¡Síguenos!
Los jugadores europeos celebran jubilosos la victoria. CORDON PRESS

Tenis

Laver Cup y Actor’s Studio

En la tercera edición del torneo/exhibición, la teatralidad ha sido insoportable. No se entiende que los tenistas simulen alegrías y tristezas de Grand Slam.

Ustedes me van a disculpar, pero he asistido a la Laver Cup y a la victoria europea con la misma pasión con la que asisto a los combates de wrestling o a los anuncios de colonia; es decir, ninguna. No deja de sorprenderme que el tenis haya prescindido de una competición centenaria como la Copa Davis, donde la pasión era verdadera, y se haya inventado otra donde todo resulta irritablemente impostado. La primera vez que vimos jugar juntos a Nadal y Federer fue entrañable y si quieren hasta conmovedor. Era hermoso ver cómo se animaban los viejos enemigos, como se transformaban en cómplices. Ahora, sin embargo, en la tercera edición del torneo/exhibición, la teatralidad es insoportable. Tengo para mí que la Laver Cup es una excusa para que los tenistas pasen un fin de semana en modo amigotes, cosa muy respetable y hasta recomendable semestralmente. Si la razón no es divertirse, sino algo más profundo como estrechar relaciones y sentirse equipo, propongo un fin de semana en un Parador, quizá el de Gredos, y que alguno lleve un Risk.

Pero hacer pasar una competición insustancial y descafeinada que no reparte puntos por la Ryder Cup del tenis me parece un tocomocho que ya nos pilla mayorcitos. Valoro, eso sí, lo que tiene de espectáculo televisivo que nos permite escuchar a los jugadores y a sus compañeros cada vez que se sientan a tomar un respiro. Es posible que eso sea un anuncio de lo que nos espera en poco tiempo, cuando los jugadores puedan estar acompañados de sus entrenadores.

También acepto el guiño nostálgico. Recuperar a Borg y McEnroe como rivales, aunque sea con pantalón largo, es un bonito detalle con la historia del tenis (lástima que Kyrgios le robara casi todos los planos a Big Mac). Pero hasta aquí tolero la novedad. La pista color ceniza me parece una aberración oftalmológica, aunque no tan irritante como la sobreactuación emocional de los jugadores. Eso es lo que me mata. No hacía falta tanto Actor’s Studio. El torneo que se inventó Federer necesitará años para cuajar, si es que cuaja alguna vez. Pero no se pueden acelerar los plazos, por mucho que los tenistas simulen alegrías y tristezas de Grand Slam. No cuela.

La Copa Davis nació en 1900 como un desafío casi romántico entre las dos potencias del tenis, representadas por británicos y estadounidenses. Luego se abrió a Australia y después al mundo. Pero hicieron falta décadas de rivalidad para otorgar solera al torneo. La Ryder surgió con motivaciones similares en 1927 y evolucionó de modo parecido. La historia es lo que les da importancia. La Laver Cup es todavía una ocurrencia de recorrido incierto. Es importante tener claro que no reparte gloria, sólo dinero. ¿Dije sólo?

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Tenis

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies