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Fútbol

Hijos de papá: cuando tu padre es el entrenador

Pocas cosas más comprometidas para un entrenador que dejar a su hijo en el banquillo. Zidane es el último que se ha enfrentado a ello.

Quién mejor que un padre para guiar tus pasos? ¿Cómo renegar de los consejos de tu progenitor? ¿A quién no le cuesta independizarse? Todo, sin embargo, resulta mucho más complicado en los inescrutables caminos del fútbol. Ese deporte que se transmite de padres a hijos subidos a hombros, entre paredes tiradas con un balón, en tardes en las que empiezas pegando cromos y terminas jaleando a tus ídolos en el estadio ante la orgullosa mirada de papá. Otra cosa es cuando el que observa es también el entrenador del equipo y tú has dado el salto de la grada al campo. Son pocas las relaciones fructíferas entre entrenadores y jugadores cuando se comparten algo más que objetivos y colores. Si la alianza se extiende al apellido, crecen también las sospechas, los supuestos tratos de favor, las miradas cómplices. Los últimos en conocer esta otra cara del fútbol han sido los Zidane.

No es la primera vez que el entrenador galo disputa este partido. Ya le ocurrió en su primera etapa en el Real Madrid, en aquella ocasión, con su primogénito Enzo. El entonces mediapunta (utilizado también como falso extremo izquierdo) de apenas 20 años se había labrado una carrera en las categorías inferiores del Real Madrid por las que fue ascendiendo hasta que llegó al Real Madrid Castilla en la temporada 2015/16. Precisamente esa era la segunda temporada de su padre al frente del segundo equipo merengue. Zizou ocupó el cargo hasta principios de 2016 cuando Florentino Pérez le reclutó como sustituto de Benítez. Durante media temporada padre e hijo compartieron vestuario, entrenamientos y partidos. Y Enzo fue bastante importante para su entrenador… Disputó 18 de los 19 encuentros que dirigió Zizou en ese Castilla con dos goles y ocho asistencias.

Enzo siguió ganando terreno en el Castilla pero el salto al primer equipo nunca llegó. Una plantilla copada de talento y figuras le cerró el paso, mientras su padre conquistaba Europa con el anhelo de que su hijo le acompañara en ese viaje. El centrocampista sí vivió en primera persona el último título liguero levantado por el Real Madrid. Fue en La Rosaleda, en 2017, cuando su padre lo incluyó en la convocatoria; junto al resto de compañeros festejó la Liga número 33 de los blancos. Enzo se había convertido entonces en un habitual de los entrenamientos con el primer equipo, pero su presencia en las convocatorias se limitaba a completar las plazas. Al siguiente año, siguiendo el consejo de su padre, optó por salir cedido al Deportivo Alavés para curtirse y foguearse en Primera División. En Vitoria pasó sin pena ni gloria. Media temporada y 70 minutos de juego fueron su bagaje. Antes de salir cedido al Lausana donde sí tuvo más protagonismo. Esta temporada regresó a España para jugar en el Rayo Majadahonda de Segunda División, donde ha vuelto a sentirse importante.

 


El recuerdo de Cruyff


La última experiencia vivida por Zidane, ahora con su hijo Luca, recuerda mucho a lo vivido por Johan Cruyff en el Camp Nou. Nadie osaba discutir las decisiones de El Flaco en la Ciudad Condal a mediados de los 90, después de que el Profeta del gol llevara al Barça a su particular Ítaca en Wembley. Así que cuando Johan decidió ascender hasta el primer equipo azulgrana a su hijo Jordi nadie puso en duda la calidad del chiquillo. Ocurrió un 4 de septiembre de 1994, cuando el proyecto de Johan ya había alcanzado sus cotas más altas y el equipo había empezado a descomponerse. Tras una prometedora campaña en la que la Quinta del Mini (Iván de la Peña, Oscar, Roger, Jordi Cruyff) empezaba a abrirse en el primer equipo, todo se complicó en su segundo año. Una lesión en el menisco tuvo a Jordi en el dique seco más de media temporada e incluso se planteó la retirada. Entre medias, el cruyffismo languidecía y las guerras intestinas entre los partidarios de su padre y los asiduos del nuñismo colocaron a Jordi en el centro de la diana.

