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Senegal
Un aficionado de Senegal durante el partido ante Polonia I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

Lucha senegalesa

El colorido que le ponen las aficiones africanas a cualquier campeonato merece que todos sus equipos firmen un contrato vitalicio para participar sí o sí en las Copas del Mundo.

Lo confieso. He tenido que documentarme un poco para poder seguir el partido de Senegal con todas las consecuencias. He renunciado a pasar una tarde en remojo por saber si Mané mantendría una línea ascendente. Y algo defraudada me hallo en este instante, todo hay que decirlo.  Por cierto, no solo he descubierto que mediante una cosa que se llama «tabas senegalesas» se puede predecir el futuro; también, que practican una especie de lucha libre a la que le han puesto su nombre. Para colmo, un combate dura lo mismo que un tiempo de un encuentro. ¿Casualidad? No lo creo. Me han recomendado un documental sobre el tema, Last Man Standing, por si no tienen nada mejor que hacer esta noche aquellos a los que les importa un bledo que Salah pueda sufrir un marcaje ruso.

Empezó la tarde rebelde, se nos atragantó el café. Colombia se quedó con diez a las primeras de cambio y Pekerman se inmoló con James, porque sabe que con esa zurda se puede ir a la guerra. Perdieron los cafeteros ante Japón, y el grupo que parece un parchís (fíjense en los colores de los cuatros equipos del H) se pone cuanto menos interesante. La tarde iba de contrastes, y en el siguiente plato saboreamos un Polonia-Senegal llamativo. El colorido que le ponen las aficiones africanas a cualquier campeonato merece que todos sus equipos firmen un contrato vitalicio para participar sí o sí en las Copas del Mundo.  ¿Se acuerdan de cuando Lewandowski era temible? Hoy no fue ni su sombra. ¿Y de cuando Krychowiak era un jugador descomunal? Yo tampoco. Polonia le entregó el partido en bandeja de plata a Senegal y lo mismo lamenta ser tan generosa dentro de dos semanas.

Aprovecho el ritmo soporífero del partido (acorde con la temperatura de la calle) para tratar también de familiarizarme con la música senegalesa. Me encuentro con que, debido a la influencia francesa, la música clásica tiene cierta presencia, pero también que las tradiciones griots de Senegal están más vivas que nunca y que se está trabajando mucho para que perduren. Y me viene a la mente aquello que comentó Von Mises: «La esencia de la libertad de las personas es la oportunidad de apartarse de las formas tradicionales de pensar y de hacer las cosas». La música clásica siempre me ha aburrido. Desde hace unos años, prefiero las vuvuzelas, me traen mejores recuerdos. Inmersa en mis pensamientos, marca el segundo Senegal. Plano a la grada. Algarabía. Seres humanos ataviados con prendas imposibles con los colores de la bandera se entremezclan unos con otros. A África le sobra alegría para regalar y quizá, apenas necesite un abrazo de vez en cuando. Sentirse querida. Sentirse parte del mundo. En Rusia, todo encaja.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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