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Ahmed Musa I CORDON PRESS

Mundial Rusia 2018

Ahmet Musa, el futbolista que puso su cara a tres mil paquetes de arroz

El delantero nigeriano es la gran amenaza a los sueños mundialistas de Argentina. La historia de Musa está marcada por el compromiso con su país, familia y amigos.

Ahmed Musa es un tipo peculiar. El héroe nigeriano al que, primero, se agarraron los argentinos para seguir vivos en el Mundial, ahora, se ha convertido en la gran amenaza albiceleste. “No me resulta difícil marcarle goles a Argentina”, dijo hace unos meses. De personalidad, el delantero del CSKA de Moscú va sobrado. Su historia está plagada de anécdotas excéntricas pero con una gran carga social, las de un futbolista que ha regresado a la liga rusa tras una etapa aciaga en el Leicester post campeón de Inglaterra. Un tipo diferente pero con un gran amor por su país.

Nacido en Jos, una ciudad del centro de Nigeria donde las luchas entre religiones han causado centenares de muertes, Ahmed Musa creció en el seno de una familia desestructurada, con cuatro hermanas y un padre polígamo que les abandonó de niños. Siempre con la amenaza de la extrema pobreza que azota al país africano. Hace tres años, compró un par de gasolineras a 500 kilómetros de su ciudad natal para ayudar a sus amigos de la infancia a escapar de la precariedad a la que estaban sometidos. El nombre de estas estaciones de servicios es el de Myca-7, la pronunciación de Musa en ruso y el número que le ha acompañado a lo largo de su carrera. Además, supuestamente, el delantero del CSKA de Moscú habría pagado las fianzas de varias decenas de sus conocidos del país, liberándolos de prisión a cambio de promesas de buen comportamiento.

En el último Ramadán, un mes especialmente duro en esta región de África, el futbolista nigeriano entregó más de tres mil paquetes de arroz a los ciudadanos de los estratos más bajos del país. Estos alimentos venían con la cara y el nombre de Musa, así como con una frase: “No se vende”, para burlar a las mafias locales que intentaran lucrarse a su costa. Aparte, contribuye frecuentemente con donativos económicos a escuelas y hospitales de Nigeria. La principal pasión de Ahmed Musa son los coches y en su garaje podemos encontrar un lujoso catálogo de Mercedes, BMW o Range Rover, la mayoría en sus versiones todoterreno.

La trayectoria futbolística del delantero nigeriano la encontramos en el país anfitrión del Mundial. O, al menos, los años más exitosos. Desde muy pronto, Musa comenzó a destacar en clubes de la liga nacional de Nigeria. Del continente africano dio el salto a Europa, al fútbol holandés con el VVV-Venlo. Tras dos temporadas en la Eredivise, en 2012 fichó por el CSKA de Moscú. En el equipo de la capital rusa estuvo cuatro años, en los que se convirtió en uno de los ídolos de la afición moscovita tras un comienzo muy pobre (2 goles en temporada y media). En ese tiempo, recibió la ayuda psicológica de su entrenador, y ex seleccionador de Rusia, Leonid Slutski, que confesó que tenía que “enseñarle a jugar y a decidir correctamente en cada momento”.

Musa no se rindió, escucho, aprendió y terminó explotando todo su futbol en el este de Europa. En 2016 fue una de las contrataciones estrella del flamante Leicester, campeón de la Premier, de Claudio Ranieri. Su paso por tierras inglesas no fue el deseado y este año regresó “con su familia del CSKA”, donde volvió a hacer lo que mejor sabe. Ahora, Ahmed Musa, el tipo que puso su cara a tres mil paquetes de arroz, se ha convertido en la gran obsesión de Jorge Sampaoli. Quién sabe si pasará de héroe a verdugo.

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