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Fútbol

El milagro de Klopp

Cuatro años después de su llegada a Liverpool ha devuelto la grandeza al club. Ahora, Klopp intentará por tercera vez ganar la Champions y cumplir una promesa

Miracle es la palabra más repetida hoy en la prensa inglesa. The Miracle of Anfield (Mirror Sport), Mersey Miracle (The Daily Telegraph) o Out of the World (The Guardian) son los titulares de la gesta. Las fotos que acompañan a esos títulos gruesos muestran el júbilo de varios de los héroes de la noche, Wijnaldum, Origi o Alexander Arnold, todos ellos actores secundarios de una trama urdida por un genio. No cuesta mucho imaginar detrás de ellos la sonrisa mayúscula de Klopp, cobijado bajo sus características gafas, mientras arreciaba la tormenta y el Barça se diluía como un azucarillo. El enésimo milagro de Anfield lleva la firma del técnico alemán que ha creado un estilo propio y ha devuelto al Liverpool a la cima. Desde allí arriba prepara un nuevo asalto.

Su declaración de intenciones se produjo nada más pisar Anfield. La primera vez fue un 9 de octubre de 2015, en el que se presentó como técnico red bajo el eslogan de ‘The Normal One’. Pronto dejaría claro que no era uno más. Su segunda afirmación coge hoy aún más fuerza: «Necesitamos convertir a los incrédulos en creyentes». Cuatro años después sus fieles son legión y durante este largo camino siempre ha ido sumando adeptos, porque tanto el club como el equipo han ido dando pasos para volver a ser lo que un día fueron: el conjunto más laureado de Inglaterra y uno de los más triunfadores del viejo continente.


Los primeros pasos


No fue sencillo el arranque, con un equipo que había perdido a su máxima referencia ofensiva, el uruguayo Luis Suárez, capaz de arrebatarle una Bota de Oro a Messi y Ronaldo vestido de red, Klopp intentó reconstruir los cimientos de la Era Post-Gerrard, que se marchó a Los Ángeles para olvidar su resbalón. Del equipo titular de entonces, solo Henderson, Milner y Firmino, fichado como recambio de Suárez por 41 millones de euros en 2015, siguen siendo piezas importantes en el equipo. Coutinho y Lallana eran las otras figuras emergentes de aquel conjunto que enderezó algo el rumbo en Premier League para terminar octavos en la clasificación. Fuera, en cualquier caso, de las posiciones europeas.

Pero fue precisamente en Europa donde Klopp dejó los primeros retazos del equipo que estaba construyendo. Un conjunto entregado entonces al contragolpe y a una defensa numantina, replegada atrás y con menos Gengenpressing de la que vimos en su anterior etapa en el Borussia Dortmund. Klopp entiende que todavía no tiene todos los recursos necesarios para exportar en Liverpool su librillo al 100% y se adapta a las características de sus jugadores, mientras va introduciendo matices tácticos para explotar todas sus virtudes. De este modo y con la inestimable ayuda de Anfield alcanzará la final de la Europa League apenas 8 meses después de haber aterrizado en el cargo. Todas las eliminatorias se sentencian en los partidos jugados en casa, algunas con remontadas homéricas, como frente al Dortmund en cuartos al que marcan cuatro goles en solo 45 minutos. Levantan así un 0-2 al descanso para clasificarse a semifinales gracias al 4-3 final. En la penúltima ronda remontan también con un contundente 3-0, la ventaja de 1-0 que traía el Villarreal.

La final perdida contra el Sevilla es un nuevo aprendizaje para Klopp y los suyos. La enseñanza está clara: hay que seguir mejorando para competir contra los más grandes del continente. El Sevilla por entonces lo es. El arrebato hispalense consigue remontar el tanto inicial de Sturrigde (1-3) y alzar su quinta Europa League, tercera consecutiva. La Premier League será el mejor campo de pruebas para volver a la élite.


Objetivo Champions


La doctrina de Klopp empieza a calar en Liverpool: «El fútbol atractivo es energía, agresividad y velocidad. A otros les gusta más cómo juega el Barcelona. Consiste en pasar el balón y cambiar de banda una y otra vez, pero eso no corresponde con mi idea de la belleza en el fútbol», así hablaba el alemán justo antes de la final de Champions disputada en 2013 y en una temporada, la 2016/17  sin distracciones europeas más allá de las Copas inglesas, su corpus futbolístico empieza a asentarse. Para ello incorpora al Liverpool diferentes piezas que facilitaran la interpretación de la partitura. Así llegan Sadio Mané, Wijnaldum, Joel Matip y Karius, para apuntalar cada una de las líneas del equipo. Los reds logran el ansiado cuarto puesto por un solo punto de ventaja frente al Arsenal. En Liverpool volverán a oír los acordes de la Champions lo que asegura también el crecimiento del equipo no solo en lo deportivo, sino en lo económico.

Esa temporada el equipo se ha asentado sobre el liderazgo del tridente formado por Coutinho, Mané y Firmino. Entre los tres han sumado 37 de los 78 goles del equipo en Premier, casi la mitad de ellos. A ese tridente se une una pieza diferencial ese verano, en un movimiento magistral de la secretaría técnica red a Liverpool llega un tal Mohamed Salah. El egipcio que ha despuntado en la Roma tras varios años sin encontrar su sitio ni en el Chelsea, ni en la Fiorentina está ante la temporada de su explosión. Esta llega de la mano de Klopp que le otorga el contexto ideal para lucir.


