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La Tomatina de Buñol.

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La Tomatina: cuate, aquí hay tomate

La fiesta tiene su origen en el año 1945 tras una pelea entre jóvenes que, cosas del destino, derivó en el lanzamiento de tomates de un puesto de verduras.

En televisión, en la radio, en los periódicos… hay una noticia que destaca y no deja de ser curiosa. Es el último miércoles del mes de agosto y, por lo tanto, ¡es la fiesta de La Tomatina! Resulta curioso que una noticia así sea protagonista absoluta del día, pero supongo que esto está en el ADN de este país, y es que en España nos gusta mucho la fiesta y el éxito está asegurado si esa fiesta mezcla una buena batalla —como decía Loquillo: “Para qué discutir, si puedes pelear…” -, y comida, si es de temporada mejor que mejor.

Esta fiesta del pueblo de Buñol (Valencia) tiene su origen en el año 1945 tras una pelea entre jóvenes que, cosas del destino, derivó en el lanzamiento de tomates de un puesto de verduras. Esos mismos jóvenes, y ya de manera más amistosa, volvieron un año más tarde al mismo lugar y comenzaron a tirarse tomates hasta que la policía terminó con el juego.

Cada año se iba sumando más gente a esta lucha de tomates, hasta que en el año 1950 se prohibió la fiesta y varios de los jóvenes lanzadores fueron a la cárcel por alterar el orden público. Esto no gustó, y el apoyo del pueblo a los detenidos fue tan grande que se terminó corrigiendo la decisión, y año a año avanzó la fiesta a pesar de suspenderse en varias ediciones y de sancionarse la participación. De hecho, en 1957 se produjo una manifestación popular propició la aprobación por parte del ayuntamiento, que estableció unas normas de conducta. En 1980, el consistorio se hizo cargo de la organización y el fomento de la fiesta.

El día comienza a las 9 de la mañana en la plaza del pueblo. Más de 20.000 personas de todas las nacionalidades se preparan para lanzarse 145.000 kilos de tomates. Antes del inicio de la batalla se prepara una cucaña. Los que tengáis pueblo sabréis lo que es; para los que no, sólo dos pistas: un palo y un jamón.

A las 11:00 llega lo bueno y se da el pistoletazo de salida. Los camiones cargados de tomates descargan su mercancía y empieza la guerra hasta que el reloj marca el mediodía. Los lanzamientos concluyen con un segundo disparo que deja todo bañado de jugo de tomate, algo que los buñuolenses consideran muy beneficioso: el tomate actúa como purificador que desintoxica la piel y las calles.

Es curioso cómo nacen las cosas y como de una fiesta popular se ha creado una marca: La Tomatina. Una marca registrada por el Ayuntamiento de Buñol que genera una enorme riqueza en la zona y es estandarte fuera de nuestras fronteras de la marca España. Miles de extranjeros vienen a España sólo por disfrutar del festejo, un reclamo en las agencias de viajes.

La Tomatina es un enorme negocio y no solo turístico. Gracias a la publicidad, en Buñol se viven de vez en cuando réplicas de La Tomatina que luego se utilizan en anuncios. En la India son muy fans desde que se rodó allí un gran éxito de Bollywood.
Empresas como Disney incluyeron La Tomatina en uno de sus célebres cortos protagonizado por el mismísimo Mickey Mouse. En 2015, Google filmó La Tomatina con el coche de Google Street View, que dio dos pasadas por el recorrido, una antes y otra en plena celebración. Después se colgaron las imágenes en su aplicación y se rindió homenaje a la fiesta con una curiosa animación con las letras de su logotipo, el famoso doodle.

La Tomatina se ha convertido en un gran producto de marketing, y sí, también es un gran producto de patrocino. Las marcas no solo utilizan el deporte, la música, la cultura, etc… para enganchar a sus consumidores. También las fiestas populares son una forma extraordinaria de llegar a ellos de una manera relevante, siempre y cuando se haga con sentido y aportando a la fiesta.
La Tomatina tiene una enorme cobertura mediática nacional e internacional, con cobertura mediática de más ciento quince países.

Este año, hasta doce patrocinadores ha tenido La Tomatina, y han sido de todo tipo, institucionales, comprometidas con la fiesta, pequeñas marcas y también grandes, como KIA, la marca del gran Rafa Nadal. Patrocinios que pueden llegar a tener un coste de 100.000 € y que están sustentados detrás de una gran marca. Como se diría en una gran frase de la publicidad española: “Cuate, aquí hay tomate”.

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