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Kipchoge, detrás de sus liebres en el maratón para la historia. EFE

Atletismo

Prueba superada… o no

Enhorabuena a los premiados: Kipchoge por su marca y su premio en metálico, Nike por la publicidad de sus nuevas zapatillas e Ineos por su propaganda en busca de un lavado de imagen.

El reto de Kipchoge, Ineos y Nike era bajar de las dos horas en cubrir un maratón, por lo que a primera vista la prueba fue un éxito: Kipchoge detuvo el crono en 1 hora, 59 minutos y 40 segundos y sobraron 20 segundos, corriendo constantemente alrededor de los 2 minutos y 50 segundos por kilómetro, una barbaridad, y aun teniendo fuerzas para esprintar de alguna manera en los últimos metros, no fuera que al final nos faltasen un par de segundos. Enhorabuena a los premiados: Kipchoge por su marca y su premio en metálico, Nike por la publicidad de sus nuevas zapatillas e Ineos por su propaganda en busca de un lavado de imagen que ha llevado al propietario a hacerse cargo del equipo ciclista Sky y comprar el Niza de la Ligue 1 francesa.

Se notará un punto de cinismo en el párrafo anterior, pero no dejo de reconocer que el tiempo marcado en cada kilómetro de la prueba es magnífico, y que además estuve viendo la última hora por televisión, a ver qué ocurría. Confieso las sensaciones encontradas. Me cae bien Kipchoge, parece ser un tipo humilde pese a ser un atleta de elite y posiblemente el mejor del mundo en su especialidad. Además corría acompañado de algunos de sus compañeros de entrenamiento y mejores amigos. Las imágenes de la celebración con todas las liebres, felices por haber jugado su papel en el reto, también resultaron entrañables. Y sin embargo hubiera preferido que no hubiera logrado la marca deseada.

Hace no mucho tiempo la FINA, la Federación Internacional de Natación, permitía a los nadadores batir récords mundiales en los entrenamientos privados. Bastaba con tener un comisario presente que diera validez al tiempo marcado por el nadador, aunque aquella marca no se desarrollara dentro de competición alguna, y seguramente sin control antidoping. Era poco más o menos como ponerte de acuerdo con un amigo e intentar batir un récord Guinness, el que les apetezca, o crear uno que no exista. Una vez pensé hacerlo con golpes continuados en un punto de ping-pong, y el éxito se lograría simplemente asegurando que los puntos no se disputaran, solo habría que pasar la bola al centro de la pista del rival suavemente y que él repitiese lo mismo hasta la saciedad. Me sonaba más a broma que a récord Mundial. La propia FINA tuvo que poner limites a sus propias normas cuando los nadadores empezaron a utilizar un traje de baño cuyo material les otorgaba mejores tiempos por el rozamiento favorable con el agua. La evolución natural hubiera sido utilizar aletas, motores en la muñeca y quizá un barquito a mando a distancia que crease la ola favorable.

Esta prueba de Kipchoge tenía mucho de eso. Ha utilizado hasta 41 liebres diferentes, además en edición de lujo, con algunos de los mejores atletas del mundo, y no corrían en la manera tradicional. Entraban y salían de la prueba para mantenerse siempre frescos, con cinco de ellos por delante de él, en forma de V, para maximizar en todo lo posible el efecto cortador de viento de las liebres, y con dos por detrás para que Kipchoge no perdiese el paso y no se retrasase. Por si aquello no fuera poco, y la tecnología no fuera capaz de ir dando mediciones continuas de la posición del atleta con respecto a su objetivo, un coche marcaba el ritmo a las liebres, así que las liebres tenían liebre a la que seguir, y encima les ponían una raya en láser verde por donde debían colocarse cada uno de ellos en todo momento. Naturalmente, desviarse del objetivo de los dos minutos 50 segundos por kilómetro era virtualmente imposible, tanto a favor como en contra.

