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La Hermana Jean, alma de Loyola.

Baloncesto

Milagro en Loyola: la Hermana Jean (98 años) en la Final Four

La Universidad de Loyola Chicago se ha metido entre los cuatro mejores de la NCAA. Eso sí, con ayuda divina.

La Hermana Jean, rodeada de sus chicos. CORDON PRESS

Milagro en Loyola: la Hermana Jean (98 años) en la Final Four

La Universidad de Loyola Chicago va de milagro en milagro. Después de ganar a Kansas State (78-62) se ha metido en la Final Four de la NCAA que se disputará en el Alamodome de San Antonio (sábado, 31 de marzo), y donde tendrá que enfrentarse a Michigan, tercer cabeza de serie. Hablar de milagro parece apropiado si pensamos que en la historia de la competición solo tres equipos con igual o peor ranking que Loyola (11º) han logrado entrar en la Final a cuatro. La novedad es que la figura más reconocible de Loyola no es un jugador, ni siquiera un entrenador. Su estrella se llama Jean Dolores-Schmidt y es conocida como la Hermana Jean, una religiosa de 98 años que desde 1994 ejerce como capellán de los Ramblers, el equipo de baloncesto de la universidad.

La Hermana Jean se convirtió en una celebridad nacional después de que Loyola derrotara a Miami en el primer partido de eso que los estadounidenses denominan Locura de Marzo: 64 universidades que se van eliminando en cruces a un solo partido hasta que sólo quedan cuatro, las clasificadas para la Final Four. Entrevistada por la televisión, la Hermana Jean cautivó al país con su simpatía y su amor por el baloncesto. Su imagen, en silla de ruedas y con una bufanda de Harry Potter (Gryffindor para los iniciados), se convirtió en un símbolo de la pureza del deporte, en contraste con los escándalos que han venido sacudiendo al baloncesto universitario. El FBI lleva dos años investigando casos de soborno y corrupción relacionados con pagos ilegales a jugadores amateurs.

Tal y como escribía Hunter Felt en The Guardian, el baloncesto universitario «necesitaba sentirse bien y la Hermana Jean proporciona una especie de redención espiritual». «Por eso no dolió que Arizona, Auburn, Michigan State, Seton Hall y otras universidades implicadas en casos de corrupción cayeran en las dos primeras rondas. Es como si los equipos pecadores hubieran sido castigados».

Mientras Loyola supera rondas con indudable ayuda divina (canastas victoriosas sobre la bocina o en los últimos segundos de Donte Ingram y Clayton Custer), la Hermana Jean ha sido protagonista del programa Good Morning America y ya hay en marcha un recogida de firmas para que asista como invitada al The Ellen DeGeneres Show. Lejos de sentirse abrumada, ella se lo toma con sentido del humor. Al ser preguntada por lo que sentía al haberse convertido celebridad nacional, respondió: «Perdone que le corrija, querrá decir internacional…».

La Hermana Jean creció en San Francisco y, finalizado el High School, donde jugó al baloncesto (1933-37), ingresó en el convento de la congregación de las Hermanas de la Caridad de la Bendita Virgen María, en Iowa. Cuando volvió a California se dedicó a la enseñanza y fue entrenadora de baloncesto durante veinte años. Aunque se jubiló en 1991, tres años más tarde se le planteó la posibilidad de sustituir al capellán del equipo de baloncesto masculino de Loyola y aceptó.

Desde entonces, no sólo ejerce como guía espiritual. «Ella es como otro entrenador», ha comentado el base Donte Ingram al Chicago Tribune. «En mi primer partido, ella me pilló desprevenido. Pensé que sólo iba a ponerse a rezar, pero después de hacerlo me dijo: «Ten cuidado con el 23». Todo el equipo siente devoción por ella. Nada más ganar a Miami (triple de Ingram en el último segundo), Custer se acercó a la Hermana y le dijo: «Tú has traído esta magia».

Esta temporada se ha perdido nueve partidos por una fractura en la cadera, pero ha vuelto junto al equipo en el momento de la verdad. Desde que Loyola se proclamó campeón en 1963, nunca había llegado tan lejos en el torneo. La Hermana Jean insistió en viajar a Sant Louis, donde los Ramblers se ganaron el billete para optar al título. Y ha repetido viajes acompañada de una enfermera. En el regreso al campus después de cada triunfo, ella es tan aclamada como los jugadores.

«Creo que todo el mundo es una celebridad en un sentido u otro. No importa lo que hagas, si haces lo que se supone que debes hacer. Entonces, cada uno de nosotros es una celebridad y brilla ante los ojos de Dios».

Cuando Clayton Custer anotó frente a Tennessee a falta de 3,6 segundos para el final del partido y metió a Loyola entre los 16 mejores (el Sweet Sixteen), la Hermana Jean exclamó: «¡Oh, no es un sueño!». Tras la última victoria frente a Nevada (69-68), con un triple de Marques Townes a seis segundos de la conclusión, la religiosa dio un respingo en su silla de ruedas. «Lo siento por la Hermana Jean, porque he arruinado su pronóstico (la anciana se conformaba con llegar al Sweet Sixteen), pero estamos muy felices de estar en esta posición», comentó Townes tras el partido.

La felicidad continúo contra Kansas State, la primera victoria tranquila en el recorrido hasta la Final Four. Nada intimida a la Cenicienta del baloncesto universitario; en Loyola sienten que todo es posible, siempre y cuando la Hermana Jean pueda viajar hasta San Antonio…

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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