¡Síguenos!
José Antonio Sánchez Araújo.
El Maestro Araújo, retransmitiendo desde Anfield. EL CORREO

Periodismo

Maestro Araujo: “Lo mío con Madrid era como lo de Cataluña y España”

En Sevilla no hay un periodista más querido y más respetado. José Antonio Sánchez Araújo repasa sus más de 50 años de profesión: de Di Stéfano a Lopera pasando por Maradona.

El primero que le llamó “Maestro” fue Manolo Arenas, que era jefe de deportes de Radio Sevilla. Cada vez que José Antonio Sánchez Araujo estaba de viaje, Arenas le preguntaba: “¿Dónde está usted, maestro?”. El apodo creció y pasó de la anécdota al magisterio. El Maestro Araujo es más que un referente del periodismo sevillano. Cuando pasea por la ciudad es tan reconocido como cualquier futbolista de su época, tanto como sus amigos Rafael Gordillo y Pablo Blanco.

Comenzó en el periodismo en 1962, cuando todavía había que subirse al tejado de los depósitos de agua para retransmitir algunos partidos. Lo dejó hace dos años y le sigue queriendo todo el mundo. Por un lado, los aficionados al deporte. Por otro, los que aún se emocionan recordando cómo, cada madrugá, relataba la salida de La Macarena a las calles de Sevilla.

El Maestro es único y lo sabe quien le conoce.

—¿Cómo fueron los inicios de aquel niño que soñaba con ser periodista, o quizás con futbolista?
—Han pasado ya tantos años que ni me acuerdo. Quizás fuera escuchando una radio de cretona, concretamente a la pareja que narraba los partidos internacionales, Matías Prats y Enrique Mariñas. Por aquella época, las retransmisiones deportivas eran muy escasas y lo que se escuchaba era Radio Nacional para los partidos de la Selección española. Tengo un recuerdo, con 6 o 7 años, de aquel gol de Zarra narrado por esta pareja. Ellos fueron, quizás, los pioneros, pues no había otros medios como la televisión y se narraban únicamente partidos concretos. Mis comienzos fueron en Radio Nuestra Señora del Águila, la emisora parroquial de Santiago (parroquia de Alcalá de Guadaíra), en la que comencé a narrar los partidos del Alcalá. De ahí, tras la eliminación de las emisoras parroquiales, encontré acomodo en La Voz del Guadalquivir, una emisora sindical. En este medio me mantuve 14 años, hasta diciembre de 1979, cuando llegué a Radio Sevilla.

—Hablaba de sus retransmisiones de partidos del Club Deportivo Alcalá. ¿Cuándo recuerda su primera retransmisión deportiva?
—Hay una fase de ascenso que juega el Alcalá, con Francisco Bono como presidente y Arias de entrenador. Se enfrentó al Palma del Río, al Bollullos y al Sanluqueño. Recuerdo que se radiaban los partidos en el tejado del depósito en el que se duchaban los futbolistas.

—¿Cómo recuerda su paso por Radio Sevilla?
—Han sido treinta años de muchísimas satisfacciones, pues se consiguen cosas importantes, sobre todo en las transmisiones de los partidos. Cuando yo llego a Radio Sevilla, llego a una emisora en la que apenas había receptores; había que traer de Gibraltar o de Ceuta transistores de frecuencia modulada. Recuerdo que, cuando me contrataron, mi jefe, Don Ángel Botana, me dijo que aquello de la FM era un reto, pues antiguamente la onda media era más usual (en los coches, los transistores…) que la actual frecuencia modulada. Curiosamente, hoy es al revés. La FM fue, con el paso del tiempo, cogiendo más fuerza hasta el punto de que ahora el Carrusel Deportivo se emite por la frecuencia modulada; el partido del Betis o del Sevilla, por la onda media. Y los coches traen incorporada la FM y no la onda media. Pero es muy difícil trasladar las cosas de aquellos tiempos a estos tiempos.

—¿Cómo ha sido su relación con sus compañeros y distintos jefes que ha tenido?
—Con los compañeros y jefes, no he tenido problema ninguno; con quien sí he tenido problemas, ha sido con Madrid y con los directores. Lo mío con Madrid era como la tensión entre Cataluña y España. Era una guerra. Ha sido una cosa tremenda. Cuando llegaba a Madrid, ni ellos me veían bien a mí; ni yo a ellos. He tenido bastantes problemas con determinados directores, especialmente con la cúpula de Madrid.

