvenido en Turín por su pasado rossonero. “No lo queremos”, fue el grito más repetido por los aficionados a las puertas de la ciudad deportiva de Vinovo en el verano de 2014. Lo mejor, no obstante, estaba por llegar. Tanto que el técnico italiano cambió esos gritos por una pancarta: “Ayer estábamos Conte-nti en Italia, hoy estamos Allegri en Europa”. El cartel pudo verse en la ciudad deportiva bianconera en los días previos a la final de Champions de 2015.

 


Otros dominios tiránicos


La leyenda de la Juventus ha dejado atrás otras dinastías futbolísticas que convirtieron sus campeonatos domésticos en monólogos. Atrás quedan ya las siete Ligue 1 del Olympique de Lyon de la primera década del 2000 y a rueda aparece el Bayern de Munich con seis Bundesligas consecutivas, si este año termina imponiéndose al Borussia Dortmund (es líder y le lleva cuatro puntos de diferencia al equipo de Dortmund), sumará su séptima seguida. Fuera de las cinco grandes ligas europeas encontramos el dominio del Celtic en la Scottish Premier League, favorecido también por el descenso administrativo que sufrió el Glasgow Rangers. Los católicos de Glasgow llevan también siete ligas consecutivas y van camino de la octava, líderes con 8 puntos de ventaja.

Lejos quedan todavía las 13 ligas consecutivas del Rosenborg (1992-2004) o las 14 del Skonto de Riga, récord absoluto en el continente europeo, pero tras repasar el dominio de la Juventus en Italia y observar, sobre todo, las escasas alternativas del resto de equipos italianos para plantarle cara en una carrera a 38 partidos cabe preguntarse dónde situarán el listón los juventinos. Su última apuesta con el fichaje de Cristiano Ronaldo no asegura ganar la Champions, como ha quedado demostrado este año, pero sí debería dar para alzarse con varios scudettos más si los rivales no elevan tanto su nivel de juego como su nivel de inversión en nombres rutilantes. Un Cristiano crepuscular, camino de los 35 años, como el que ha llegado a la Juve todavía tiene muchas cosas que decir.

Atrás queda, en cualquier caso, aquel Calcio repleto de figuras y equipos potentes que eran temidos por media Europa. Aquella Serie A que languideció con el cambio de siglo y que ha deparado luego varios tiranías, en forma de equipos dominadores, concentrando el talento en una sola escuadra y restando, por tanto, competitividad y atractivo a un campeonato que parece anquilosado en el pasado. Cabe preguntarse si el dominio de la Juventus, si ese afán competitivo que ha desbordado Italia y no es capaz de imponerse en Europa, está dañando de muerte al fútbol italiano, hasta convertir al Calcio en una Bundesliga más o, peor aún, en una Ligue 1, donde los petrodólares no proceden de Qatar, sino de la FIAT. En Italia todo queda en casa, pero el prestigio, bien lo sabe Ronaldo, se gana fuera.

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