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Jovic, uno de los fichajes confirmados por el Real Madrid para la próxima temporada. CORDON PRESS

Real Madrid

El Madrid huele a vestuario de quita y pon

Las posibilidades pasan por manejar dos equipos competitivos y hacer rotaciones sin preocuparse por perder potencia de fuego.

Dicen que nadie está contento con lo que tiene si tiene posibilidad de tener mucho más. Sin este pensamiento puede que cierto holding de venta de ropa se hubiese quedado en diez tiendas. Y que en lugar de por donaciones millonarias ahora estuviésemos polemizando por haberle comprado un estetoscopio al médico de familia de Lugo.

Tres Champions en la mochila no significan que no quede sitio para ganar la Liga o, al menos, pelearla, que es la obligación para un club como el Madrid. Y aunque es cierto que el Barcelona nos cambiaría tres ligas al peso por cada Champions conquistada, sin poner variables en el traspaso, hay que cortar de raíz los ridículos que sufrimos en la competición nacional. Si quedar a tres o cuatro puntos del campeón ya es casi tragedia, si son diez o más hablamos de Ligas que dejan cicatrices.

Así que si algo aprendió el míster de la temporada del doblete es que sin profundidad de plantilla no hay posibilidad de éxito al cuadrado. La  exigencia del futbolista de élite se cifra en casi setenta partidos al año y en no menos de tres continentes pisados. Liga, Champions, Supercopas, Copa, partidos de selecciones… se exprime tanto la teta que cuando llega la primavera a algunos no les da ni para preparar un cortado.

Por eso creo firmemente que su primera condición para volver era la de tener posibilidad de manejar dos equipos competitivos y hacer rotaciones sin preocuparse por perder potencia de fuego. Más que unidad A y unidad B, plantilla Top. Y a cuadrar minutos por cabeza y posición. ¿No es ese el sueño de cualquier entrenador? Pues a eso huele el Madrid del próximo curso.

Decir que Mendy, Jovic, Militao, Vinicius, Rodrygo, Asensio o Valverde huelen a reservas es pegarse un chapuzón en la piscina del estereotipo y salir a secarse sin toalla de baño de criterio futbolero. Se acabaron los tiempos del Marcelo como único jugador con carné de lateral izquierdo o de poner velas a San Apapucio para que Modric no cayese lesionado. El Madrid quiere vestuario de quita y pon, y no tener que buscar un tinte de urgencia para cuando se le manchaba el traje de gala.

Pero aceptando esta premisa, y teniendo claro que aún faltan fichajes (que todavía harán más amplio el concepto refuerzo), el juicio a Zizou tendrá también que ser de mayor enjundia que cuando era simple alineador de la plantilla del jefe. Zidane ya va a jugar en la Liga de Klopp y Guardiola, y habrá que alabarle en todo lo bueno, pero también criticarle por todo lo malo. Ahora sí es responsable de salidas y entradas.

No es lo mismo no contar con Llorente, Ceballos o Theo, porque no te gustan como jugadores, que pedir a Jovic y darle ración de grada y banquillo. No es igual acoplar la forma de juego a lo que ya te dan fichado, que pedir las piezas para instaurar una filosofía de juego. El listón de Zizou pasa de estar a la altura de un baile caribeño (vale el Limbo Rock) a las que superaba Bubka en el salto con pértiga.

Él lo ha querido así, los demás a mirar y a disfrutar (si es posible).

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