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Foto Twitter @rudy5fernandez

Euroliga

El Madrid también gana en el barro

Se puede decir, sin miedo a equivocarse, que el conjunto moscovita ha sido, de largo, el oponente más complicado que han recibido los blancos.

En los prolegómenos del encuentro entre Real Madrid y Khimki salían a la luz informaciones poco esperanzadoras para Georgios Bartzokas. El técnico griego se jugaba su puesto ante el líder invicto de la Euroliga sin el catalizador absoluto de su juego: Alexey Shved. El escolta, jugador mejor pagado de Europa, concentra más de la mitad de los puntos del conjunto ruso.

Cuando se pierde a un jugador del que hay una dependencia tan grande suelen plantearse dos alternativas: que emerja un mejor juego colectivo o que un jugador asuma el papel del líder ausente. La primera vía fue la elegida por Bartzokas para intentar asaltar el WiZink Center. Con un juego lento y de desgaste, el Khimki logró rebajar los 98 puntos que promedia el Madrid en su cancha en 18 tantos. Se puede decir, sin miedo a equivocarse, que el conjunto moscovita ha sido, de largo, el oponente más complicado que han recibido los blancos.

La igualdad se mantuvo hasta el ecuador del último cuarto, cuándo Jaycee Carroll, inédito en los tres cuartos anteriores, desatascó el partido con 15 puntos. La defensa rusa consiguió apagar a Randolph, Rudy o Sergio Llull; pero se plegó ante el gran momento de forma que atraviesa el tirador norteamericano. En el conjunto visitante, Anthony Gill (16 puntos y 8/9 en tiros de 2) y Tony Cracker (16 puntos) fueron los más destacados. Finalmente, el Real Madrid se impuso por un apretado 79-74 y sumó su séptima victoria en la máxima competición continental.

El ritmo lento que trató de imponer el Khimki marcó el primer cuarto. Debido a la imposibilidad de aguantar el tirón de la mejor ofensiva del continente, trataron de llevar el partido a un terreno más embarrado; pero el equipo de Pablo Laso es también la mejor defensa, y que logró generar ventaja en este contexto. El rebote ofensivo (5 en el primer cuarto) ayudó a los rusos a no conceder una distancia mayor (19-12 al término de los primeros diez minutos).

El Madrid alcanzó una ventaja superior a los diez puntos ya en el segundo cuarto. Con Tavares sentado en el banquillo y Ayón en pista la defensa se resintió, pero el mexicano lo compensó en la parcela ofensiva. Los pupilos de Bartzokas aprovecharon los errores blancos desde el triple, sobre todo de Rudy Fernández (0-3), para recortar diferencias de la mano de Zubkov y Malcom Thomas.

Jordan Mickey (3 de 5 en triples en el cuarto) se destapó en el tercer cuatro con un insólito acierto desde el 6,75. La defensa rusa incomodó tremendamente el circuito ofensivo madridista, que no encontró la comodidad habitual. En los últimos segundos del tercer cuarto logró ponerse por delante, algo que remedió rápidamente Deck con una canasta que dio la ventaja al conjunto madridista para arrancar el cuarto decisivo.

Las distintas alternativas en el marcador y la igualdad fueron la constante de los instantes de gran parte del cuarto. El juego físico y la batalla desatada en cada rebote se impusieron ante la falta de brillantez ofensiva. Con la llegada del Ciclón “Carroll” el partido se agitó, pero solo en el aro ruso. El Khimki, ante la imposibilidad de aumentar su lento ritmo, se vio incapaz de darle la vuelta a la tortilla. Llegar con opciones a los minutos finales tiene, de por sí, un tremendo mérito.

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