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La Tribuna de Brian Clough

Líderes

El líder en el campo parece hoy una especie tan en peligro de extinción como el defensa escoba, un portero que no sepa jugar con los pies o un extremo pegado a la cal.

Apenas habían transcurrido unos minutos del partido cuando su equipo concedió el primer gol en contra. Contrariado, mira al césped y detiene la vista unos instantes en sus botas, pensativo. Alza la cabeza y mira hacia sus compañeros, solo para descubrir que prácticamente todos ellos están haciendo lo mismo, menos el portero y uno de los defensas que parecen tener una tímida, breve y casi silenciosa discusión sobre cuál de los dos es el culpable del gol recién encajado; como si importara. Con el rabillo del ojo ve que el entrenador está haciendo aspavientos desde la zona técnica, agitando los brazos, moviendo las manos, tocándose la sien. Ni él ni el resto de los jugadores parecen recibir un mensaje. Buscan, entre los once jugadores, a quien les resuelva la pregunta: ¿Cómo salimos de esto? Nadie tiene la respuesta, porque nadie es el líder del equipo

La escena puede verse prácticamente en cualquier partido de fútbol. Centrándonos en la liga inglesa, se vio claramente en la derrota del Tottenham ante el Brighton (3-0). El 1-0 llegó muy pronto, pero el Tottenham, mucho mejor equipo, no supo responder. Pese a ello posiblemente no haya un club en Europa que sea mejor ejemplo en la pérdida de los líderes del vestuario que el Arsenal. Allí estaba Tony Adams, un central clásico del fútbol inglés, de un fútbol de otra época, donde el alcohol estaba presente a diario y la planificación de alimentación consistía en elegir el restaurante en el que cenar. En el campo, Adams era uno de esos jugadores que no se daba por enterado si las cosas iban mal. Si el partido seguía en juego, aún se podía ganar. Si había que liderar la carga de la brigada ligera, el sería el primero de la fila. No pocas remontadas le tuvieron como protagonista. A Tony Adams le reemplazó como líder y capitán en el sentido más amplio de la palabra Patrick Viera. ¿Y tras él? Nadie. El Arsenal siempre ha tenido jugadores técnicamente irreprochables, pero ni Cesc, ni Ramsey, ni Ozil, ni Wilshere, ni Lacazzette son jugadores para, como diría Camacho, tirar del carro.

La falta de liderazgo es uno más entre los problemas del Manchester United, donde ya ni se espera que Pogba sea el faro del equipo. Era un club que contaba con lideres en todas sus líneas en sus mejores momentos, desde Schmeichel a Giggs, especialmente en la figura de Roy Keane, un tipo difícil si estaba en tu equipo, pero indispensable y exasperante si estaba en el equipo rival. Un ídolo o un dolor de muelas según los colores de cada aficionado.

El líder en el campo parece hoy una especie tan en peligro de extinción como el defensa escoba, un portero que no sepa jugar con los pies o un extremo pegado a la cal. Pero cuesta mucho encontrar equipos ganadores sin esa figura. No hablo de equipos que jueguen muy bien al fútbol o equipos que ganen muchos partidos, no. Se trata de esos equipos que, llegado el momento de la verdad, tienen un punto de competitividad adicional. Por eso la baja de Kompany en el City pesa más en el vestuario que en el campo y quizá eso explica por que fue una arrancada suya la que les dio el gol que valió el titulo de liga la pasada temporada. También eso explica la importancia de Ramos en el Real Madrid de hoy, el clásico jugador odiado por los rivales, pero al que siempre tendrías en tu equipo.

¿Por qué parecen extinguirse estas figuras? No hay una respuesta clara, aunque en la evolución general del fútbol actual, los jugadores son guiados en todo, desde su época mas joven. Entiendo que los clubes invierten tiempo y dinero en sus jugadores y no querrán lamentar situaciones como las de Gascoigne, un jugador que pudo ser mucho más de lo que fue y que se perdió por su falta de disciplina fuera del campo; pero tampoco se debe perder toda la espontaneidad, personalidad e inteligencia individual del jugador, las cosas que hacen de un buen jugador algo distinto a los demás.

Además, vivimos en una época en la que muchos equipos son la obra de autor de un entrenador y así nos referimos a los equipos identificándolo con el entrenador y no con los jugadores estrellas. El Liverpool de Klopp, el City de Guardiola, el Atlético del Cholo, el United de Ferguson o el Chelsea de Mourinho. Estos 2 últimos contaron con verdaderos jefes en el campo, incluso más de uno. Al caso ya mencionado de Roy Keane se le puede unir especialmente John Terry al Chelsea de Mourinho, un tipo también difícil de tragar para las aficiones rivales, pero a quien los hinchas del Chelsea llaman “Capitán, Líder, Leyenda”.

El equipo de Guardiola, quizá también el Atlético de Madrid, es la imagen viva del trabajo táctico y técnico llevado al límite. Vista la colección de triunfos del equipo, parece claro que el sistema funciona… hasta que deja de funcionar. Es en esos momentos en los que te meten un gol que te deja fuera de la Copa de Europa a 10 minutos del final del partido cuando querrías tener en el campo un jugador que tirase del carro, cuando el entrenador poco puede hacer ya por muchas indicaciones que de dese la banda. Técnicamente pocos equipos pueden presentar a de Bruyne, Agüero, los Silva, Mahrez o Sterling, pero ninguno de ellos tiene la personalidad suficiente para liderar al equipo ante una situación compleja. La ventaja que tiene el Liverpool (de Klopp, para mantener la coletilla) es que en el campo sí tienen un tipo al que seguir, van Dijk, y por eso no es casual que el equipo mejorase desde su llegada. Premios individuales aparte, él es el líder del equipo dentro del campo.

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