Pero es innegable que las dos horas se rebajaron. Hace tiempo (un par de décadas, seguramente) leí en el periódico que Oviedo quería preparar una maratón que fuese siempre cuesta abajo, supongo que empezando en el Alto del Naranco, en el que se pudiera rebajar fácilmente el récord del mundo. Pero siendo aquella una propuesta de una carrera competitiva, el récord no se hubiera podido dar por válido porque las normas exigen un desnivel máximo y la propuesto en Oviedo lo sobrepasaba con claridad. Con todo, me parece un récord más correcto que el del reto de Ineos.

¿Cuál es el siguiente siguiente desafío? Veamos. Una carrera de 4×400 masculina acaba claramente por debajo de los 3 minutos, y una buena carrera de 1.500m lisos necesita cerca de los 3 minutos y medio. Podríamos organizar una reunión atlética donde 4 o 5 atletas de elite tuviesen cada cual un intento, varias liebres y un láser verde que les marque el ritmo.

¿Por qué dejarlo ahí? El récord del mundo de salto de altura en ambas categorías lleva un tiempo sin ser batido y seguramente ya vaya siendo hora de superar a Kostadinova (2.09, 1987) y Sotomayor (2.45, 1993). Todo será cuestión de poner un pequeño trampolín o cama elástica en la zona de batida o que Nike le pida a ACME, proveedor habitual del Coyote, unos muelles especiales que faciliten el salto. Entonces podremos superar, por ejemplo, los tres metros. ACME también podría proporcionar ventiladores especiales —aunque ya sabemos el rendimiento que le daban al pobre Coyote— que faciliten la distancia del salto de longitud, y así superar ya no los míticos 9 metros, sino quizá lo 10. Todo sea por la publicidad, aunque suponga confundir al aficionado casual, que acabará sin entender qué es un récord del mundo.

1 Comment

1 Comment

  1. Dr

    14/10/2019 at 09:00

    Aún compartiendo el fondo del artículo,la necesidad de no dejar espacio a la alegalidad en el atletismo,los argumentos no me parecen los más adecuados.
    No veo mayor desdoro en la marca porque ésta sea promovida por intereses económicos de multinacionales,puesto que eso obedece a una lógica que se acepta en los demás ámbitos de la realidad sin mucho problema y sin ninguna discusión.La necesaria aportación de lo privado a todo tipo de proyectos es un mantra tan repetido que esta empieza a parecer tan natural como la salida o la puesta del sol.No veo porqué en el deporte debería ser diferente,es como si quisiéramos volver a los tiempos del amateurísmo olímpico(casi como quitarle otra vez las medallas al pobre Jim Thorpe).
    También es cierto que hay que poner un límite a la tecnología,pero no debería ser un láser el motivo.Ese láser era parte de la parafernalia mediática,ningún atleta de élite lo necesita para saber a qué ritmo corre,ni siquiera necesitarían de un GPS para saberlo.Los atletas jóvenes ya no aprenden tan rápidamente a llevar el ritmo adecuado «de cabeza»,como ya no aprendemos números de teléfono desde que usamos móvil,pero en la élite el ritmo está en la mente.por no hablar de una simple pulsera que emite un zumbido o pitido en cuanto te desvíes del ritmo establecido.Ese láser es para el espectador.
    Y por último,pero quizá lo más importante porque se trata de una injusticia histórica,reivindicar la figura del mejor ingeniero de todos los tiempos,un verdadero genio ,al que solo una mala suerte digna de un mito Griego – o de un guionista sádico-ha privado de lograr su objetivo.Viva el coyote!!

  2. Diego

    14/10/2019 at 16:44

    Ante todo, gracias por comentar.

    No pretendia criticar la version economica del deporte en si. Es evidente que el profesionalismo existe desde hace mucho y hace a los deportistas mejores. Pero lo de Viena era una vuelta de tuerca mas.

    Tampoco niego la dificultad de correr a 2.50 por kilometro. pero si el como se hace. Coche cortando el viento, relevo de liebres, laser., que quiza era para el espectador (a mi no me hacia flata) pero los corredores estaban todos en su sitio exacto constatemente.. No me parece la forma adecuada de hacer la prueba.

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