—Ha realizado numerosos viajes, cubriendo tanto al Betis como al Sevilla, por lo que supongo que habrá tenido que realizar intervenciones para la radio en lugares peculiares. ¿Cuál es el lugar más extraño en el que ha retransmitido?
—El más extraño quizás haya sido en la capital de Moldavia, Chisinau. También en Montevideo y Albania. He narrado partidos en sitios muy peculiares, como en un hotel cuando no me dejaron acceder a un estadio. La verdad es que los sitios extraños han sido múltiples, porque no es como hoy. Actualmente, llevan el RDSI, lo conectan y no hay problema. Por aquel entonces, había que quitar los claves, buscar los puertos, hablar con Telefónica… La parafernalia no tenía nada que ver con lo de hoy. Había una parte técnica que, ahora, prácticamente, no existe. Hoy se utiliza un aparato o inclusive teléfonos modernos.

—Con tantos viajes que ha realizado se habrá alojado en numerosos hoteles, hostales… 
—Habitualmente, íbamos a buenos hoteles. Sin embargo, cuando fuimos a Chisinau, estaban allí las fuerzas de la OTAN, pues las guerrillas estaban muy cerca de la ciudad y nos alojamos en un hotel frente a la embajada de Alemania, que era de las fuerzas militares de la OTAN. Me hizo mucha gracia, pues a la hora de desayunar, cuando entraban los soldados, soltaban sus armas y parecía que uno estaba en la guerra. Aparte, cuando fui a la URSS, en la etapa de Khrushchev y la de Gorbachov, íbamos a hoteles muy extraños por la situación política y económica que se vivía en aquellos países.

—Durante su estancia en los medios la tecnología ha experimentado un impresionante progreso. 
—Es curioso, puesto que yo siempre he realizado radio y prensa, por lo que no sé lo que es radiar un partido y terminar. Al acabar el partido, al ser también enviado especial, tenía que escribir la crónica. Primero, para el diario Pueblo; después, para La hoja del lunes. Luego estuve catorce años en el ABC y, por último, en El Correo de Andalucía. Curiosamente, me resultaba más cómodo realizar estas crónicas en la máquina de escribir que en los ordenadores, al menos en los que yo conocí. Cuando yo venía de Madrid, en el último avión, llamado El Golfo, en el que viajaba mucha gente del mundo del arte —toreros, flamencos…—, iba escribiendo la crónica del partido, salvo que me dijeran que tenía que parar porque el ruido de la máquina molestaba a los otros pasajeros. Me encontraba más cómodo con los cables y la máquina de escribir que con los ordenadores y los aparatos modernos. La radio de RDSI la conocí en mis cuatro últimos años y la que hay actualmente no la he llegado a conocer.

El Maestro Araujo y Rafa La Casa.

El Maestro Araujo y Rafa La Casa.

—¿Le cuesta entonces hacerse a la idea del periodismo de ahora?
—Sí. El inicio del periodismo de ahora corresponde a mi marcha del periodismo. Yo me encontraba mucho más cómodo en el periodismo del papel que en el de los nuevos medios de comunicación. El periodismo nuevo no me seduce, quizás por los años que me he llevado en el otro. Lo mismo que ustedes, al no haberlo conocido, no sabéis como era el otro periodismo.

—Habrá entrevistado a muchísimos futbolistas, ¿algún recuerdo especial?
—A los grandes, los que para mí son grandes, los he entrevistado a todos. A Messi y Cristiano no los he conocido. Sin embargo, he tenido la suerte de entrevistar a los cuatro grandes. Con Alfredo Di Stéfano hablé coincidiendo con el partido del Mundial del 82 que se celebró en el Ramón Sánchez Pizjuán; vino con una televisión sudamericana y la entrevista con ellos me cogió a mí justo al lado. En aquellos tiempos, yo estaba ya en Radio Sevilla, pero en aquel Mundial yo no hice de periodista, sino de coordinador del torneo para todas las emisoras a las que la Cadena Ser dio asistencia. Finalmente, me facilitaron una entrevista con Alfredo. Al hilo de la coordinación del Mundial, tuve que atender con frecuencia las necesidades de O Globo y eso me permitió estar mucho con Pelé. A Cruyff le entrevisté en muchísimas ocasiones. Y a Maradona, en su época en el Sevilla. También a otro grande como Eusebio, gracias a Radio Renascença.

