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Daniela Kennedy y Roi Fontoira, durante el concierto en Madrid de The Limboos.

Música

The Limboos, viaje al pasado (y al futuro)

La banda de Roi Fontoira llenó el Teatro Barceló de Madrid y demostró lo que ya se sabía: son únicos.

Durante 30 años, la discoteca Pachá (1980-2013) fue un lugar de encuentro de las diferentes tribus que habitaban en Madrid, desde los más puros representantes de la Movida, como Pedro Almodóvar, a los más altos miembros de la sociedad española, como el entonces Príncipe Felipe, al que se atribuye una frase rotunda y borbónica: “Las tías más buenas de Madrid están en Pachá”.

Aunque reconvertido en Teatro Barceló desde hace años, el lugar conserva el aroma de todo lo que fue, en origen un cine (1930), uno de los muchos que proyectó en la capital el ilustre arquitecto Luis Gutiérrez Soto, responsable también del edificio del Cine Callao y de ese flatiron madrileño que en la misma plaza acoge a la Fnac.

Pero es probable que me esté yendo por las ramas. Lo único que pretendo es poner marco al concierto que dieron The Limboos el viernes por la noche en ese lugar casi místico, si convenimos que las personas se extinguen pero los espíritus permanecen y, en ciertos, casos también los camareros.

El Teatro Barceló es ahora un centro nacional de la nostalgia con efluvios de art decó y reminiscencias de Marina d’Or que tiene el mismo efecto que el DeLorean de Regreso al Futuro. Hasta diría que el ingrediente secreto de sus gintonics es el fluzo.

Debo confesar que si me he detenido en el paisaje es porque me considero incapaz de definir a The Limboos. Ellos también son un viaje al pasado, o tal vez al futuro. Pero está claro que no son de este tiempo. La descripción técnica es relativamente sencilla: rythm blues con influencias latinas. Lo difícil es averiguar de qué película salieron. En ocasiones es obvio que se han fugado de una orquesta de Xavier Cugat y de esa pantalla escaparon como el actor de La Rosa Púrpura del Cairo. Otras veces, sin embargo, son la banda que pone música al baile de graduación del instituto Rydell mientras Doody, Sonny y Putzie enseñan sus nalgas al país entero. También juraría haberlos visto en algún capítulo de la Maravillosa Señora Maisel, pero puedo estar confundido con Mad Men.

La mejor prueba de la infinita versatilidad de los Limboos es que su voz y guitarra, Roi Fontoira, es gallego y periodista. En esas dos condiciones reside toda la capacidad adaptativa y migratoria que cabe en un ser humano, también el catálogo de medias sonrisas. Las Rías Baixas, ahora conocidas como Galifornia por efecto del cambio climático, son un Caribe norteño que te lleva en línea recta hasta Nueva York. Así que no es tan extraña la mixtura de influencias.

Cada miembro del grupo tiene personalidad como para aislarlo y disfrutarlo del resto. En el manejo de las maracas, Sergio Alarcón (órgano y percusión) luce la muñeca de Antonio Machín y el ritmo síncopado de Jerry Lewis. Dani Niño toca el saxo como siempre imaginamos que lo haría el Uli de Gabinete Caligari y Santiago Sacristán es la red que necesita toda banda para que los trapecistas no terminen en el suelo.

Y no me olvido de Daniela Kennedy, al contrario, la dedico párrafo propio. La baterista de Limboos es justo lo que necesitaba el grupo para pasar de ser distinto a ser único. Daniela es una malvada de película de James Bond, o para mejor decir una de esas malvadas-buenas que acababan por enamorarse del héroe, ya sea agente de su majestad o rockero del Grove.

Es curioso, pero la mayoría de los espectadores que llenaron el Teatro Barceló hubieran podido intercambiarse por los limboos originales, tal era su aspecto. Pude ver a mujeres con el peinado garçon de Miss Kennedy, a hombres con las patillas de Dani y a un buen número de tipos, entre los que me incluyo, con las canas de Santi Sacristán. No faltaban las boinas parisinas ni las gorras Peaky Blinders, ni los pantalones de espiga, ni los divorciados, ni los atónitos, ni, por supuesto, los gallegos. Todos y cada uno fueron (fuimos) agitados por The Limboos, justo como vibraba el DeLorean antes de ser propulsado al pasado o al futuro, tú eliges.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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