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Melanie Thierry, como Marguerite Duras.

Literatura

La francesa que siempre soñaba

Marguerite Duras vuelve a estar de actualidad con el estreno de París 1944, película protagonizada por Melanie Thierry basada en la novela El dolor.

Marguerite Germaine Donnadieu nació en Saigón a mediados de la primera década del Siglo XX, trascurriendo allí su infancia y adolescencia. De origen francés regresa a París, y estudia Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas. Se casa y tiene un hijo que fallecerá, involucrándose en la lucha contra el invasor alemán en la II Guerra Mundial y participando activamente en la pelea contra los nazis. Le tenderán una emboscada de la que logra escapar ayudada por François Mitterrand, pero su marido será apresado y enviado al campo de concentración de Dachau. A partir de ahí mantendrá una turbia relación con un agente al servicio de las SS para obtener información sobre su paradero, simultaneando una relación amorosa con un jefe de la Resistencia y excompañeros de su marido.

Interesante y novelesco ¿no? Pues a todo esto hay que añadir un talento descomunal para la literatura. Hablamos de la genial escritora francesa Marguerite Duras. Y es que Duras vuelve a estar de actualidad con el estreno de París 1944, película protagonizada por Melanie Thierry que está basada en una novela de la autora francesa titulada El dolor, donde narra la angustia de Margarite intentando obtener noticias de su marido Robert Antelme. Historia llena de claroscuros, nunca se llegó a aclarar suficientemente bien lo que llegó a tener que hacer Marguerite Duras en pos de salvar a su esposo y los objetivos, algunos de ellos no demasiado éticos, de su presunto colaboracionismo. Pero, como es habitual en Francia con sus figuras más señeras, la respetabilidad y prestigio de la escritora en el país vecino es brutal, y se considera a Duras como uno de los mayores iconos de la literatura gala. Porque Margarite Duras ha sido personaje y autora, siempre mezclando ficción y realidad.

Autora prolífica, escribió más de 40 novelas, trabajando también en producciones teatrales así como guiones de cine, llegando a dirigir un par de películas de escasa repercusión. Obteniendo una tardía y enorme gran repercusión internacional con la publicación a mediados de los 80’s de El Amante, donde reinventándose una serie de recuerdos de su adolescencia, firma un relato de tintes eróticos en la Indochina colonial. Porque en los libros teóricamente autobiográficos de la autora francesa nada es enteramente verdad ni completamente mentira, lo que quizás le hace todavía más interesante. Así, preguntada por alguna de las muchas biografías publicadas sobre ella, respondió con desdén: “Las biografías que se escriben sobre mí no me interesan para nada. Mis libros deberían bastar”.

Y es que Marguerite Duras manejó su imagen pública de una manera totalmente consciente y original, acercándose y alejándose de los medios de comunicación según su propio interés., manteniendo con ellos una extraña relación amor-odio y gustaba de cultivar una cierta imagen de mujer enigmática, como cuando contaba que aprendió a leer con Proust, o del placer que la producía leer a Rimbaud en mitad de la jungla de Indochina. Sumamente egoísta y con un narcisismo enfermizo, cuentan que una de las anécdotas que más gustaba de contar era que poco después de publicar El Amante, que debido a su éxito se había agotado en las librerías, un Rolls-Royce fue robado en la Costa Azul. En un lapso breve el dueño recobró el automóvil, pero se quejó amargamente de que su ejemplar de El Amante había desaparecido de la guantera. “Una novela mía es más codiciada que un Rolls. Está claro que por fin el público ha entendido mi escritura”.

Pero al margen de mitos y leyendas, lo que es cierto es que M. Duras sufrió graves problemas de carácter existencial. Se podría decir que su mundo interior fue mucho más atormentado que la imagen que gustaba de enseñar, así durante décadas tuvo graves problemas con el alcohol, teniendo que ser internada de urgencia demasiadas veces, aunque eso no la impidió seguir trabajando y escribiendo, ganando premios y reconocimiento. Porque como la propia Duras escribió en su archiconocida novela El amante, su vida “no tiene centro, ni camino, ni línea”. Es el talento de la soledad.

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