—¿Qué tal la relación con Maradona?
—Durante el tiempo que estuvo en el Sevilla, viajé muchísimo con Maradona. Teníamos un periodista dedicado únicamente a él. Con Diego hice un viaje sentado a su lado y teníamos buen feeling, ya que era un tipo que tuvo, durante su época aquí, un comportamiento ejemplar. Todos los compañeros lo admiraban y lo querían y tuvo un extraordinario trato con la prensa. Sin embargo, a Franchi, cuando estaba de por medio, y como cobraban en todas las entrevistas, no le hacía gracia que Maradona hablara con la prensa, porque daba a pie que hubiera medios a los que sí se les cobraba y otros a los que no.

—¿Ninguna extravagancia?
—Tenía cierto contacto con él, puesto que el chalet que Maradona alquila en Espartinas era de Espartaco, con el que yo sí tenía amistad. Entonces, Juan Antonio me llamaba y me preguntaba si iban a renovarlo, puesto que quería que se quedara en un chalet al que le hizo muchas obras por su llegada. Recuerdo algunas cosas curiosas que hizo. En una ocasión, compró 15 televisores en Merkamueble. Al tener dos hijas que tenían que ir al colegio, compró una furgoneta y se trajo a un chófer de Argentina que no se conocía la ciudad. En general, nos atendía bastante bien y, gracias a la enorme amistad que teníamos con Bilardo, nos conocía y dos o tres preguntas siempre nos contestaba.

—¿Qué recuerdos le trae la época de Bilardo en Sevilla?
—Bilardo ha sido una persona que nos marcó a todos. Llegamos a tener una amistad íntima con él. Llegó a hacer un programa semanal, todos los jueves, en Radio Sevilla, La Hora de Bilardo. Hoy en día, lo sigue haciendo en Argentina, en Radio La Red. Era una persona extraordinaria, encantadora, un profesional íntegro, desprendido, sin interés alguno en el aspecto económico; yo le tengo un cariño muy grande y todos los que se rozaron con él también.

—Hablaba antes de Maradona. ¿Fue mejor que Messi?
—Yo siempre he pensado que el mejor que he visto es Di Stéfano. Sobre los cuatro grandes de los que siempre hablo (Maradona, Pelé, Di Stéfano y Cruyff) hay distintas opiniones. Unos dicen que Pelé, sobre todo los brasileños, porque ha marcado más goles que nadie; el que ha visto fútbol en Europa diría que Di Stéfano. Yo siempre he pensado que él fue el mejor incluso por delante de Maradona, porque pienso que Maradona nunca alcanzaba lo que alcanzaba Di Stéfano en un campo de fútbol, además de la personalidad que Alfredo tenía en el equipo. Sin embargo, después de ver todos los partidos de Messi, gracias a la tecnología de la que hemos hablado, me entran muchas dudas. Con lo pequeño que es, sin ser un futbolista fuerte, sin tener un buen juego aéreo… Me genera muchas dudas decir quién es mejor, ya que a Messi le he visto mucho más que a ninguno.

—Tras hablar de los cambios que ha atravesado periodismo, ¿en qué cree que ha cambiado la profesión futbolística?
—Ha cambiado en que antes había mucho más espacio y más habilidad, pues había muchos marcajes directos y mucho uno contra uno, por lo que el futbolista más habilidoso siempre tenía una posibilidad de desbordar y encontrarse el campo por delante. En cambio, hoy en día, los espacios son muy cortos y hay una gran aglomeración dentro de esos espacios y, por tanto, hay que tener una preparación física que antes no existía y una capacidad de desborde en muchísimas circunstancias del juego. A más velocidad, la técnica va decreciendo, es decir, cuanto más rápido se hace, más difícil es el dominio del balón, el control… Y hoy en día hay muchísimos futbolistas con ese control del juego y con Lionel Messi con máximo referente.

—¿Los conceptos tácticos también han cambiado?
—Ha cambiado lo táctico y, sobre todo, la calidad individual y la preparación física, que es fuera de lo común y que se puede ver con Cristiano Ronaldo, que es un súper atleta. La prueba está en que Usain Bolt ha intentado jugar al fútbol y se ha encontrado con que no puede competir, aunque tiene dominio del balón. El fútbol ha cambiado muchísimo.

