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Semedo, en un partido contra el Astaná en la Europa League
Semedo, con el Villarreal. REUTERS/Heino

Fútbol

La segunda oportunidad de Rubén Semedo

El portugués, que ha salido de prisión en libertad condicional, tendrá una ocasión de oro para reinsertarse en la sociedad con su cesión a la SD Huesca.

El caso de Rubén Semedo nos enseña que en esta vida hay cosas más dramáticas que perder una final de la Copa del Mundo. Que las heridas de una infancia dura no tienen porqué cerrarse ganando un Balón de Oro. Que en la cárcel hace más frío que en el banquillo. Y, sobre todo, que el fútbol, a veces, te puede dar una segunda oportunidad.

El defensa portugués está luchando por agarrar esa oportunidad y salir adelante. En febrero de este año ingresó en prisión, de forma preventiva, por delitos de homicidio en grado de tentativa, lesiones, detención ilegal, amenazas, tenencia ilícita de armas y robo con violencia. Cinco meses y 30.000 euros después, Semedo está de nuevo en libertad. Empezando de cero. La SD Huesca, recién ascendido a Primera, es el club que ha llamado a su puerta y, en la capital altoaragonesa, estará una temporada, cedido por el Villarreal.


La historia de Semedo es la de un niño de cinco años marcado por el encarcelamiento de su padre, un inmigrante de Cabo Verde. Su madre tuvo que cuidar sola de la familia, en uno de los barrios más conflictivos de Lisboa. El más joven de los dos hermanos se enamoró muy pronto de la pelota y fue escalando posiciones en torneos locales hasta llamar la atención de los ojeadores del Sporting de Portugal. Aunque antes de recalar en el conjunto verdiblanco tuvo que dejar el fútbol durante tres años por culpa de la situación económica de la familia, que no podía pagarle el transporte a los entrenamientos, y las malas influencias que ejercían sus amigos del barrio.

Cuando era jugador del filial lisboeta, en 2014, se ausentó de uno de los entrenamientos. Esta indisciplina le costó la apertura de un expediente por parte del club, así como una cesión al Reus Deportiu, que militaba en la Segunda B española. Natxo González, el entonces entrenador del equipo catalán, se sorprendió de como un futbolista del nivel de Semedo estaba jugando en una división tan baja. “En Reus me encontré una ciudad tranquila, era importante alejarme de las malas influencias”, reconoció el portugués.

Después de otra cesión, esta vez en el Vitoria Setúbal, se produjo su explosión definitiva en el fútbol de Portugal. El Sporting decidió renovarle y la selección Sub-21, de jugadores como Cancelo o Guedes, comenzó a incluirle en sus convocatorias. El futuro de Semedo era brillante, pero, de nuevo, polémicas con sus entrenadores y discusiones por las redes sociales empañaron su buen rendimiento en los terrenos de juego.

En ese momento entro en escena el Villarreal. Algo sorprendente porque es uno de los clubes que más preocupación pone en el carácter de los jugadores. El ‘Submarino Amarillo’ pagó 15 millones de euros por el central portugués. Probablemente seducidos por las palabras que le había dedicado su entrenador entonces, el veterano Jorge Jesús, que dijo que estaban ante “el futuro defensa de Portugal”. Lamentablemente para los groguets, todo lo que venía cocinándose durante la trayectoria vital de Semedo terminó por explotar en la Comunidad Valenciana.

El central con proyección que venía a reforzar la plantilla de Javi Calleja terminaría con un balance de lesiones musculares interminables y tres detenciones policiales. La primera, a finales de enero, cuando amenazó con un arma a varias personas en un club de alterne; la segunda, tras romper una botella de vidrio en la cabeza de un joven; la tercera, por atar, agredir y robar a un hombre en su propia casa. Un historial de presuntos delitos en un intervalo de tiempo muy breve que le costarían la entrada en prisión de forma preventiva.

En plena pretemporada, Semedo tendrá una ocasión de oro para reinsertarse en la sociedad. Lo hará en la máxima categoría del fútbol español, pasando de jugar en el patio de la cárcel de Picassent a estadios como el Camp Nou o el Santiago Bernabéu. Después de cinco meses a la sombra en los que ha tenido el tiempo para reflexionar por castigo, el central portugués dispondrá de una segunda oportunidad que, probablemente, otra persona en su misma situación no disfrutaría por el hecho de no ser futbolista. Todo dependerá de él.

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