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Música

“La música es tratar de ganar cuando perdiste”

La música es ese lenguaje universal que nos eriza la piel y Rodrigo Soler ha convertido “Amores bonsái” en la brújula que nos guía por este trayecto.

Cantautor, compositor, amante de los rockeros en nuestro idioma, de los canallas que tienen cosas que contar. Rodrigo Soler desembarcó en España para estar tres meses y se quedó ” a vivir ocho años”. Este segundo trabajo tiene mucho de España y mucho de Argentina porque “cuento muchas cosas vividas aquí. Cuando llegué mi música se influenció por el rock de aquí, los grupos y los sones de acá”. Cuando aterrizó por primera vez en España se “enganchó” a La Cabra Mecánica y a Ojos de Brujo y, por supuesto, a Sabina.

Amores bonsái es el segundo trabajo en solitario de este argentino que asume sin rubor que su primer disco Diletancia fue “como una investigación, un ver qué tal, quería ver cómo sonaba mi música con un grupo. Salieron cuatro canciones, gustaron y al final armamos el disco”. Componer es ” mi terapia, la música es tratar de ganar cuando perdiste”.

Entre trabajo y trabajo, Rodrigo se ha centrado en estudiar canto, en mejorar la voz para alcanzar nuevos registros, para sacarle mejor partido: “La idea es que la ejecución de las canciones no interfiera en la historia, que mi voz no perjudique a la canción, quiero contar mis historias, no aspiro a ser un gran cantante, quiero que la ejecución sea perfecta, con el mimo con el que trato las letras quiero ejecutarlas”. La historia, los sentimientos “te llegan por la voz, que es la que te eriza la piel”.

Rodrigo Soler quiere que le acompañes en este viaje, que te dejes llevar por lo heterogéneo que es a la hora de componer y a la hora de construir el mapa de viaje que es Amores bonsái. Viajar te abre la mente y escuchar otras músicas, investigar: “Provoca el mismo efecto, la música que nos acompaña a lo largo de nuestra vida nos construye y nos encanta probar cosas nuevas en el estudio”.

“El escenario te eriza la piel, pero también tocar sólo al piano, cantar y que el otro escuche es como una adrenalina sublime, pero crear en el estudio me fascina”. Cuando Rodrigo se encierra a componer “me escapo de esa mirada del que me va a leer o escuchar, me alejo de eso para intentar contar mi historia de la manera de más fiel, son dejarme influir por el otro. Al grabarla la sientes muy tuya, pero se termina de completar con la mirada del otro, cuando quien la escucha te dice lo que entiende, aunque yo la cuente de una manera y la interpretación del otro sea distinta; las dos son válidas”.

Rodrigo ha querido cuidar todos los detalles en Amores bonsái, por eso nos agarra de la mano y nos guía a la hora de escuchar las letras “las historias no están contadas ni colocadas por orden cronológico, pero es así como tienen que contar el viaje, después cada uno escoge sus favoritas y las escucha como quiere”.

Las canciones son como ese amigo que viene a pasar una temporada en tu casa, te conviertes en su anfitrión durante ese tiempo, le enseñas la ciudad, le llevas a los locales de moda, trasnocháis juntos, pero después de esa visita, toca seguir camino, charlar de vez en cuando, recordar los momentos vividos pero seguir viaje.

 

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