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Asensio golpea el balón que supondrá el único tanto del partido I CORDON PRESS

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Los instantes

Bale sonrió en el banquillo (una novedad positiva) y al equipo de Lopetegui le faltó su Flash particular sobre el campo, algo que podría haber lamentado. Y mucho.

La vida va de eso. De pequeños detalles, de momentos sujetados por los pelos, de segundos de emoción donde las decisiones cambian el rumbo de los acontecimientos para bien o para mal. Dijo James Gibbons Huneker que el arte es un instante arrebatado a la eternidad y puede que Asensio entienda a las mil maravillas que su papel es el de ser un momento fugaz de felicidad para los madridistas en cada partido que juegue. Pudo hacer que el estadio se derrumbase si llega a marcar en aquella jugada que elaboró el pasado miércoles ante la Roma con los ojos cerrados, pero, de momento el Bernabéu se mantiene en pie para ver cómo el muchacho ya es una flagrante realidad. Una insultante realidad.

El Real Madrid de los artistas cerró una primera parte muy buena. La presión sigue siendo asfixiante para el rival, aunque habrá que ir puliendo el físico si no se quiere perder el norte en el ecuador del segundo tiempo. Sin embargo, he de decir que hubo abuso de la filosofía horizontal. No me desagrada un once con Modric, Ceballos, Isco y Asensio, pero creo que es necesario que en el bosque de piernas caiga un rayo de vez en cuando que nos enseñe la luz. Los pases de un lado a otro rellenan estadísticas y provocan comparaciones en platós de televisión y redes sociales, pero si no hay alguien que abra una brecha y haga sangrar a la defensa rival, el partido se estancará.

Benzema sigue desaparecido, o más bien, siendo el Karim de los intangibles. Es cierto que el Madrid perdió control arriba sin su presencia, pero un jugador con su repertorio no puede abandonar el campo de esa manera, sin que apenas se note su ausencia. El Madrid echa mucho de menos los instantes del francés, aunque parezca que a él esta tragedia no le motive lo suficiente como para mantener la regularidad. Bale sonrió en el banquillo (una novedad positiva) y al equipo de Lopetegui le faltó su Flash particular sobre el campo, algo que podría haber lamentado. Y mucho.

Al Espanyol le auguro una temporada tranquila si se aferra a su religión y la plasma sobre el césped como hizo anoche. De hecho, nos hizo sufrir. El Madrid fue mucho más apático en la segunda parte y estuvo al borde del suicidio, porque a Sergio Ramos le gusta jugar con nuestros sentimientos a menudo. No le vale con tirar los penaltis, es insaciable.  Afortunadamente, la angustia fue pasajera y el VAR le regaló a Asensio otro segundo de gloria. Porque nuestra existencia es mucho más bonita cuando no perdemos un tren de casualidad; cuando llegamos a enviar ese mensaje antes de arrepentirnos, o cuando antes de que enciendan los focos, cruzamos una última mirada que lo dice todo. De pequeños instantes también se vive. Que se lo pregunten a un Madrid que acabó pidiendo la hora.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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