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Música

Leiva, estrella de los tejados

Cuando al final del concierto se quita la camisa y sale a pecho descubierto con su guitarra, no deja de ser una metáfora de lo que es su concierto, su música.

Un concierto de Leiva, junto al mar y soplando el levante, era imposible que fallara, y no lo hizo. El pasado sábado en Fuengirola Leiva deleitó a miles de entregados seguidores en uno de esos conciertos al aire libre que consiguen tener un ambiente íntimo, alternando éxitos antiguos con los de su último disco Nuclear que incluye temas tan potentes como Lobos, y alternando también baladas como No te preocupes por mí con un rock interpretado genuinamente por una banda muy completa.

A la guitarra rítmica, lo acompañaba su hermano Juan, de Sidecars, mientras que Leiva llevaba el peso de la interpretación. Yo tenía las entradas compradas hacía meses y dudaba de la edad media de los asistentes, que intuía joven en exceso, pero Leiva, a sus casi 40, ha logrado cautivar a gente de mi generación con letras de amor desgarrado, con un estoy loco por ti, o te adoro pero tenemos que dejarlo, porque el amor lo es todo en Leiva, para lo bueno y para lo malo y no pasa desapercibido, porque si de repente, cuando explotas, vieses más allá, no habría nada que nos pudiera parar y cuando al final del concierto se quita la camisa y sale a pecho descubierto con su guitarra, no deja de ser una metáfora de lo que es su concierto, su música, que no es otra cosa que el acto de desnudarse delante de su público, y mostrarse una y otra vez en su desnudez, en su fragilidad como una persona vulnerable que no es mejor que tú ni que yo, solo un hombre que no esconde nada, que dice hazlo, como si ya no te jugaras nada, como si fueras a morir mañana.

Leiva es la grandeza de las cosas que trascienden en el tiempo y que se han dado siempre y que siempre se darán entre la gente, la grandeza de un universo en llamas mezclado con la cotidianeidad de la lluvia en los zapatos, aunque no te preocupes por mí, por un momento crucé al otro lado y luché con esas bestias gigantes pero era grande la sensación de vértigo constante y no quiero dejar de mostrártela tal y como es, porque a eso he venido, y las dos horas de concierto allí de pié, me parecieron cinco minutos, cinco frágiles minutos compartiendo todo, todo, todo, todo, una noche de levante junto al mar, con una estrella de los tejados, lo más rock & roll de por aquí.

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