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Magic e Isiah Thomas cosen los lazos que Jordan cortó

Las dos estrellas de la NBA han emocionado al mundo con su reconciliación, pero detrás de esa imagen emerge sombría la figura de Michael Jordan, enemigo irreconciliable del de Detroit.

Magic Johnson e Isiah Thomas, dos viejos gunslingers, par de pistoleros, lloran, lagrimean y se abrazan enternecedoramente en una grabación con el sello de la NBA —pero en un terreno más de Sálvame o de cualquier reality que se precie—… donde se sella la reconciliación entre ambos llaneros solitarios. Eso, cuando se van a cumplir 27 años de los sucesos que les separaron, en 1991. «Mi mujer, mi padre, mi madre me decían que tenía que volver a sentarme contigo», discursea Magic a un bastante delgado Isiah Lord Thomas III, nacido en el inquietante West Side de Chicago. Emocionado, Isiah observa a Earvin Magic Johnson, quien prosigue su discurso para la grabación, que va titulada como More than A Game: Más que un Juego o mejor, Más que un Partido.

«Así que cuando me llamaron no tuve dudas y dije: ‘Vamos a hacer esto… revivir esos momentos de diversión, de excelencia, de trabajo duro y de soñar a lo grande… ¿Quién se sienta a los 19 o 21 soñando con las cosas que queríamos hacer? Y ahora estamos aquí sentados, eres mi hermano, así que déjame pedirte perdón si te he hecho daño y no hemos podido estar juntos… Dios es bueno por reunirnos otra vez», relata Johnson, con esa impostada sonrisa de las grandes ocasiones por la que se le denominaba Cheesy, Quesitos, en el avieso vestuario de los Boston Celtics de los 80.

Llegados a este momento, Thomas, nada menos que Isiah, Zeke, el General de los Pistons Bad Boys se arranca a llorar entre tantos trofeos Larry O’Brien de Campeón de la NBA y cruza manos y abrazos con Cheesy Magic. Se levantan y se abrazan entre lágrimas, mientras Johnson musita: «Es una locura todo lo que nos ha pasado, pero todo ha ido mejor, hermano«. «Vamos, siempre estaré aquí», son las primeras palabras de Isiah («Lo sé, lo sé», replica Magic), ya a solo diez segundos del fin de la grabación (2:10) «…pero es que aún estoy cabreado porque me ganaste». Magic concluye: «Tú también me ganaste, ambos tenemos que estar enfadados».

Esas dos victorias de ida y vuelta a las que se refieren son, sin duda, las finales de 1988 y 1989 entre Lakers y Pistons, saldadas con 1-1… si bien Magic se lesionó con rotura de fibras en el segundo partido de la de 1989 y ya solo pudo ser utilizado durante cinco minutos del tercer partido. Magic Johnson cerró su carrera NBA con cinco anillos a través de nueve finales… e Isiah debió contentarse con dos títulos en tres intentos definitivos. Los Pistons siempre pensaron que un mal fario les arrebató los anillos de 1987 y 88. Primero, dejando escapar en manos de Larry Bird, aquel célebre mal pase bombeado de Isiah a Laimbeer en Boston, en las finales del Este en 1987, dando paso a un facilón título posterior de los Lakers. Y luego, en 1988, Isiah sufrió un fuerte esguince de tobillo en el último cuarto del sexto partido. Eso no impidió a Thomas anotar 25 puntos en ese cuarto definitivo, un récord de las NBA Finals… pero Detroit cayó por 103-102 ante Los Angeles Lakers y en el séptimo partido, un Thomas disminuido jugó hecho un dolor pero sin poder evitar el nuevo éxito de los Lakers: 108-105, el quinto y último título de Magic y el Showtime de Pat Riley.

Pero ni la grabación de la NBA —obviamente— ni los propios interesados, Thomas y Johnson, van a la verdadera raíz del problema que el mismo Magic delinea como «una locura». El asunto es que la esa raíz de ese problema tiene nombres y apellido que no son moco de pavo: un tal Michael Jeffrey Jordan. En el aire e imperio napoleónico de Air Jordan reside la clave del distanciamiento entre Thomas y Johnson, que aún se saludaban entre besos antes de cada uno de los siete partidos de las finales de 1988…

 

En 1985, en Indianápolis, durante el primer All Star Game de los 14 que Jordan disputó, ninguna de los reporteros top en aquella NBA —Sam Smith, Mark Heisler, Jan Hubbard…— dejó de narrar la evidencia de que Isiah arengó y alentó un boicot del equipo de la Conferencia Este a un rookie de los Chicago Bulls al que aún faltaba una semana para cumplir 22 años: era Jordan, que pudo jugarse nueve tiros durante sus 22 minutos en pista y que cerró aquel día con siete puntitos y 2/9 en tiros de campo: él, que promedió 28,2 puntos en aquellos Bulls de 1984-85. La gran provocación de Jordan consistió en aparecer para el Slam Dunk Contest cargado de joyas de oro y con un chándal especial de Nike sólo para él. No era la ropa oficial de su club, los Bulls, era una cosa para exhibirse (showboating) y deslumbrar. Grandes veteranos como Julius Erving o Larry Nance participaban en aquel concurso que acabó dominando Dominique Wilkins en final directa ante un Jordan… quien luego se vio congelado en el All-Star Game por el supremo desdén de los veteranos del Este (Erving, Larry Bird, Laimbeer), donde Thomas repartía el juego en pista. No importó ni que el Este perdiera por 129-140 ante el Oeste. Cuenta la leyenda que Jordan y Thomas no se hablaban ni aunque viajaran los dos solos en un ascensor. El propio Magic Johnson reconoció la existencia del boicot a la periodista Jackie MacMullan en el libro When the Game Was Ours, que MacMullan escribió en 2009 sobre Magic y Bird.

