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Copa América

La historia interminable

La pregunta que surge tras el vacío de ver este partido es: ¿se puede jugar peor que la actual selección argentina?

Para quien no haya leído el famoso libro de Michael Ende ni haya visto el largometraje homónimo, La historia interminable narra la historia de Bastian, un niño que debe salvar a un reino, el de Fantasía y la única manera de lograrlo es no permitiendo que los hombres la olviden. El mundo de los humanos y Fantasía se enlazan así de una manera indivisible, de tal manera que el futuro de uno determinará el destino de otro. Si el niño no lo logra se irán todos los sueños e ilusiones, reinará la mentira y ambos mundos serán destruidos por la Nada. Cambiando “Bastian” por “Messi” y “Fantasía” por “fútbol argentino”, es más fácil entender que la selección argentina actual es “La Nada” misma como bien ilustra el dialogo final de la primera entrega cinematográfica entre el protagonista, Atreyu y su antagonista, G´mork:

—¿Por qué se está muriendo Fantasía entonces?
—Porque los hombres han empezado a perder sus esperanzas, y a olvidar sus sueños. Por eso la Nada avanza cada día más.
—¿Qué es la Nada?
—El vacío que queda, como una ciega desesperación que destruye este mundo.

Sirva este dialogo para ilustrar el deleznable debut de la selección argentina en la Copa América. Que en dos décadas se haya pasado de un medio del campo con Redondo, Simeone, Verón y Gallardo a uno con Paredes, Rodríguez y Lo Celso confirma, sin duda, que Fantasía se está muriendo y ni Bastian Messi la podrá salvar.

La pregunta que surge tras el vacío de ver este partido es: ¿se puede jugar peor que la actual selección argentina? La excusa de ser “una selección en formación” no sirve para explicar por qué ni un solo jugador de la albiceleste es capaz de hacer un pase decente a Messi. Y que se vuelva a lo de siempre: que si ÉL no aparece y se queda desconectado, no hay solución. Es La Nada. Los nuevos pueden justificarse por su inexperiencia, incluido el seleccionador Scaloni que pretendió empatar el partido sin un 9, acaso inspirado por Don Honesto en la final de Copa y con resultado similar. Otros, como Agüero, que se había quejado de no haber sido titular en casi ningún torneo grande en esta década, anoche solo confirmó el porqué. Los goles al Wolverhampton y al Huddersfield de turno solo sirven para tapar años de sobrevaloración. Jamás un gol importante con su selección. Nunca decisivo en un partido de Champions. ¿Y qué decir de Di María? Que tuvo su momento… hace un lustro. ¿Palos para Messi? Por supuesto: por no haber cumplido su amenaza y volver a repetir la pesadilla de esta historia interminable. Por supuesto, la única ocasión clara de Argentina fue suya con un cabezazo tras un rechace de Ospina.

Colombia con un poco más intensidad, una buena presión y una simple solidez defensiva tuvo suficiente para llevar todo el tiempo el peso del partido, como se espera de un serio candidato al título. A 15 minutos del final, James hizo un cambio de juego para que Roger Martínez clavase un derechazo y certificase que Fantasía está muriendo. Zapata hizo más añicos lo poco que le quedaba. Casi como hace un año, Argentina volverá a sufrir para clasificarse porque ya no es candidato a nada: es LA NADA misma.

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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