Aquellas dos temporadas en blanco de los azulgranas hicieron mucho daño a los Cruyff. Ambos terminaron saliendo de la entidad azulgrana y Jordi nunca más volvió a ser entrenado por su padre. Tras ser calificado como El hijo de o El Enchufado buscó en el cobijo de Alex Ferguson, su otro padre deportivo, reivindicarse. Lo consiguió a medias. Es necesario recordar que a mediados de los 90 cuando Johan patrocina la ascensión de su hijo Jordi, la autoridad moral que tenía el técnico holandés era equivalente a la que tiene hoy Zidane para los madridistas. Nadie cuestionaba sus apuestas.

 


Los Maldini, la dupla perfecta


Hay otros ejemplos que consiguieron perpetuar el apellido conviviendo en una perfecta armonía del banquillo al césped. Lo hicieron, principalmente, los Maldini en Italia. Primero con la Azzurra de la que Cesare se hizo cargo en 1996 tras abandonar el cargo Arrigo Sacchi. Para entonces su hijo Paolo ya era uno de los principales bastiones de la defensa italiana. Curtido en el Milan desde mediados de los ochenta, Paolo acudió al Mundial de Francia 98 convocado por su padre. El primogénito de Cesare no solo era uno de los pilares defensivos de aquel equipo sino que portaba el brazalete de capitán de la Azzurra. Los italianos fueron apeados en cuartos de final de aquel Mundial por Francia. Vestido de rossoneri también compartieron vestuario padre e hijo. Fue en 2001, en un breve espacio de tiempo (tres meses) tras el despido de Zaccheroni. De aquellos meses convulsos todavía se recuerda un 6-0 que el Milan endosó al Inter. Aquella victoria llevaba la firma de los Maldini.

 


Volar lejos de casa


Lejos del amparo del progenitor también se pueden desarrollar grandes trayectorias. Lejos también de la presión y la exigencia que supone verte observado por tu padre. Eso piensa, al menos, Diego Pablo Simeone. El entrenador del Atlético de Madrid ha reconocido en diversas ocasiones que prefiere no entrenar a su hijo, por más que la rumorología periodística les haya situado más de una vez defendiendo los mismos colores. Si el Cholo ha edificado el Atleti del Siglo XXI, su hijo Giovanni ha triunfado en el siempre exigente Calcio. A sus 23 años y tras dar el salto a Europa con el Genoa, ha sido su buen rendimiento con la Fiorentina lo que le ha abierto las puertas de la Selección. En 29 partidos suma 6 goles y 5 asistencias. Cifras que le han valido para que más de uno sueñe con que Gio una su destino al de su padre.

Otros viajes de ida y vuelta fueron los emprendidos por los Blind o por los González. Danny y Daley han compartido vestuario en la Oranje en varias etapas. Danny, el progenitor, fue segundo entrenador y más tarde entrenador principal entre 2012 y 2017. Durante ese tiempo su hijo Daley se convirtió en internacional después de haber despuntado en el Ajax y fichar por el Manchester United.

Más cercano aún, nos queda el caso de Míchel y su hijo Adrián González. El mítico 8 del Real Madrid se ha reencontrado con su primogénito hasta en tres ocasiones. Adrián creció en las categorías inferiores hasta llegar al Real Madrid Castilla, precisamente cuando el entrenador era su padre. Sus caminos volvieron a unirse años más tarde en el Getafe, en uno de los momentos más álgidos para los azulones. Su última experiencia por ahora la vivieron en Málaga donde primero llegó el padre (marzo, 2017) y Adrián se convirtió en el primer fichaje de la siguiente temporada. La genética no fue suficiente y la complicidad entre padre e hijo no impidió el descenso de los malacitanos a Segunda División.

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