—¿Cómo eran los viajes antiguamente?
—Mejor no hablar. Entonces, no era como ahora. Cuando había Copa del Rey, era la semana entera. Salíamos un viernes o un sábado, porque no había autovías y, por ejemplo, a Madrid se tardaba ocho o nueve horas. Nuestros viajes eran por carretera o en ferrocarril, que era muy fiable por aquel entonces. Los aviones tenían muchísimas dificultades, pues no había tantos vuelos como ahora. Cuando el partido era el domingo, salíamos el sábado por la mañana y llegábamos al final del día a la ciudad o si era un viaje demasiado largo, parábamos en Madrid y volvíamos a salir temprano al día siguiente. En estos tiempos, hay mucha más facilidad para viajar. Sin embargo, hubo muchísimas ocasiones en las que, cuando teníamos partidos también entre semana, nos quedábamos en Madrid porque tardábamos menos que volviendo a Sevilla y teniendo que viajar de nuevo. El viaje más largo que quizás puedo haber hecho fue con motivo de un partido del Sevilla, en Bulgaria, frente al Spartak de Sofía. Viajamos de Bilbao a Barcelona —porque no había vuelo a Madrid—, de Barcelona a Madrid, de Madrid a Viena, de Viena fuimos a Bratislava y de Bratislava a Sofía. En el mismo aeropuerto de Sofía, había una azafata de Sevilla y nos dijo “que, si atravesábamos esa puerta de embarque, íbamos a saber lo que era un vuelo”. Era la época del telón de acero de la URSS y había gente en bancos de madera con bocadillos. Una situación de pobreza por la situación que se vivía en aquellos países.

—¿Y cómo se viajaba en aquellos tiempos sin saber idiomas?
—Ahora hablan todos inglés. Pero yo, a pesar de no hablar ningún idioma, siempre me he defendido bien a la hora de pedir una comida. Sinceramente, no ha sido una cosa con la que haya tenido problema. En los últimos viajes que he realizado he tenido más dificultades. Quizás es que antes era más joven y estaba más acostumbrado.

—¿Cómo ha visto usted la evolución de la rivalidad Sevilla-Betis?
—Ha sido siempre igual. Lo que pasa que ahora están los grupos ultras que antes no existían. A nivel de aficionados, es el mismo; no ha cambiado lo más mínimo. Es una rivalidad que siempre va a existir y jamás va a cambiar.

—¿Ha sido Rafael Gordillo el jugador con el que más relación ha entablado?
—Es muy amigo mío. Como Pablo Blanco, que es como si fuera mi hermano. Pablo es un amigo íntimo de verdad. Con Rafael tengo una amistad enorme y también con Julio Cardeñosa. Además, he viajado mucho con ellos y tenemos mucha relación… Sin duda, son amigos míos de verdad.

—Maestro, usted vivió la época Lopera en el Betis…
—A nosotros nos fue muy mal con Lopera. Muy, muy, mal. Lo más duro de Lopera no fue con nosotros. Nosotros pagamos que Lopera fuera contra nosotros por dos lados. Primero, el empresarial. Él se negaba a firmar con nuestro grupo empresarial el asunto de los partidos de la televisión y, al negarse, parecía un enemigo de nuestra empresa. Después, en lo particular. Como lo criticaban mucho desde Madrid y él no podía llegar allí, su manera de responder esas críticas era a través de nosotros. Nos llegó a decir que, mientras desde Madrid no cesaran, nos tocaría a nosotros. Estuvimos yendo al estadio escoltados por policías, tanto a la entrada del estadio como en la cabina, donde teníamos a dos municipales a nuestro lado. A mí, me llegó a echar de un hotel, en Valencia. Lopera dijo que si yo me quedaba alojado en ese hotel, “el equipo se marcharía en el mismo momento”. Tuve que coger la maleta e irme a otro hotel.

—Habrá cambiado su relación con el Betis…
—La verdad es que sería injusto que hablara de la situación actual. De la parte empresarial del Betis, no puedo decir nada porque no  tengo el gusto de conocerlos. Sólo conozco a Serra Ferrer. Lógicamente, al estar retirado, no he tenido la oportunidad de estar con ellos. Con el Sevilla tengo una magnífica relación, hasta el punto de que me invitan a viajar con ellos en los partidos europeos para que les haga los comentarios. Me fui cuando aún estaba Lopera y, por tanto, de los directivos béticos no puedo opinar.

