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Periodismo

Las tragaderas

Se celebra un torneo de póker y somos afortunados: «Hay posibilidad de entrevistas individuales con Neymar y Piqué, los medios interesados deberán pasar las preguntas previamente…».

Asunto: Rueda de prensa y posibles entrevistas: Sergio García, Neymar Jr y Gerard Piqué se enfrentan en un torneo de poker benéfico». Lo leo en la bandeja de entrada del correo electrónico. ¡Coño!, exclamo, ingenua de mí. Hasta que releo de nuevo la frase «posibles entrevistas» y entro en el contenido de la invitación, que dice, textualmente en el último párrafo: «Hay posibilidad de entrevistas individuales con Neymar y Piqué, los medios interesados deberán pasar las preguntas previamente, al igual que el nombre de la persona y medio para el que realizará dicha entrevista. En el caso de Neymar Jr, las preguntas no podrán ser sobre la Copa del Mundo, tendrán que estar centradas en el póker y en la nueva temporada con el PSG». Perfecto. Estoy deseando ir, vamos.

Enviar las preguntas por adelantado para realizar una entrevista se está convirtiendo en una práctica cada vez más común —y ya no hablo solo del periodismo deportivo— con lo que el espíritu, la intención, el objetivo de la entrevista en sí queda totalmente pervertido y anulado. Si no se puede preguntar lo que se quiera que no lo llamen entrevista, sino acto de promoción. Y los medios de comunicación, que bastantes problemas tienen para subsistir y que han diezmado sus redacciones con ERES salvajes, deberían cobrar por darles publicidad gratis, porque eso es lo que es. Ni más, ni menos. En este caso al torneo de poker de las narices.

Lo que pueda opinar Neymar sobre el poker no me interesa en absoluto. Y dudo que a los aficionados al fútbol, los seguidores, los fans del brasileño —aunque hay gente pa tó— gasten cinco minutos de su vida en unas declaraciones en las que imagino que él dirá que se lo pasa pipa jugando a las cartas con la gorra al revés. Lástima que no hayan dejado ni siquiera el ventanuco abierto del Mundial, aunque ya quede lejísimos. Porque sería entretenido. Por ejemplo: ¿Cuántas vueltas cree que llegó a dar sobre el césped en los campos de Rusia? ¿Ha visto los memes donde se le ve rodando por una ladera, atravesando una autopista y cayendo en una piscina? ¿Y los vídeos de niños haciendo la croqueta burlándose de usted? ¿Y los de dos jugadores de tenis en un torneo de exhibición en Wimbledon imitándole como si les hubiera dado un ataque epiléptico? ¿Le ha dado un poco de vergüenza? Claro que, precisamente supongo que es por eso que no se le puede ni mentar el Mundial.

Hace años, cuando trabajaba en una redacción, le pedí a mi jefe que no me enviara más a supuestas entrevistas promocionales porque era una pérdida de tiempo, me ponía de muy mala leche y ni el periódico ni yo íbamos a sacar nada en claro. Que era una gilipollez, vamos. Fue después de hacer unas cuantas. Como una de Ronaldinho que presentaba un videojuego y había un señor con un cronómetro al lado y que encima me interrumpía cuando le preguntaba por otra cosa que no fuera el videojuego. Como Ronaldinho era un tipo bastante simpático terminamos pasando del cronómetro —dos minutos, tampoco se crean— y del férreo marcaje del señor y todavía le saque alguna frase potable.

En la que me planté fue en una de Thierry Henry, cuya marca deportiva nos había convocado para una entrevista en un hotel de Barcelona «en exclusiva». Por supuesto, no sólo no era exclusiva, sino que ni siquiera estaba yo sola durante la misma y la compartí con un redactor del Sport tan sorprendido como yo. Claro que a aquello tampoco se le podía llamar entrevista, porque había otro señor con todas las botas con las que el francés había marcado goles importantes y había que preguntarle, atención, por las botas. Te-lo-ju-ro. Al minuto me salté las reglas a la torera mientras el del Sport me miraba con cara de «se ha vuelto loca», el señor me advertía que no me saliera del guion y Henry, como si estuviera en un plano superior y flotara por la habitación, no disimulaba su disgusto; entendí que le decía en francés al señor de las botas que yo era una maleducada.

Aguanté quince minutos en aquella sala del Hotel Princesa Sofía haciendo preguntas que a mí me interesaban sobre la Liga, la temporada, esas cositas, en fin. Cuestiones que no fueron contestadas mientras Henry seguía bufando, el señor no sabía cómo manejar la situación y mi compañero del Sport flipaba. Cuando por fin se acabó el tiempo de la supuesta entrevista, llamé al periódico y le dije a mi jefe: «Lo que tengo es una mierda y te pediría por favor que no me vuelvas a enviar a esto», cosa que hizo y le agradecí.

Ayer leí en un diario que el torneo de póker que se celebra en Barcelona fue un exitazo absoluto en la anterior edición. Se alcanzaron un total de 22.000 inscripciones y fue el mayor «evento presencial de la historia con un total de 4.557 entradas». Pues mira tú qué bien. Si les va tan estupendo no sé para qué nos necesitan. Y si nos necesitan, si nos ponen la zanahoria de Piqué, Neymar y Sergio García para aparecer así en todos los medios habidos y por haber y tener resonancia mundial que al menos dejen preguntar. Si no, lo suyo sería que cada medio les enviara sus tarifas de publicidad. Tanto por doble página, media, o tanto por un minuto en televisión o radio.

En algún momento habrá que decir un «hasta aquí», aunque tengo más esperanzas puestas en que me toque el Euromillón de una puñetera vez, la verdad. Porque las tragaderas parecen infinitas y hoy tendré que leer, ver y escuchar lo bien que se lo pasa Neymar jugando a las cartas.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

1 Comment

1 Comment

  1. Óscar

    26/08/2018 at 21:42

    Perfecta definición de » ética periodística «. Enhorabuena por el artículo

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