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La exmujer maltratada de un futbolista: «Pude morir»

La exmujer de un jugador francés relata en L’Equipe el maltrato que sufrió incluso cuando estaba embarazada.

El diario L’Equipe ha publicado este lunes la terrible confesión de la exmujer maltratada de un futbolista que sigue en activo y que llegó a jugar en la Ligue1. Miriam, seudónimo que utiliza en el reportaje, asegura que lo que le hizo a ella también se lo hizo a otras mujeres. «Pude morir», confiesa.

«Cuando le conocí era adorable. Pero desde que empezamos a vivir juntos, vi que no era muy estable, sino realmente violento. Entonces comenzó a pegarme. Conmigo era muy celoso. No eran pequeñas bofetadas, sino puñetazos en el estómago, en la cara, en todas partes«, relata la mujer, quien señala que el dinero lo cambió todos: «Cambió mucho por el dinero. Se volvió más arrogante, no respetaba a nadie, se creía con licencia para todo. Cuando me veía llorar después de haberme pegado, se acercaba a mí, me pedía perdón y luego me obligaba a hacer el amor. Yo luchaba, pero pienso que eso le excitaba».

«En una ocasión perdí el conocimiento. Cuando lo recuperé, no podía respirar. En el hospital Salpêtrière, el enfermero lo entendía todo. Tenía muchos cardenales en el cuerpo. Los policías vinieron muchas veces a casa por las quejas de los vecinos y ellos me veían en mal estado», continúa. «Me hizo soportar tantas cosas… A día de hoy, me doy cuenta de que pude morir».

Las agresiones no pararon ni cuando ella estaba embarazada: «Me embistió y empezó a darme una paliza. Vas a matar al niño. Él contestaba: ‘Me da igual. Ese no es mi hijo».

La obsesión del agresor le llevó a impedir que ella trabajara y a poner problemas para que viera a sus amigas: «Además, dependía de él económicamente, porque él se negaba a que yo trabajara. Mis amigas me llamaban para verme y él pensaba que querían presentarme a un chico. Estaba paranoico. Ya no tenía amigos. De hecho, con estos hombres tienes muchos regalos, pero no eres feliz porque te aíslan, te encierran. Y después de los golpes, lo niegan todo. Pude morir».

Sin embargo, esta conducta violenta no se reflejaba hacia el exterior: «Sus entrenadores y compañeros de equipo nunca vieron su comportamiento violento, porque, hacia el exterior, el ‘señor’ era reservado y tímido».

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