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Reguilón, lamentándose de rodillas sobre el césped del Bernabéu I CORDON PRESS

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La muerte del emperador

Yo hubiese muerto con Marcelo de delantero, pero ya no queda lugar en el Madrid ni para el sálvese quien pueda

La muerte y sus clichés. Se nos pasaron muy rápido los días donde éramos eternos. Ante el Ajax, el Real Madrid pudo vivir los instantes más terroríficos de su historia actual, porque hacerse viejo o asomarnos a nuestra propia fecha de caducidad suele causarnos mucho desasosiego. Mientras la sangre llegaba al río por culpa de varios rebeldes con la causa muy clara y las piernas despejadas —hasta hace unas horas, desconocidos en la parcela internacional como el irreverente y magnífico Tadic— yo ya elaboraba mi nuevo once de gala de cara a los meses insufribles que nos quedan por delante: un Modric y diez Reguilones. Qué importante sería para el Madrid aplicarse una filosofía donde hubiese más planificación y se respondiese menos a la dictadura de los buenos recuerdos. Los de Zidane, los de Cristiano, los de Florentino… Como Luka, no diré nombres, haré aspavientos, porque los culpables ya tienen suficiente con tener que ponerse de rodillas e ir recogiendo del suelo las migas que sobran en forma de partidos intrascendentes para sobrevivir a un final de temporada que invita al suicidio colectivo. Yo hubiese muerto con Marcelo de delantero centro, pero ya no queda lugar en el Madrid ni para el sálvese quien pueda.

Solari mandó a la grada a Isco, porque no pudo mandarle a un bar. Mariano no cuenta en un equipo que no ve el gol ni por accidente. Odriozola desapareció hace tiempo del abanico de buenas posibilidades que ofrecía el banquillo, y todavía estoy investigando si nos dieron alguna subvención por fichar a Brahim y dejarlo en la estantería para que coja polvo y se oxide. Algo de responsabilidad debemos buscar en el entrenador argentino, con buena labia, mejor peinado, pero confundido y asustado por un papel protagonista que se encontró de repente porque pasaba por allí y no había nadie mejor para domar a los caballos. Y tenemos que hacerlo con la misma disciplina con la que señalamos con el dedo acusador a Lopetegui por no darle oportunidades a Vinicius. Seamos justos, o empezaremos la penitencia con el pie izquierdo.

Queda mucho tiempo por delante para lamerse las heridas, para asumir el fracaso y para poner a Dios por testigo de que nunca jamás se cometerán las mismas atrocidades, pero el bochornoso silencio de los que toman las decisiones importantes es algo que debe preocuparnos. Después está lo de Butragueño, que ojalá se aplicase el cuento, pero entiendo que siempre tiene que haber una marioneta que salga a leer la chuleta. 

Como en todo buen funeral, quiero decir unas palabras en memoria del difunto, ya que muchos se han dedicado durante los últimos cinco años a ponerse una venda en los ojos y a no reconocer una obra de dimensiones descomunales que, aunque pese, solo podía cincelar el Real Madrid. Tengamos la suficiente decencia para saber ser agradecidos y para despedir con honores a los artífices de los mejores años de nuestra vida, porque a esta hora de este día ya nos estamos arrepintiendo de haber convertido en costumbre algo del todo inusual e irrepetible.

La Champions se queda viuda. El Real Madrid no podrá aferrarse ya a su musa para salvar otro año nefasto en Liga, ni podrá esconder todas sus carencias debajo de la alfombra. Y dicho esto, ya que hemos cavado nuestra propia tumba en marzo, quizá nos merezcamos cargar con la maleta de Mourinho. Yo misma declaré que pedir su regreso era un ejercicio de nostalgia digno de estudio, pero ahora, prefiero un caos divertido o un par de bofetadas bien dadas, a la condescendencia o a la tiranía de unos pocos dentro de un vestuario que necesita carne fresca.

Me gustaría que el Madrid hubiese asumido ya el drama de su propio fin, porque si no, la ruptura sentimental con su pasado podría convertirse en una patología. Que el luto nos dejase una enseñanza de cara al verano sería la mejor noticia para todos. Ya lo avisó Robespierre:  “La muerte es el comienzo de la inmortalidad”.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

1 Comment

1 Comment

  1. Juan de Dios Luna Cijanes

    10/03/2019 at 02:35

    Felicitaciones Irene por tan buen artículo, como tidos los tuyos y los de esta página, primer artículo referente a este tema del Real Madrid que no dice el campeón de las últimas tres y cuatro de las últimas cinco.

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