—¿Cómo llegó, tras haberse retirado, a comentar los partidos europeos en la radio del Sevilla?
—Viene a raíz de una necesidad de San Juan de Dios de Alcalá de Guadaira, una orden con la que tengo una vinculación. Allí hubo un problema grave y no encontrábamos la solución. Entonces, pensamos que, si lográbamos traer un equipo de fútbol y las televisiones, tendríamos solucionado el problema. Un equipo de fútbol se puede traer, pero a las televisiones es más complicado. Hablé con José María Del Nido y me dijo que, para que fueran todas las televisiones, iba a hacer unas declaraciones explosivas sobre el tema de los contratos televisivos, sobre el dinero que se llevaban Madrid y Barcelona con respecto al resto de clubes. Dijo que iba hacer una declaración, a toda la prensa española, sobre cómo el Sevilla era capaz de romper las relaciones con la televisión si no se llegaba a un acuerdo. Entonces, convocó a la prensa en San Juan de Dios y salimos en la apertura de todos los telediarios. Tras haberme hecho ese favor, él me dijo que se lo tenía que pagar. Le invité en un restaurante a una comida y fue allí donde me pidió que, si el Sevilla se clasificaba para competiciones europeas, le tenía que narrar los partidos europeos del Sevilla. El Sevilla quedó 9º y esa posición no daba acceso a Europa, por lo que me olvidé del tema. Sin embargo, al no lograr acceder ni el Málaga ni el Rayo Vallecano por unos temas que hubo, el Sevilla accedió a la Europa League y tuve que narrar los encuentros. El primero que hice fue un partido de homenaje a Rio Ferninand en Old Trafford. Cuando llegó Pepe Castro, seguí retransmitiendo esos partidos y hasta hace dos temporadas estaba a cargo de esas emisiones.

—¿Pensó usted que las radios estaban en peligro durante el periodo que se les negó el acceso a los estadios?
—En aquella época, era diferente. Los grandes sustentos del club eran el socio y la taquilla, pero cuando llega la televisión lo cambia todo y, actualmente, es el sostén económico de los clubes. La verdad que nunca llegué a pensar que las radios tuvieran que pagar para poder entrar en los estadios y narrar los partidos. Eso no lo he conocido.

— ¿Cómo fue su retirada? ¿Le costó tomar la decisión?
—No, porque me dijeron que por la legislación laboral vigente no había posibilidades de continuar y trabajé hasta el último día. Hice mi último programa, me fui y hasta hoy.

—¿Le hubiera gustado continuar?
—Ahora te diría que no; en aquel momento, no lo sé. Pienso que había compañeros que llevaban muchos años y que necesitaban cubrir el espacio que yo llevaba. Hoy pienso que hice bien en dejarlo.

—Ha retransmitido en numerosas ocasiones la salida de la Hermandad de La Macarena y la Semana Santa. ¿Cuándo fue la primera intervención y cómo las recuerda?
—La retransmisión de La Macarena es lo más grande de todo, no hay nada como eso. Nada similar ni parecido. Yo hice la primera madrugá que se emitió, en la que los Morancos se presentaron ante el Consejo de Hermandades para venderles una Biblia. Por aquel entonces, no tenían la dimensión que tienen ahora. Tengo la enorme satisfacción de meter el primer micrófono debajo de un paso, en las trabajaderas. Fue al final de la calle Tetuán hasta La Campana. Entonces, era muy difícil hacer esas retransmisiones, porque se necesitaba un aparato muy grande. Han sido más de veinte años haciendo la salida de La Macarena y las retransmisiones en los palcos.

—Si tuviera que escoger entre retransmitir la salida de La Macarena o alguna de las finales europeas del Sevilla, ¿con cuál se quedaría?
—Realmente, si tuviera que retransmitir un partido importante sería por mi profesión. En cambio, la salida de La Macarena es un momento de emoción y de sentimiento. Es un instante, un día, pero una final europea es el culmen de una temporada. Ver salir a esa Hermandad como yo la veía, era absolutamente increíble, pues hubo un tiempo en el que estaba yo solo, ya que la Cadena Ser era la única que retransmitía para toda España la madrugá.

—¿Cuál es el evento más llamativo que ha tenido que contar en la radio?
—Quizás fuera el entierro de Paquirri. La Ser se trajo a todos los coches de unidades móviles que tenía en Andalucía para hacer el entierro. Se cubrió desde que salió de su casa hasta el cementerio. Pero he hecho todo tipo de narraciones, desde partidos de  fútbol, corridas de toros, salidas procesionales de las Hermandades… Retransmitir es contar. Para poder retransmitir, hay que tener cierta pasión y cierto enganche hacia la persona que está detrás del receptor. Y tú tienes que engancharla con sentimiento, buena expresión, con forma de llegar, con la capacidad de explicarle todo lo que tú estás viendo… Si eres capaz de hacer eso, puedes emitir cualquier acontecimiento.

2 Comments

2 Comments

  1. Pingback: El 12-1 a Malta, un día para la historia | Fútbol | A la Contra

  2. Pingback: ¿Y para cuándo una calle para el Maestro Araujo? | Periodismo

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Periodismo

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies