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Real Madrid

El Madrid esperaba al Celta como agua de mayo

Lo de jugar bien ya es otra cosa. Eso no se consigue como se hacen las tortillas francesas y esa tarea sí va a llevar más de dos meses.

Aparte de buen actor, dicen que Denzel Washington es un hombre instruido. No seré yo quien ponga en duda esta afirmación, mucho más después de escucharle algo así como «los sueños sin metas son tiempo perdido, pero los que contienen objetivos, con esfuerzo y diligencia, se pueden convertir en realidad». Seguramente este pensamiento fue uno de los que ayudó a este hombre a triunfar en el mundo del cine, pero creo que también marca el camino para todo aquel profesional que aspire coronarse en lo suyo. Si hay una luz al final del camino es más fácil mentalizarte para intentar recorrerlo.

El Madrid de los últimos doce partidos del curso pasado se quedó dormido en la litera de abajo y por mucho que levantaba la vista, solo veía los muelles del colchón de arriba y no un trozo de cielo. Sin meta posible, competir es dificilísimo. Una parte de tu cerebro se empeña en avisarle a las piernas que se pueden romper en un balón dividido y total, si hay que ir se va, pero ir pa ná es tontería. Era imposible ser cuarto y complicadísimo ser segundo. Y esto, para el Madrid, es como pedirle a Fernando Alonso que se motive en los coches de choque.

Activar un vestuario que no se juega nada es tarea casi imposible para un entrenador en la élite. Salvo que éste deje en la grada a todos los futbolistas con contrato para la temporada siguiente y saque al campo a los canteranos y jugadores que se estén apostando la renovación, conseguir intensidad es lo mismo que encontrar trufas en Laponia. En el caso del Madrid del año pasado, no había ningún Pepe que finalizara la relación y además el Castilla peleaba el play off.

Digan lo que digan —no hagan caso— tampoco es sano hacer parangón entre los sucesos de la pretemporada y el comienzo de la temporada oficial. Si volvemos al caso del Madrid, mucho menos. Es posible que sea la primera vez en su historia que juntase dieciocho partidos donde no se jugase absolutamente nada.

Con estas alforjas, que el equipo blanco llegase a Vigo sin actitud, intensidad, ayudas y solidaridad, era prácticamente imposible. Tenían tantas ganas de que llegase este partido, que hoy hubiese dado igual el Celta que el Barça, hasta Bale se iba a implicar en defensa. Esta fecha estaba marcadísima en el calendario. Tanto, que se ha hecho esperar desde marzo.

Lo de jugar bien ya es otra cosa. Eso no se consigue como se hacen las tortillas francesas y esa tarea sí va a llevar más de dos meses. Pero reconozcan que con esta actitud aguantarán los resultados hasta que se posen otra vez los automatismos de las tres transiciones del fútbol. Sin resultados, a Florentino no le queda paciencia para dar de comer al proyecto. Mientras tanto, recuerden a Denzel Washington, señores. Les hará mucho bien.

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