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Ciclismo

Premio gordo para Fuglsang y más dudas de Valverde

El murciano se bajó de la bicicleta a más de 100 de meta y el danés ganó en Lieja porque fue el mejor y el más fuerte.

La primera imagen de la carrera fue como un puñetazo en la sien. Valverde aparecía tranquilo, bajado de la bici y esperando algo o a alguien. Todo parecía indicar que pedía un cambio de bicicleta, pero la realidad fue mucho peor. En la siguiente instantánea lo vimos subirse al coche de Movistar, dejando la decana del calendario a más de 100 kilómetros de la meta, cuando empieza a jugarse de verdad la Lieja Bastoña Lieja que él ha ganado en cuatro ocasiones. Su abandono dejó al ciclismo en cueros (o eso parecía) y todos centramos la mirada en el dúo Alaphilippe – Fuglsang, que debía vivir su tercera etapa consecutiva por los alrededores de la ciudad belga.

Ganó el danés porque fue el mejor y el más fuerte. Y tal vez no se paró a pensarlo lo suficiente en meta con desbordante alegría, pero uno se queda con la sensación de que lo fue los tres días. El primero no quiso ir al matadero con el francés y el segundo no se lo terminó de creer. Esta vez, con la dureza de la carrera y la lluvia, no titubeó y cuando arrancó nunca miró atrás. De hecho, Formolo y Woods, los únicos que resistieron el primer arreón de Fulgsang se quedaron de su rueda a ritmo.


Alaphilippe, entregado


La victoria la forjó en la conocidísima Rocha de los Halcones, desaprovechada una y mil veces con el recorrido anterior, entregado a las últimas cotas de San Nicolás y Ans, jueces tantas veces y en donde ha forjado parte de su leyenda Alejandro Valverde. Eliminadas ambas, la carrera se lanzó desde más atrás, aunque no de tan lejos como nos hubiese gustado. En La Redoute, la cota más dura de la carrera, no hubo ni un mísero amago, fruto de la escasez de fuerzas del francés y del miedo que provocaba su presencia en los primeros puestos del pelotón. Ese respeto se lo ha ganado a golpe de victoria

En la carrera, además de un Alaphilippe ahogado por un calendario que lo ha llevado al límite, naufragaron otros aspirantes como Matthews o como Kwiatkowski, más desaparecido de lo esperado durante la semana. Emergió Nibali, en la cresta de la ola después de un gran Tour de los Alpes, que disparó al palo y amenaza al Giro y de entre las sombras apareció un gran Mikel Landa, liberado tras el abandono de Alejandro Valverde. Atacó, se midió y se va para casa con un gran top diez, con buenas sensaciones y con ganas de partir hacia el país de los dos mares.

Se acabaron las Ardenas y hay que hablar de Valverde. El otro día en Huy habló de que se tragó una abeja y hoy de una caída este pasado jueves que le ha impedido rendir a su mejor nivel. Todo puede ser, pero las sensaciones empiezan a ser preocupantes y los 39 años están ahí. No lo vamos a enterrar antes de hora, pero hay que ir disfrutándolo con intensidad, por si las moscas.


Exhibición de Van Vleuten


En la prueba femenina, Annemiek Van Vleuten ofreció uno de esos recitales que uno echa de menos en las carreras masculinas. Arrancó en la Redoute, soltó a sus rivales una a una y se marchó en solitario hasta la meta, cubriendo los últimos treinta kilómetros en solitario y sacando cada vez más ventaja a todas las demás, que nunca se pusieron de acuerdo a la hora de tirar. Su rival Van der Breggen no ofreció síntomas de poder competir a su nivel y el resto de corredoras no tienen la capacidad suficiente para resistir su talento. Van Vleuten lleva siete carreras en 2019 y su peor puesto es un séptimo. Casi nada.

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