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Killing Eve

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Razones para amar a una asesina

Villanelle es excitante, es divertida, es emotiva, es un manjar que se deshace en la boca. Es una asesina sensual y absolutamente adictiva.

Si la primera temporada hizo que Sandra Oh se ganase los aplausos de manera justificada, la segunda temporada de Killing Eve ha sido un banquete para los cinco sentidos servido por Jodie Comer. Lo que ha hecho Comer con Villanelle ha sido crear un personaje capaz de matar en voz alta —y no hacernos sentir ni una pizca de aflicción por sus víctimas—, mientras nos enamoraba en voz baja hasta los huesos. Villanelle es excitante, es divertida, es emotiva, es un manjar que se deshace en la boca. Es una asesina sensual y absolutamente adictiva. La interpretación de Jodie es de otro planeta, sus registros, sus gestos, su manera de pronunciar cada palabra o de darle significado a cada silencio con una mirada que traspasa la carne de Eve y de cualquiera que se atreva a ponerse delante de ella. Su historia en esta segunda temporada no termina bien, termina de una forma real, cruda, corroborando el engaño que supone creer en un amor imposible. «Si te vas, te mato». Ya lo advirtió Konstantin, «mira lo que le pasa a la gente que quiere, la quiere hasta la muerte».

Todos los episodios de la segunda temporada son un espectáculo y esto ocurre, en gran medida, por culpa del desarrollo de Villanelle. Sus diálogos nos producen tensión y carcajadas a partes iguales, y aquellos de connotación sexual hacen que nos suden las manos como si estuviésemos dentro de la serie deseando que tire nuestra puerta abajo con un cuchillo entre los dientes. No creo que haya habido, desde hace tiempo en la pequeña pantalla, una villana tan fascinante como ella. 

Villanelle nos pone el pelo de punta no solo porque es una demente y una psicópata, sino porque caemos en su trampa, en su juego sucio, en el maltrato y en el posterior síndrome de Estocolmo. Se nos hace imposible condenar sus actos a pesar de que es una maltratadora de la cabeza a los pies. Con un simple «eres mía»—frase que le dedica a Eve—, afianza la narrativa del maltrato de libro y nos tiene a todos en sus manos. La oscuridad de Villanelle es parte de su belleza, por eso Eve se obsesiona con ella y por eso la propia Villanelle le corresponde al interés en su cara más aberrante con una pasión ilimitada y una fantasía extremadamente retorcida.

 

Hablemos un segundo del maravilloso humor de Villanelle en Killing Eve. Es capaz de burlarse de sí misma, de sus superiores y de sus víctimas. Sin embargo, nada que tenga que ver con su trabajo se lo toma a broma, no falla nunca. Además, es un personaje que no le teme ni a la muerte ni al propio miedo, algo que nos lleva a considerarla valiente, a pesar de que mate a la velocidad de una pestañeo. Villanelle hace un arte del ajuste de cuentas. Es una sicaria que podría ser portada de Vogue. Sabemos que tiene un lado humano atormentado y no nos asusta quedarnos a su lado para descubrirlo aunque al final termine el relato con una sonrisa parecida a la del Joker. Esa es Villanelle, un dolor placentero, y eso construye Jodie Comer, una montaña rusa de emociones que nos lleva por delante y a la que nos subiríamos mil veces a pesar de que nos revuelva el estómago. ¿Cuántos Emmys se merece? No hay tantos.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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