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Las llamas de Notre Dame también queman el deporte

Un monumento de la magnitud de Notre Dame ha afectado a lo largo de sus ocho siglos de historia a todos los ámbitos de la sociedad. El deporte no es una excepción.

Ocho siglos de historia que resistieron a guerras, marchas e insurrecciones estuvieron al borde de la extinción por culpa de un devastador incendio. Unas llamas que hicieron que cinco continentes tuviesen el corazón en un puño. La emblemática catedral de Notre Dame recibe todos los años a más de catorce millones de turistas. Católicos y no católicos, pues el tiempo la ha convertido en un patrimonio de la humanidad. El monumento ubicado en la isla parisina de Cité, protegido por las aguas del Sena, es uno de los grandes iconos del arte gótico y de la civilización europea.

Afortunadamente, la estructura del edificio está salvada, al igual que las obras de arte más distintivas del interior. El proceso de reconstrucción de Notre Dame se centrará mayormente en las dos terceras partes de la techumbre que se quemaron. Por escasez de fondos económicos no será, porque François Pinault, propietario del Stade Rennais e integrante de la sexta familia con mayor fortuna de Francia, ha donado cien millones de euros para financiar los trabajos de restablecimiento. El Paris Saint Germain también ha anunciado que llevarán a cabo un programa de iniciativas entre los aficionados e integrantes del club para recaudar dinero y ayudar en la reparación de la catedral. Desde que el fuego comenzara a abrirse paso el lunes por la tarde, una oleada de solidaridad internacional se ha volcado con Notre Dame.


El mundo del deporte tampoco se ha mostrado indiferente. Zinedine Zidane, uno de los grandes emblemas en la historia del fútbol francés, se refirió al incendio en la rueda de prensa posterior al empate liguero entre el Leganés y su Real Madrid: “Lo de París… qué te voy a decir. Como siempre, cuando pasa algo así en todo el mundo. Hoy es en París. Es complicado, es complicado. No se lo deseo a nadie este tipo de cosas. Ahora espero, pero no lo sé porque estábamos entrando cuando nos los dijeron, que no haya víctimas”. La gran esperanza del balompié galo, Kylian Mbappé, parisino de nacimiento y futbolista del PSG, expresó su tristeza en las redes sociales. Su compañero de ataque, Neymar Jr, también mandó fuerza, al igual que otros muchos deportistas de talla mundial como Paul Pogba, Franck Ribery o Rafa Nadal.




El delantero del Espanyol, Borja Iglesias, presenció en directo el incendio mientras paseaba en barco junto a su pareja por el río Sena. “Impotencia de ver cómo arde un edificio tan bonito y con tanta historia a escasos metros de ti y no puedes hacer nada. Increíble. Estábamos en un barco justo al lado, pero estamos bien”, escribió en su Instagram. Un monumento de la magnitud de Notre Dame ha afectado a lo largo de sus ocho siglos de historia a todos los ámbitos de la sociedad. El deporte no es una excepción. La preservación de la estructura del edificio permitirá a los amantes del ciclismo seguir disfrutando de la magnífica estampa que protagoniza el pelotón del Tour de Francia a su paso por la capital gala. Alberto Contador sabe de primera mano lo mágico que puede llegar a ser ese momento.


París es la segunda urbe más visitada de Europa y la quinta del mundo, según un estudio de Euromonitor International. La ciudad de la luz y el amor recibe la visita de aproximadamente diecisiete millones de turistas al año. Los rincones a conocer se cuentan por infinitos: la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, el río Sena, el museo del Louvre… Todos forjan el espíritu de la capital francesa, pero ninguno es comparable a Notre Dame. La catedral construida entre 1163 y 1345 es el monumento más visitado de París con una diferencia abismal sobre el resto. Es más, no sólo de París, sino de toda Francia. La magnitud de Notre Dame se refleja en que todos los años recibe el doble de visitas, catorce millones de personas, que la Torre Eiffel, siete millones. Según la OMT (Organización Mundial del Turismo), también supera ampliamente a los nueve millones de la Gran Muralla China, los siete y medio de la Opera de Sidney, los seis del Lincoln Memorial de Washington o los cinco del Coliseo romano.

La presencia, tradición y popularidad de Notre Dame la han convertido en un lugar único para presumir de ciudad y de país. La antorcha olímpica cruzó la legendaria catedral en su camino a los Olimpiadas de Pekín; el presidente del COI (Comité Olímpico Internacional), Thomas Bach, posó delante del monumento gótico una vez se confirmó que París acogería los Juegos Olímpicos de 2024; Super Víctor, la mascota oficial de la Eurocopa 2016 de Francia, también se fotografió frente a Notre Dame.

De las llamas que devastaron la catedral más emblemática del planeta tampoco se ha librado el deporte.

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