¡Síguenos!
Foto Twitter @RMBaloncesto

Baloncesto

El Madrid se queda con la Supercopa

El título más liviano de la temporada siempre supone una dosis de optimismo y tranquilidad para el vencedor, y las excusas del otro lado se efectúan con la boca pequeña.

Llegaba el Barcelona al Wizink Center con el halo de ilusión que le acompaña desde el verano, adquirido merced al sinfín de refuerzos, cada uno con más nombre que el anterior. El debut en un Clásico de jugadores como Higgins, Davies o el último en sumarse a la plantilla, Delaney, constituía un cartel atractivo para el aficionado blaugrana, aunque nada comparado con el morbo que despertaba la presencia de Nikola Mirotic entre sus filas. Jugarse el primer título de la temporada en septiembre casi parecía lo de menos, si bien Pesic se afanó en recordar en una de las ruedas de prensa previas que el Barcelona está para ganar títulos y no para otros menesteres menos prosaicos: quien aprecie la formación y el basket base que se vaya a Badalona. Prueba evidente de que el relato guardiolista nunca logró impregnar la sección de baloncesto culé.

Frente a un plantel construido desde la prodigalidad y la desmesura, el Madrid acudía a la cita confiado en el punto de cocción en que se encuentran sus cinco finalistas mundialistas. Con un equipo liderado ya sin ningún disimulo por Campazzo, la recuperación de las sensaciones de Llull quedaba como arma de lujo para romper desde el banquillo. En el cinco inicial Laso apostó por el cinturón de seguridad, Tavares, y se encomendó a la elegancia de Randolph, quien para desgracia blanca tuvo “uno de esos días”. Los puntos de Carroll al inicio no compensaron la dinámica errática de los madridistas titulares, de modo que el técnico vitoriano movió ficha y probó a Deck como anulador de Mirotic, con tan buen resultado que es probable que el argentino haya encontrado su rol especialista en la rotación o incluso en la vida.

Para entonces, las cartas de ambos conjuntos ya se encontraban sobre la mesa. El Madrid jugaba de manera coral, con una estructura de automatismos a la que agarrarse mientras los jugadores no seleccionados en sus combinados nacionales se desperezaban del óxido vacacional. En cambio, el Barcelona atacaba a arreones, con exquisitas individualidades difícilmente engarzadas en ningún patrón coherente. Delaney aportó mucho en los dos primeros cuartos, mientras le duró la gasolina; Higgins ejerció de todoterreno, y, anulado Mirotic a medias entre Deck y el odio visceral de la grada, el azulgrana que dio un paso adelante fue Brandon Davies. Su capacidad para desquiciar a Tavares, que contra el resto de rivales se había hallado tan cómodo e intimidador como de costumbre, se constató al dejarlo con cuatro faltas personales en el tercer cuarto, condenándolo al banquillo. El Madrid había llegado a estar diecinueve puntos arriba, pero el Barcelona se mantenía en el partido gracias a la determinación del ex pívot de Zalgiris. La comparación de prestaciones con Tomic resultaba sangrante, y Pesic actuó en consecuencia en el reparto de minutos en pista.

Con un Randolph perdido en la melancolía y con su gigante desquiciado agitando toallas en el banquillo, Laso hubo de recurrir a Felipe Reyes, que puso más empeño que acierto. No obstante, el juego interior madridista no hizo aguas gracias a otro debutante en un Clásico. Jordan Mickey lo tiene todo: fuerza física, movilidad, juego por encima del aro, carácter, un tiro de tres aceptable para su posición y capacidad de sacrificio –con ese nombre, estaba destinado a jugar bien al baloncesto-. Su peor enemigo lo constituye su propio entusiasmo, que lo lleva a pasar por encima de sus compañeros en la lucha por el rebote. Bendito problema. Entre sus zancadas y saltos, las embestidas de un entonado Llull y  la inteligencia defensiva de Rudy, todo bajo la batuta de Campazzo, el Madrid devoró al FCB en el último cuarto, ganando con solvencia y más comodidad de lo esperado.

El título más liviano de la temporada siempre supone una dosis de optimismo y tranquilidad para el vencedor, y las excusas del otro lado se efectúan con la boca pequeña. No obstante, a pesar de que el ensamblaje de la descomunal plantilla culé llevará tiempo, todo hace indicar que el producto finalizado será un rival terrorífico y uno de los candidatos al cetro europeo. De ahí que los chicos de Laso den más valor al metal conseguido anoche. Al fin y al cabo, para un club en el que la victoria es más un alivio obsesivo que una plácida recompensa, todo botín se conquista por si acaso. Incluso en septiembre. 

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Baloncesto

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies