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Mundial Rusia 2018

Los renglones torcidos de Dios

Lo que me sorprende es que sean los propios argentinos los más beligerantes con este jugador único que jamás fue profeta en su tierra. Ni lo será.

Aunque me sitúo en las antípodas ideológicas de Luca de Tena, la obra que firmó bajo el título de Los renglones torcidos de Dios me impactó. Tanto, que siempre he encontrado situaciones en mi vida que evocan esa lectura en la que la locura se disfraza de normalidad sin desenmascararse hasta el desenlace, un final inesperado, sorprendente…

Para mí, esta Argentina de Messi tiene los renglones muy torcidos. Ningún seleccionador, insisto, ninguno, ha sabido aprovechar el hecho de tener a dios en su equipo.

No es mi intención cuestionar la mayor. Habrá quien piense que Messi no es el mejor (otra cosa es que pueda sustentarlo con argumentos estadísticos) y quien esté agradecido de haber podido verle jugar. Lo que me sorprende es que sean los propios argentinos los más beligerantes con este jugador único que ni fue jamás profeta en su tierra, ni tiene pinta ya de que vaya a serlo ya nunca.

A Messi se le acusa de ser dios pero no obrar milagros; de ser el mejor pero no ejercer de defensa, mediocampista y delantero a la vez; de interpretar el fútbol como nadie pero no ganar un Mundial solo. Increíble.

Los argentinos son muy ingeniosos con sus descalificaciones. Nos reímos. ¿Cómo pueden enlazar tantas y tan variadas mofas hacia cualquiera, incluido quien hizo del fútbol un arte? A lo mejor creen que volverán a parir otro Messi. O, a lo peor, acaban llorando miserablemente lo que no supieron valorar como aficionados.

Lo que Messi nos ha regalado no tiene precio. Argentina sin él nunca hubiera sido candidata a nada. A nada. Si, al final, paga sus errores con un adiós, échenle la culpa a quien tuvo equipo y banquillo y apostó por lo previsible y viejuno. A quien se decantó por exjugadores en lugar de ir a por un Mundial que Messi quería ganar, pero no podía hacerlo solo.

Aún así, sospecho que Él, volverá a ser culpable, el blanco fácil de todos aquellos que llevan años quejándose en la ventanilla errónea porque queda muy in. A menudo, la locura se disfraza de normalidad para acabar apareciendo… cuando ya es demasiado tarde. Una vez más, me suena.

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