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Marco Asensio I CORDON PRESS

Real Madrid

Las otras renuncias de Asensio

Puede que todo sea una pose, y ese despeje dialéctico de la presión sea solo una espinillera para evitar lesiones mayores.

No es la primera vez que Asensio renuncia a algo. Y esa insistencia tiene que tener un sentido. Puede que todo sea una pose, y ese despeje dialéctico de la presión sea solo una espinillera para evitar lesiones mayores. El problema es que detrás de ese “No soy yo el que tiene que tirar del carro” haya una convicción real, una reflexión pausada, una espera inapropiada en un joven de 22 años. Porque a esa edad uno solo quiere comerse el mundo, quemar Madrid a base de golazos, que las victorias lleven tu apellido. Precisamente para dejar atrás eso que Asensio transmite con orgullo: ser un meritorio. La afición hace tiempo que espera un ascenso, aunque Marco prefiera seguir alimentando su Ferrari, perdón Audi, con gasoil.

“A veces se crean muchas expectativas: ‘en este partido tienes que marcar dos goles, tienes que hacer dos asistencias…’ Entonces, cuando te metes todo eso en la cabeza, es cuando no salen las cosas. Por experiencia, sé que cuando mejor me salen las cosas es cuando he salido a disfrutar, cuando no pienso en nada y solo me dedico a jugar a fútbol y a hacer sobre el campo lo que me han dicho que haga”, así se refería Marco a las expectativas y a la naturalidad para llevarlas a cuesta en la Revista Panenka hace un par de meses. Justo al inicio de una temporada que debía asentar al mallorquín en el once titular. El equipo había perdido a Cristiano Ronaldo este verano y a Marco se le abría el carril izquierdo como una autopista. 15 partidos después y con solo dos goles en su haber el 20 blanco ha perdido incluso su status de titular.

“He sido muy consciente desde pequeño que era un jugador especial, me subían a equipos de mayor categoría, acostumbrado a jugar con chicos mayores que yo, de hasta cuatro años incluso. Algún entrenador me llegó a decir que tenía condiciones para llegar a la élite”, le explicaba Asensio a Valdano en su particular Universo de Bein. Marco lo cuenta con una naturalidad desbordante, con ese aplomo de quien ha sido hermano pequeño y ha desarrollado desde su más tierna infancia el instinto de supervivencia. Marco tenía que trasladar al terreno de juego el ingenio para equiparse con los mayores, cuando la fuerza y el tamaño no suelen ser tus aliados, y la habilidad crece a borbotones. Una vez equiparado en fuerza, tamaño y habilidad, a Marco parece fallarle la cabeza.

“No hagas caso a lo que dicen fuera y céntrate en mejorar”, advertía Zidane a Marco Asensio cada vez que el entrenador francés detectaba que los elogios se multiplicaban y podían confundir al joven futbolista. Desde el interior de la caseta el que fuera ídolo de Marco también sabía estimular a su joven promesa: “Esa zurda solo la tiene Messi” le diría Zizou a Asensio tras verle golpear en sus primeros días en el primer equipo del Madrid. Aunque el mallorquín puntualizaría luego en El Larguero aquel halago: “dijo algo parecido aunque no exactamente así”. En cualquier caso, haría bien Marco en plantarse delante de ese póster que colgaba en su habitación de Son Ferrer y recordar el mensaje del entrenador francés, aplicable también a cuando vienen mal dadas.

“Si tu nivel está por encima de los demás puede que al entrenador le resulte más complicado corregirte a ti”, le preguntaron a Marco en otra entrevista. “Bueno, pero si tienes más nivel, se te puede exigir más”, contestó el delantero del Real Madrid. En esa convicción, compartida por gran parte del público y la crítica futbolera, radica ahora la sorpresa ante sus últimas declaraciones, en las que al quitarse cierta responsabilidad resta también exigencia ante futuras actuaciones. No es la primera vez que Asensio se pelea con la ambición: “A veces cuando doy dos asistencias o marco dos goles ya me conformo y pienso que ya he hecho mi partido”, explicaba  el mallorquín, “y ya han sido varios los entrenadores y gente de fútbol que me ha dicho que tengo que ser más ambicioso. Si marco dos goles tengo que marcar tres”. Acto seguido Valdano le pregunta si se ve capacitado para hacer eso y Marco contesta sin dudar: “Sí, estoy trabajando para ello”. No olvidemos en cualquier caso que hablamos de un jugador que comenzó su andadura en el Real Madrid marcando en una final de Supercopa al Barça y terminó esa temporada marcando en toda una final de Champions League. Nada hacía entonces pensar que Asensio pudiera detenerse en un escalón intermedio de esa escalera que le conducía hasta lo más alto. Quizá sea solo un respiro.

Porque alguien predestinado a trascender en el fútbol desde su nombre (en honor a Van Basten) no debería perder un tren donde le han aligerado la carga, en un club como el Real Madrid donde se han tirado abajo fichajes para que no torpedearan su progresión, y en un momento donde la entidad blanca necesita nuevos héroes para realizar las hazañas del mañana. Pocos con más cualidades y características como las de Marco, en el lugar y el momento adecuado, ante la oportunidad que solo se les presenta a los elegidos. El mismo en el que Raúl, antes incluso de que naciera Asensio, le dijo a Valdano aquello de que “si quiere ganar, póngame”. El 7 blanco tenía entonces 17 años. Una señal más de que el tiempo vuela, Marco.

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