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Gloria al Madrid: Keylor y Benzema valen otra final

Dos goles del francés y las paradas del portero costarricense salvaron al campeón frente a un Bayern que llevó la emoción al límite.

No tiene sentido angustiarse por un partido de fútbol cuando en la vida hay tantas cosas que podrían generarnos una angustia razonable y natural, empezando por la muerte y derivados. Es absurdo que un juego nos provoque esa tensión en los hombros, el miedo irracional y la superstición patética, el no soltar lo que teníamos agarrado cuando marcó Benzema, o repetir que vamos a perder porque siempre sucede lo que no se verbaliza.

No tiene ningún sentido esta angustia y, sin embargo, se extendía del campo a la grada, y desde allí se propagaba a otros millones de personas igualmente angustiadas, aunque un océano las separara del estadio en ebullición.

Sí, el partido era angustioso en su presentación y lo fue mucho más en su desarrollo. No es frecuente que dos equipos tan grandes jueguen sin protección, que las habituales prevenciones tácticas queden reemplazadas por un desafío de puños desnudos y de golpes al rostro, veamos quien resiste en pie. Así fue desde el primer minuto y hasta el 96, que todo eso prolongó el señor árbitro, se deduce que le gustaba el partido.

Tanta fue la angustia, y tanto caló hasta el tuétano de los huesos, que ahora, cuando habría que bailar, lo que pide el cuerpo es guarecerse, no vaya a aparecer Lewandowski por el centro y Alaba por la izquierda. Si quieren disimular los últimos temblores digan que es el frío, la primavera que no llega, o repasen lo que dicen los noticieros, tercera final en tres años, el Real Madrid lo volvió a hacer…

Tenía que ser Benzema, pudimos anticiparlo cuando se conoció la alineación, debimos, pero no lo hicimos porque nada nos pasa más inadvertido que lo evidente. El fútbol se lee al revés y nos empeñamos en descifrarlo al derecho. El héroe nunca es el que se anuncia. Suele ser el tipo más abatido, o el más criticado, o el traspaso inminente. Así que debía ser Benzema, no cabía otra. Dos goles que redimen por cuatro años más, calculen la fecha de la ampliación del contrato,

A la vez que un héroe, los grandes partidos también señalan un culpable, un tipo desgraciado que saldrá en las portadas que lamentan la derrota, el triste protagonista de los breves resúmenes televisivos, para qué entrar en más detalles si allí estuvo todo. Tan triste honor correspondió a Sven Ulreich, portero del Bayern. Cuando le vimos vestido de riguroso negro pensamos que rendía homenaje al mítico Sepp Mayer; luego supimos que guardaba luto por sí mismo. Como somos sentimentales nos vino a la mente su madre y como somos leídos recordamos el cuento de Valdano, “vieja, creo que tu hijo la ha cagado”.

Se necesitan más detalles para comprender el partido. Y, además, nos queda un protagonista por reseñar, tal vez el más relevante. Hablo de Keylor Navas, el portero que no convence. Hablo del guardameta que ha resistido estoicamente los rumores que han apuntado sucesivamente a De Gea, Kepa, Courtois y cuanto cancerbero destaca en el planeta. Sobreponerse a esa desconfianza exige grandes dosis de fortaleza mental y paciencia bíblica. De todo ha tenido Keylor. Si sus paradas contra el Bayern no le otorgan el derecho a ser incluido entre los cinco mejores porteros de la actualidad es que en el mundo falta justicia y sobran dioptrías. El Real Madrid sobrevivió gracias a su portero. Conviene proclamarlo, aunque nadie escuche ya porque la música está muy alta.

El Rey de Europa llega a la final con el armiño hecho jirones, pero llega. No es mentira la crisis que arrastra durante la temporada y que sea cierta hace que la hazaña sea todavía mayor. Nada le detiene, tampoco un Bayern formidable que no entenderá nada a estas horas y tal vez mire al pobre Ulreich en busca de una explicación. Es la historia, querido enemigo, son los fantasmas del pasado, esos que no aparecen en la alineación pero también juegan, son tantos años de esperar y tanta derrotas en Alemania, tanto daño que nos hicisteis. O más corto: es el Real Madrid.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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