La genialidad a veces no es suficiente I Liga ACB I A La Contra
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Dylan Ennis I Foto Twitter @morabancandorra

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La genialidad a veces no es suficiente

La genialidad puntual acostumbra a desordenar a rivales y compañeros. Los sistemas ofensivos se desvanecen y la individualidad asoma por encima de ellos.

Una gran explosión individual, siempre que sea eficiente, allana el camino hacia la victoria; pero no la garantiza. Esto fue lo que ocurrió en la histórica actuación de Dylan Ennis, jugador de MoroBanc Andorra, en la derrota de su equipo ante el Baxi Manresa (77-82).

El canadiense firmó unos números nunca vistos en la historia del conjunto andorrano. Sus 36 puntos, con un 7/9 en tiros de 2, un 2/5 en triples y un impecable 16/17 en tiros libres, superaron los 34 que anotó Conner Henry en la temporada 1994-95. El canadiense completó su acierto en el lanzamiento con 5 rebotes, 3 asistencias, 2 robos y 12 faltas recibidas; que le valieron para lograr 48 créditos de valoración, también récord de su equipo.

Ennis desembarcó este verano en Andorra tras su efímero paso por el Tecnyconta Zaragoza, equipo al que llegó en abril y con el que disputó tan solo seis partidos.  En sus inicios, el base canadiense disputó seis temporadas en la NCAA (en una de ellas no pudo jugar), en las que jugó para tres universidades diferentes (Rice, Villanova y Oregon). La pasada campaña dio el salto al baloncesto serbio. Del humilde KK Mega Leks pasó al histórico Estrella Roja, para ejercer de suplente de Taylor Rochestie.

El equipo de Belgrado naufragó en la final de la Liga Adriática ante el Budcnost de Podgorica, lo que significó la no clasificación de los blanquirrojos para la presente Euroliga. El club serbio decidió prescindir de varios jugadores en abril. Dos de ellos, Ennis y Milko Bjelica, desembarcaron en la capital aragonesa. Ennis fue uno de los culpables de la salvación maña, firmando 15 puntos y 4 rebotes por partido. En verano, sus habilidades se mudaron al país pirenaico.

Tras cuatro jornadas de Liga Endesa, sus promedios alcanzan los 17 puntos por partido; una cifra que le coloca entre los máximos anotadores de la competición. El sábado apenas tuvo ayuda, ya que cerca de la mitad de los tantos de su equipo salieron de sus manos. Esta falta de ayuda por parte de sus compañeros no corresponde con la calidad que se les presupone, ni es algo habitual. La genialidad puntual acostumbra a desordenar a rivales y compañeros. Los sistemas ofensivos se desvanecen y la individualidad asoma por encima de ellos. El que mejor se maneje en el desconcierto acaba por imponerse, en este caso, el Manresa de Peñarroya.

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