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Fútbol

Penúltima jornada: gloria y catástrofe

Esto es la crónica general de una penúltima jornada. Más que un relato futbolístico es un informe sobre la pasión o sobre su ausencia. Sobre el drama y la felicidad, y también sobre un protagonista nuevo, fundamental y decisivo, el VAR. La tecnología no quita emoción, solo resta excusas. Por dónde empezar. Si lo hacemos por arriba diremos que el Valencia depende de sí mismo para jugar la Champions, para desgracia del Getafe, que no sacó nada del Camp Nou. Si miramos hacia abajo, diremos que el Girona está prácticamente descendido. Para salvarse no solo tendría que ganar y esperar la derrota del Celta, sino también compensar una diferencia de siete goles con los gallegos. Conservan, por tanto, la categoría el Celta, el Valladolid, el Levante y el Villarreal.

Si hablamos de ausencia de pasión, hay que hacer sitio al Real Madrid. Perdió en Anoeta porque la pasión le duró exactamente cinco minutos, quizá seis. En ese tiempo, Brahim marcó un gol extraordinario que dio la razón a Zidane, aunque brevemente. El chico tiene talento. Debe sobrarle para completar una jugada exenta de casualidades: se fue desde lejos y por velocidad, recortó con precisión (con la izquierda) y marcó por bajo (con la derecha). Dicen que el chico es ambidiestro y pareció verdad. Pero seamos prudentes. Todavía nos falta tiempo para saber si es un unicornio o un caballo con un chichón.

El gol y la presión alta del Real Madrid nos situaban ante un partido distinto, eso pensamos, vaya error. Al rato, la Real Sociedad ya mandaba en el partido. El VAR tardó mucho en anular un gol de Oyarzábal que era ilegal por varios motivos y, resuelto el embrollo, Mikel Merino empató sin discusión.

El desastre madridista se hizo patente cuando Vallejo despejó con la mano un tiro de Willian José. Poco antes, el defensa había llegado tarde y atropelladamente al corte, por lo que la expulsión fue un castigo menor para todas sus tropelías. El propio Willian José lanzó la pena y ejecutó el peor penalti, sino del año, de la primavera. Flojo, cantado, junto al portero.

Entretanto, el Valencia remontaba el tanto inicial del Alavés y se metía en Champions gracias al gol del barcelonista Arturo Vidal al Getafe. El Sevilla, el otro implicado en la pelea, no daba respuesta en el Metropolitano. Es más, su desinterés resultaba desconcertante. No se espera algo así de un equipo tan habitualmente fogoso como el Sevilla, y menos aún con Caparrós en el banquillo.

Por lo que tiene que ver con el descenso, el Celta se complicaba peligrosamente la vida al ser vapuleado en San Mamés: 3-0 en el descanso. De modo que el partido de los celestes se trasladó a Girona, donde la lucha estaba igualada. La tarde se ponía extraña, al punto de que Joaquín marcó de cabeza en el Villamarín.

En la segunda mitad subió la temperatura en los diez partidos en juego. Zaldúa marcó el segundo gol de la Real en una jugada que dejó maltrechos a Marcelo, blandito en la disputa, y a Courtois, que tardó tanto en reaccionar que todavía no ha reaccionado. Cuando supimos de los goles de Stuani y Morales deseamos estar en Girona. Hay muchos tipos de placeres (creo), pero no hay alegría comparable a la supervivencia.

Barrenetxea marcó el tercero de la Real y en ese momento nos dio por pensar si ese chico, de 17 años, no será tan bueno o mejor que esos muchachos del Madrid que llenan esperanzas e informativos. Hay jugadores a los que iluminamos con tantas luces que parecen brillar, pero no son estrellas.

Al poco, Sarabia marcó en el Metropolitano y entonces ya supimos qué merendar: nuestras insidiosas palabras contra el Sevilla. Empató el Rayo contra Valladolid y Pucela lo sintió como un arponazo. Se lo arrancó de cuajo algo más tarde cuando Sergi Guardiola marcó e hizo algo de tanto mérito como ganar Premier. En Girona, el VAR corrigió un penalti a favor del Girona y una expulsión de Coke. Fue una voltereta que cambió el mundo, salvó a unos y condenó a otros.

Al final, las alegrías de pena se mezclaron con las otras. En el Metropolitano se despidió a Godín con varios miles de nudos en la garganta. Ojalá todos nos fuéramos así: queridos y a ganar más dinero. 

Niños, así eran los domingos futboleros hace unos cuantos años, apasionantes y estrepitosos. Eso sí, no existía el VAR. Teníamos muchos años menos y muchas excusas más.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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