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Barcelona

La maldición del 14

Si ya se intuía que las bajas de Xavi e Iniesta eran un síntoma, el medio del campo de hoy era el certificado de defunción del modelo de juego más exitoso de la historia del club: Rakitic-Sergi Roberto-Vidal.

Los culés defensores de las esencias futbolísticas llegaban con una pequeña sonrisa al Camp Nou al haber visto antes de salir de casa como el “archienemigo” Mourinho se hundía en la parte baja de la clasificación de la Premier. Para quien impidió una Champions blaugrana en el Bernabéu sí habrá rencor que dure 100 años. Además, el rival parecía el más adecuado para redondear la tarde: desde el 2004 el Athletic acumulaba 14 derrotas seguidas. CATORCE. La numerología nos dice que es el número del Maestro (Johann). Y el espíritu del guardián de las esencias se hizo presente en forma de maldición.

La llegada al estadio se acompañaba en la megafonía con Highway to Hell como banda sonora. Y no era una casualidad: la sonrisa inicial de los esencialistas comenzaba a torcerse al ver que la alienación (no hay error tipográfico) inicial de Don Honesto la hubiera firmado el de Setúbal con los ojos cerrados. Si ya se intuía hace tiempo que las bajas de Xavi e Iniesta eran un síntoma, el medio del campo de hoy era el certificado de defunción del modelo de juego más exitoso de la historia del club: un Rakitic-Sergi Roberto-Arturo Vidal no es otra cosa que el reverso tenebroso de un Busquets-Xavi-Iniesta. La antítesis de la creatividad no gustó al 14, que maldijo la decisión.

Quizá Don Honesto piense que ese centro del campo también sea un accidente. Pero que Arturo Vidal sea la primera opción de relevo para el medio en detrimento de Arthur o Dennis Suarez nos haga entender por qué Paulinho disfrutó de tantos minutos la temporada pasada. O tal vez eso también fue un accidente. Que Malcom, uno de los que más ilusionó en la temporada, solo lleve 26 minutos jugados en liga sin duda es otro accidente más.

Así que bajo la maldición del 14, consistente en la imposibilidad de jugar al fútbol sin centro del campo, a nadie le extrañó que el Athletic se plantase en el Camp Nou como su historia requiere. A nadie le extraño que Williams le ganase una carrera a Piqué que a punto estuvo de acabar en gol. A nadie le extrañó que el Barcelona tirase UNA vez a puerta en la primera parte. Y a nadie le extrañó que el Athletic se adelantase en el marcador con el ya habitual error en la salida de fuera de juego Piqué. Y, sin embargo, todos sabemos que el miércoles en Londres, jugarán Piqué y 10 más.

A todo esto, D10S descansaba en el banquillo. Resulta cuando menos curioso que, cuando por fin ha decidido tomarse unas vacaciones con su selección que le permitirán descansar casi un mes en el global de la temporada, el entrenador blaugrana decide que esta temporada sí va a incluirlo en las rotaciones. Por supuesto, la entrada al campo del mejor jugador de la historia fue capaz de revolucionar a un equipo muerto. De volver a chutar al palo (ni D10S se salva de la maldición). De ilusionar a la grada. De hacerle empatar. De que el equipo generase algo de juego. Incluso fue capaz de conseguir que Munir marcase un gol. Más no se le puede pedir. Porque la maldición del 14 es incluso más grande que él.

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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