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La desesperación de Guardiola

El City es un transatlántico que no retoma la velocidad crucero de anteriores campañas justo cuando el VAR acaba de aterrizar en las Islas Británicas.

Twice. ¡Twice! ¡Twiiice! ¡Twiiiiiiiice!» (Dos veces) Son gritos al aire en mitad de la tormenta de Anfield. Tormenta Red. Los pronuncia un Guardiola desaforado. A su equipo el Manchester City le acaban de escamotear un penalti, es el segundo según las cuentas del catalán y los citizens empiezan a perder la rueda del Liverpool que a esas alturas ya ganan 3-1. Los reds se escapan, nueve puntos por encima en la clasificación, y dejan a Pep y su equipo tiritando. Los 25 puntos de los Sky Blues suponen el peor inicio desde que Pep comanda ese barco. Un transatlántico que no retoma la velocidad crucero de anteriores campañas justo cuando el VAR acaba de aterrizar en las Islas Británicas.

La imagen a medio camino entre el drama y la comedia, nos muestran a un Guardiola visceral, humano y más políticamente incorrecto de lo que acostumbra. Queda claro que a todos nos molestan los pisotones, y que las injusticias las vemos del color con el que viste siempre nuestro equipo. Por eso Pep saltó como un resorte como pocas veces se la ha visto cuando Michael Oliver miró hacia otro lado en sendas manos de Alexander Arnold. Ni una ni otra pareció para señalar la pena máxima pero prueben a decir «no es para tanto», en el climax de una discusión. La reacción será parecida a la de Guardiola.

Las aireadas protestas, que se reproducen a lo largo de la batalla, con y sin penaltis de por medio culminaron con un irónico «Thank you so much» (muchísimas gracias). Es lo que le dijo Guardiola al trío arbitral encabezado por Michael Oliver, mientras estrechaba su mano con vehemencia. La cara era de pocos amigos. Los asistentes tampoco se libraron, ni del apretón de manos, ni de la mirada inquisitoria. Eran los daños colaterales del mal inicio de Premier del City. El equipo no ha perdido la fluidez en el juego, las ocasiones se siguen generando pero se ha evaporado la contundencia y la eficacia. Y eso en el cuarto año de Guardiola en un equipo pueden ser síntomas preocupantes.

El triplete de reacciones polémicas continuó en la sala de prensa. Es cierto que Pep despejó la pregunta en el flash interview: «Preguntadle a los árbitros, no a mi», pero en sala de prensa volvió a ser cuestionado por su actuación y su opinión sobre el trío arbitral: «Preguntad a ellos porque tengo que venir aquí a hablar siempre de los árbitros o del VAR. Llamad a su puerta o haced una llamada telefónica. Quizá ellos puedan responder mejor. No me preguntéis a mi, por favor». Sin embargo, Guardiola no aclaró si para él fueron penaltis las manos por partida doble de Alexander Arnold, «pudo ser o no». El de Santpedor felicitó también al Liverpool y terminó tirando un nuevo dardo a los responsables del VAR en la Premier League: «Sobre las decisiones del árbitro preguntad a los grandes jefes. Ellos lo entienden todo. No me preguntéis a mí».

Ante estas declaraciones son muchos los que han visto en su actuación una mourinhización de Pep, y el técnico portugués tampoco ha perdido la oportunidad de atizarle. «El City es demasiado bueno como para estar llorando toda la semana por un incidente. Deberían concentrarse en el partido y ver en qué pueden mejorar». De lloros sabe también bastante el portugués, tanto tiempo en la trinchera de enfrente. Aunque ahora el que sonríe es Jürgen Klopp, convertido ya en la Kriptonita de Pep.

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