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Alan Kennedy celebra su gol con Agustín de testigo.
Kennedy celebra su gol con Agustín de testigo y víctima.

Fútbol

Real Madrid-Liverpool 1981: el día que nos mató un Kennedy

La final de Kiev tiene su antecedente en la que se jugó en París hace 37 años. Entonces ganaron los ingleses, pero eran otros tiempos.

El Liverpool de 1981 tenía algo que ver con el Real Madrid de la actualidad, si se permite la comparación y si nos abstraemos de peinados y presupuestos. Una vez clasificado para la final, buscaba su tercera Copa de Europa en cinco temporadas. Conocía el camino de la victoria. El Madrid, sin embargo, lo había olvidado: no levantaba la copa desde 1966, quince años atrás. Es fácil suponer el nivel de ansiedad y la expectación generada.

Un año antes, en 1980, France Football había reconocido al Real Madrid como el mejor equipo del Continente, una distinción que premiaba el doblete Liga-Copa, pero que ninguneaba al vigente campeón continental, el Nottingham Forest de Brian Clough, campeón por segunda vez consecutiva de la Copa de Europa. No dio suerte aquel trofeo, quién sabe si por lo extraño de la elección.

La temporada 80-81 comenzó de forma catastrófica: el Real Madrid perdió 9-1 contra el Bayern en pretemporada (7-0 al descanso) y Boskov acuñó una de sus más famosas frases: “Prefiero perder un partido por nueve goles que nueve por un gol”. Al primer equipo habían subido Agustín, Pérez García, García Cortés, Gallego y Pineda, integrantes del histórico Castilla que disputó meses antes la final de Copa contra la nave nodriza.

La Real Sociedad, que el año precedente había disputado el título hasta el final (aquella derrota en el Pizjuán), era el rival a batir en la Liga. Tampoco había que perder de vista al Barcelona, que se había reforzado con Quini, Schuster y Alexanco (el secuestro del delantero asturiano descabalgó finalmente al Barça).

Pero el curso, que había nacido maldito, lo fue hasta el último instante, si bien el diablo se pasó meses disimulando. En la Copa de Europa, el Real Madrid había eliminado al Limmerick irlandés, Honved húngaro, Spartak de Moscú e Inter de Milán. El Liverpool, por su parte, había dejado en la cuneta al OPS Oulu (campeón finlandés), Aberdeen, CSKA de Sofía y Bayern.

En Liga, el equipo de Vujadin Boskov mantenía una lucha cerrada con la Real Sociedad de Alberto Ormaechea que se trasladó al último partido del campeonato. El Madrid tenía que ganar en Valladolid y esperar que la Real no puntuara en Gijón. Nada más finalizar el partido de Zorrilla (1-3) alguien comunicó que también había acabado el duelo de El Molinón (2-1), lo que hacía campeón al Madrid. No era cierto, pero los jugadores comenzaron abrazarse y Juanito enfiló el vestuario de rodillas, tal y como había prometido… De esa guisa les pilló el empate de Zamora que dio el título a los donostiarras.

No era la mejor manera de afrontar, un mes después, la final de la Copa de Europa. La moral andaba maltrecha y el gran fichaje del equipo, el inglés Laurie Cunningham, estaba puesto en duda. Poco después de ser operado de una lesión en el pie se le vio en un lugar poco apropiado para iniciar la rehabilitación: la discoteca Pachá. Cumplida la bronca y la sanción, volvió a jugar el 15 de mayo, a doce días de la final de París. Fue en el homenaje a Pirri, que no pudo tener mejores rivales (Real Madrid vs Selección) y peor fecha. Cunninghan marcó por los anfitriones y el sportinguista Joaquín por La Roja (denominación inviable en la época).

El atraco al Banco Central en Barcelona (quizá el primer reality de nuestra televisión) distrajo al país en los días previos al gran partido. Pese a todo, el despliegue de los medios estuvo a la altura del acontecimiento. La Cadena Ser, con un equipo dirigido por José María García, anunciaba como comentaristas a Amancio, Puskas y Di Stéfano. Matías Prats padre abandonó su retiro radiofónico para ponerse delante del micrófono y retransmitir el partido en Radio Nacional.

Eran otros tiempos, no obstante. La final se jugaba a los 20:15 y TVE conectó sólo un cuarto de hora antes. Encargado de la narración, el eterno José Ángel de la Casa. En el ABC, la previa ocupaba poco más que una página y en ella se contraponía “la habilidad latina contra la rigidez británica”, al tiempo que se destacaba la importancia “del negrito Cunningham”.

Ningún madridista llegó en forma a París, donde todo era nuevo. Incluido el uniforme. El equipo abandonó el blanco impoluto y estrenó las rayas de Adidas y una lycra satinada desconcertante. La vieja equipación era lo único que podía haber intimidado al Liverpool, que tenía jugadores dignos de la tripulación de un barco pirata.

Boskov alienó a Agustín; García Cortés, Sabido, García Navajas, Camacho; Ángel, Del Bosque, Stielike; Juanito, Santillana y Cunningham. La poca experiencia internacional del joven portero (21 años) generaba dudas, pero el entrenador consideraba que ya se había curtido en San Siro en las semifinales. Bob Pasley formó con Clemence; Neal, Thompson, Hansen, Alan Kennedy; Lee, Ray Kennedy, McDermott, Souness; Johnson y Dalglish; ocho ingleses y tres escoceses.

El partido fue un horror, sin apenas ocasiones. La mejor del Madrid la tuvo Camacho, que se plantó solo ante Ray Clemence y picó el balón demasiado alto; no requería tanta vaselina esa pelota. Los ingleses sentenciaron a nueve del final gracias a un error que aún duele de García Cortés, que pateó al aire en vez de despejar. Alan Kennedy se aprovechó del regalo y fusiló a Agustín.

Con el tiempo supimos que nos había ajusticiado un especialista en goles decisivos. Ese mismo año, Kennedy consiguió el gol que forzó el empate contra el West Ham en la Copa de la Liga y que obligó a un replay ganado por el Liverpool. En 1983, en el mismo torneo, empató a quince del final contra el United y los reds se impusieron en la prórroga. En 1984, en la final de la Copa de Europa contra la Roma, marcó el penalti decisivo.

El presidente Luis de Carlos hizo una demostración de señorío nada más perder la final: “Es lógico que esté desilusionado, pero acepto con deportividad el resultado. Tuvimos una oportunidad de oro nada más empezar la segunda parte. El Real Madrid continúa demostrando que es el gran club que siempre ha sido y sabemos aceptar esta derrota que nos animará para seguir adelante en el futuro”.

Pero el equipo no levantó cabeza. De vuelta de París fue eliminado por el Sporting de la Copa y cerró la temporada con amargura y sin títulos. No regresó a una final de la Copa de Europa hasta 1998, cuando ganó la Séptima a la Juventus y volvió a cambiar de sentido la historia.

Eran otros tiempos, ya digo. Afortunadamente.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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