La mejor delantera de Europa


Junto a Salah llegan también dos jugadores a los que Klopp pulirá hasta convertirlos en diferenciales y fundamentales en su esquema. Robertson en el lateral izquierdo y Oxlade Chamberlain como interior aportan ese extra de energía, entrega y fondo físico que necesita la Gegenpressing. Ahora sí, el técnico alemán puede aplicar casi todos los resortes de su estilo de juego. El Liverpool es feliz corriendo a la contra y su centro del campo ha perfeccionado el dónde, cuándo y cómo presionar. Cuando unos saltan los otros ya están iniciando la carrera. Los otros son Salah, Mané y Firmino, el tridente de Europa la pasada temporada, los rockeros del gol que alcanzaron entre los tres las 89 dianas en todas las competiciones.

Pero Klopp es consciente de que su equipo sigue resintiéndose atrás. La mandíbula de tiburón que tiene en la delantera se asienta sobre pies de barro, así lo demuestra la Premier donde no consigue situarse entre los cuatro primeros hasta la jornada 15. El golpe maestro llegará en el mercado de invierno cuando Jürgen da vía libre a Coutinho para marcharse a Barcelona. Su dinero se reinvierte en Virgil Van Dijk. Los 85 millones pagados por el central son cada día más baratos. Klopp encuentra en el holandés al líder que necesita para la retaguardia, el que ordena y manda a sus compañeros, un muro infranqueable en balones aéreos. Esa pieza termina de engrasar la maquinaria y el Liverpool tras pasar por encima de Oporto, Manchester City (líder y dominador absoluto de la Premier) y Roma se planta en la final de Kiev.

Una vez allí y con el cuarto puesto asegurado en Liga para volver al año que viene a la Champions, el Liverpool ya es una de las sensaciones de la temporada. Pero ni siquiera el propio Klopp podía esperar los tiros en el pie de su equipo. La lesión de Salah a los 20 minutos fue otra losa.


El anhelo de la Premier


Kiev dejó varias enseñanzas en la hoja de ruta de Klopp en Liverpool. La más evidente es que para instalarse en la élite se necesita un portero de élite. Así puso Alisson rumbo a Liverpool, previo pago de 62,5 millones de euros. El siguiente paso sería dotar al equipo de más variantes tácticas, de otros caminos para alcanzar la victoria, de planes alternativos. Con los fichajes de Naby Keïta, Fabinho y Shaquiri se ponía el énfasis en la sala de máquina. Con el brasileño se daba una vuelta de tuerca en la presión y en la salida del balón, mientras que con Keïta y con Shaquiri se daban pasos adelante a la hora de ser protagonistas con el balón para encontrar rendijas en unas defensas que cada vez les cerraban más la puerta a los reds.

El salto de calidad se vio reforzado además por la permanencia en el equipo del tridente ofensivo. Aunque este ha demostrado estar menos inspirado que el año pasado, sobre todo Salah. No obstante el Liverpool de esta temporada no es solo un equipo que ejecuta como nadie la presión adelantada o que monta un contragolpe en  dos toques, ahora es capaz de asentarse también en campo contrario, mover el balón con velocidad y acelerar las jugadas cuando el balón llega a los dominios de Mané o Salah. Los laterales también han dado un paso adelante para convertirse en extremos que alcanzan el último tercio del campo cuando el tridente ocupa posiciones interiores. El Liverpool ya no es solo Gegenpressing. Y así han sido capaces de disputar la Premier a un Manchester City voraz a 38 jornadas.

Este Liverpool que a estas alturas con 94 puntos sería campeón en 25 de las 27 Premier Leagues disputadas es también el mejor segundo de la historia en el campeonato inglés a falta de un partido. Ese era el objetivo de la temporada para el club, aficionados y jugadores, después de que la entidad lleve 29 años sin levantar una Premier. Ocurre que el equipazo de Klopp, pura energía y repleto de hambre de victorias, han firmado otra Champions League para enmarcar. Después de un comienzo titubeante en fase de grupos, han saldado cada una de las eliminatorias con bofetadas al rival, con goleadas al Bayern de Munich y al Oporto a domicilio y con la heroica remontada de anoche ante el Barcelona, sin tres de sus piezas diferenciales: Keïta, y sobre todo, Salah y Firmino.

La camiseta elegida anoche por el egipcio ya era todo un aviso a los culés. Never give up (No hay que rendirse) podía leerse en medio del júbilo que se desparramaba por el césped de Anfield ante una nueva final de Champions. La victoria también elevaba un poco más el listón del Liverpool de Klopp, que desde que llegó a la ciudad bañada por el río Mersey no sabe lo que es perder una eliminatoria europea. A la tercera espera Klopp que vaya la vencida. Será el 1 de junio y en Madrid cuando Klopp opte por tercera vez a levantar la Orejona. Eso le catapultaría directamente al Olimpo Red, allí donde residen para siempre los Shankly, Paisley, Flagan, Dalglish y Benítez. Y de paso cumpliría con la promesa que hizo hace cuatro años, en su presentación: «Debéis darnos tiempo para trabajar, pero cuando esté sentado aquí dentro de cuatro años creo que habremos ganado al menos un título. Si no lo hemos hecho, el próximo que gane será dirigiendo en Suiza». El milagro puede llegar justo a tiempo.

 

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