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Gareth Bale ante el Kashima I CORDON PRESS

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Los mundos de Bale

A Bale le son suficientes ciertos segundos de lucidez para justificar su estancia en el Madrid.

Gareth Bale estaba llamado a abrir las aguas cuando Cristiano Ronaldo decidió abandonarnos en pleno desierto. Sin embargo, el galés, austero en gesto y parco en palabras, nunca ha demostrado voluntad por querer quitarse la careta de actor secundario. A Bale le son suficientes ciertos segundos de lucidez para justificar su estancia en el Madrid, pero no es una persona que regale predisposición para liderar al equipo a diario. Sus maneras forman parte de ese hermético carácter británico que pocas veces permite a sus jugadores adaptarse y triunfar lejos de las islas. Y eso que España siempre les recibe con los balcones abiertos.

Ahora bien, es a nosotros a los que nos toca decidir si un gol en la final de la Copa del Rey, un par de goles en la final de la Champions o tres en la semifinal del Mundial de Clubes son motivos de peso para convertirle en un niño burbuja, intocable, aislado del ruido y de juicios. A mí personalmente, se me queda un poco corto, porque como propósito para el año nuevo me gustaría desintoxicarme de ese concepto que no contempla el diccionario pero que todos hemos incorporado a nuestra vida por culpa de las tertulias y los bares: el resultadismo.

Lo que se le pasa por la cabeza a Gareth Bale es un misterio casi indescifrable, estoy convencida de que no merece la pena ponerle subtítulos en castellano, porque lo que Bale tiene que decir ya lo hemos oído antes. Lo hemos pasado con Benzema durante muchos años. Si tenemos suficiente paciencia y el dinero no nos tienta, seguiremos esperando a Bale temporada tras temporada como hemos hecho con Karim. Nos conformaremos con pequeñas piruletas de felicidad pasajera que hagan que el tiempo en la sala de espera merezca la pena. Y si nos respetamos un poco, no caeremos en la trampa de decir que Bale aparece en las grandes ocasiones. En el Madrid, todos los partidos suelen tener dimensiones descomunales.

Cuando terminó el partido y a Bale le tocó valorar su actuación cuando todavía tenía las mejillas rosaditas por el esfuerzo ante un poderoso Kashima, eligió unas palabras que denotaban más hipocondría que madurez: “Teníamos que ser profesionales. Me ha dolido un poco la pierna pero he querido ayudar al equipo”. Quizá sea yo, que ya veo demasiados fantasmas. También hubo tiempo para que el galés recibiese la caricia en la espalda de Solari: “Se ha comido todo, el escenario, la tribuna, las porterías, las redes… Ha mostrado lo que es capaz de hacer y estamos todos muy contentos. El gol es lo que domina el fútbol y Gareth lo tiene”. En realidad, si quisiese, el galés podría tenerlo todo. Ayer tuvimos la suerte de viajar al universo donde Bale, como bien apuntó Lucas Vázquez, es un avión. ¿Dónde estaremos mañana? Gareth dirá.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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