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Dele Alli marca su primer gol contra el Real Madrid en Wembley. Foto: Cordon Press
Dele Alli marca su primer gol contra el Real Madrid en Wembley. Foto: Cordon Press

Champions

Los de blanco eran los otros

Si no te entregas por completo te pueden ganar todos los equipos que caben entre el Girona y el Tottenham, unos cuantos.

Pochettino no entrena al Tottenham, o no solamente. Es muy probable que haya empezado a entrenar al Real Madrid desde el banquillo del Tottenham, de tal modo que su última intención, más o menos consciente, sea demostrar desde Inglaterra lo que podría hacer en Madrid. Si su propósito es seducirnos, habrá que reconocer que tiene medio trabajo hecho. Hay en el Tottenham mucho de lo que le falta al Real Madrid y no me refiero a cuestiones tácticas, ni por supuesto técnicas, sino emocionales. Son conmovedores los equipos que vienen, los que persiguen un sueño. Medito sobre esta cuestión y doy por seguro que somos unos cabrones, no tenemos otro nombre. Los que miramos, digo. Es un hecho, claramente penoso, que a los hombres nos fascinan los últimos modelos, tengan o no motor. Y el Tottenham es un equipo nuevo con un entrenador por estrenar y con futbolistas que no han terminado de contar su historia. Además, y por si fuera poco, visten de blanco.

Cuando el Real Madrid ganó en Cardiff su segunda Copa de Europa consecutiva, poco después de proclamarse campeón de Liga, alguien debió explicarle lo que sucedería en los meses siguientes: el vacío mental y físico, la extramotivación de los rivales y las dudas del público. Agigantar la leyenda no es inocuo. Estimula a los rivales, entumece la ambición propia y malcría a los aficionados, que ya no admiten un paso atrás.

Lo que pretendo defender es que no hay nada extraño en la derrota del Madrid en Wembley, aunque duela. Siendo relevante, el partido no era dramático y será en los partidos dramáticos cuando despertará este equipo, sobre esto me caben pocas dudas. Hasta entonces, los jugadores harán acopio de motivos para ganar. Y juraría que en Londres encontraron uno que sirve como enseñanza. Ni en el fútbol ni en la vida funcionan los términos medios: el medio esfuerzo, el medio interés, la media pasión. Si no te entregas por completo te pueden ganar todos los equipos que caben entre el Girona y el Tottenham, unos cuantos.

Es verdad que el fondo de armario es un problema por poco profundo. La polémica ya está lanzada y no quisiera repetirme. Antes, Zidane podía recurrir a James o Morata, futbolistas de prestigio internacional. Ahora sólo tiene a Asensio y, más lejos, a Lucas Vázquez. El resto son futbolistas en fase de aprendizaje como Mayoral, Ceballos o Theo, poco fiables cuando atruenan los cañones.

Tan importante como lo anterior es lo que sucede en los laterales. La lesión de Carvajal ha sido como una puñalada en el costado. El chico Achraf tiene futuro, pero no deja de ser un becario. Y Marcelo se mueve últimamente como una boa que acabara de devorar a un antílope. Ha perdido agilidad y lo disimula mejor en ataque que en defensa. Lo más preocupante es que se ha corrido la voz y no hay rival que no perfore en la espalda de Marcelo en busca de petróleo.

Sin laterales, o con ellos a media asta, el Real Madrid pierde su salida al mar. Cada vez que el medio campo se llenaba de cordilleras infranqueables, el equipo encontraba un escape natural en las incorporaciones de Carvajal y Marcelo, piezas clave en incontables batallas.

Todo lo que cuento importa e influye, pero no sirve como explicación única. Lo que necesita este equipo no son refuerzos de invierno, recurso fácil y algo grosero; para lo que apetece fichar a estas horas febriles (Kane y Dele Alli) habrá que esperar unos meses. Antes que gastar dinero, el grupo precisa una reconstrucción psicológica y un estímulo exterior que favorezca la terapia de choque. Tal vez una goleada en Wembley o quizá una crítica generalizada y seguramente cruel, no olviden que somos un poco cabrones.

Aceptaría la rendición y estaría dispuesto a ofrecerles consuelo si no fuera por el objeto a debate, el Real Madrid.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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