La cruda herida de Indianápolis quedó abierta en la carne viva de Jordan, quizá el más implacable competidor que ha visto el deporte profesional moderno en los últimos 50 años. Sobre la cicatriz echaron sal gorda las brutales batallas de desgaste y castigo con que los Pîstons de Isiah y su cuadrilla (Laimbeer, Dantley, Rodman, Dumars, Mahorn) iban apartando a los Bulls de Jordan de cada final de la NBA… hasta 1991. En 1990, tras la final del Este, fueron famosas las lágrimas y la decepción de un machacado Jordan al subirse al autocar de los Bulls en el Palace de Auburn Hills. Era su tercera derrota en fila ante los Pistons en los playoffs del Este. Chuck Daly no había tenido empacho en elaborar un sistema especial de grilletes y vigilancia AntiJordan, las llamadas Jordan Rules, cuyo final era, en bastantes ocasiones, el aterrizaje forzoso de Jordan… o de Scottie Pippen. «Y el General de los Pistons en la pista en todos aquellos días… era Isiah Thomas. ¿Cómo voy a olvidarlo? ¿Cómo iba a querer jugar con él?», recordó el propio Pippen en el documental oficial de la NBA sobre el inolvidable Dream Team de los Juegos barceloneses de 1992.

Las batallas entre Bulls y Pistons volcaron en 1991, cuando al fin, el Chicago del Arcángel San Michael liquidó la final del Este por 4-0 ante los Príncipes de las Tinieblas de Detroit… no sin que Isiah Thomas liderara la retirada al vestuario de Auburn Hills del equipo titular de los Pistons cuando aún se jugaba el último minuto del cuarto partido de la final del Este… que esta vez barría Chicago, con paliza de 94-115 en ese último partido. Esa acción fue calificada como «repugnante» por los grandes medios NBA del momento. Ese día, en el hoy recién clausurado Palace, Bill Laimbeer respondió con idéntica respuesta a 14 preguntas sobre la situación: «They won». «Ellos ganaron». Esos dos equipos, tan terribles como Los Ángeles del Infierno y los Esclavos de Satán… ya no volverían a chocar en playoffs. Ahí se cerraba una Era. Ahí, en realidad, iban a empezar los años 90 en la NBA, cuando los Bulls pasaron a dominar la Liga en su primer anillo ante los Lakers: la última final de un Magic Johnson al que ya acechaban… los anticuerpos del SIDA.

Pero aún quedaba el último gran acto, puente o nudo entre los 80 y los 90: la selección del Dream Team olímpico para los Juegos de Barcelona, con la irrupción de las grandes estrellas de la NBA. En septiembre de 1991, el Comité de Selección —manejado por Rod Thorn y Russ Granik, los dos principales ayudantes del Comisionado Stern— daba a conocer los diez primeros de los 12 seleccionados para Barcelona. Las dos plazas restantes (Clyde Drexler, Christian Laettner) se dieron a conocer al concluir la temporada 91-92. La ausencia de Thomas en esa lista de septiembre de 1991, donde sí estaban Jordan, Magic, Bird, Pippen, Ewing, Stockton, Robinson, Karl Malone, Barkley, todos los que tenía que estar… dejaba a Isiah Thomas con opciones rayanas en cero. Todos esos jugadores seleccionados acertaban más del 50% de sus tiros, excepto Bird (49,7%) y Pippen (49,2%). Técnicamente, Thomas (nacido en 1961) no era un base pasador como Stockton, sino un relampagueante point guard más o menos anotador… con el 45,2% de media en tiros de campo. Chuck Daly, el entrenador de los Pistons campeones en 1989 y 90, iba a dirigir al Dream Team, pero no movió un dedo por Thomas… ni cuando Stockton sufrió una pequeña fractura en el pie, en la primavera de 1992. El ya difunto Daly (que no votaba en el Comité de Selección) apuntó a tener listo el teléfono… de Joe Dumars, otro piston. Jack McCloskey, general manager de los Pistons Bad Boys de Daly asumió con tranquilidad inicial la no selección de Thomas… para luego dimitir de inmediato del Comité de Selección ante la furiosa reacción de un Isiah fuera de sí.

Pero la realidad es que ni McCloskey ni el propio Daly movieron un dedo por Isiah ante un Comité de Selección que ya era consciente de estas palabras que Michael Jordan había dejado caer ante varios miembros del Comité y que Sam Smith confirmó en su libro The Jordan Rules: «No jugaré para ningún equipo en el que esté Isiah Thomas». Los de 1992 eran unos Juegos muy especiales, a los que no querían dejar de asistir ninguno de los grandes veteranos de los 80, con Magic y Bird por delante. De hecho y tras los Juegos, Bird ya no disputaría ningún otro partido oficial en NBA. Magic, arrastrando los anticuerpos del SIDA, solo se alineó con los Lakers durante otros ocho partidos oficiales en 1996, playoffs incluidos. Johnson cerró su carrera en la pista con derrota y KO en el Summit de Houston.

Antes de los Juegos, Bird y Johnson estuvieron de acuerdo con la exclusión olímpica de Isiah Thomas, a quien Magic había tenido que preguntar en 1991-92, cuando todo el problema del SIDA si el propio Isiah había esparcido rumores de que él «era gay». La realidad es que Isiah había hecho preguntitas malévolas sobre Magic por el entorno de los vestuarios, pero al mismo tiempo y, como Presidente del Sindicato de Jugadores, había luchado de lo lindo para que Johnson tuviera su gran y más imborrable noche en el All Star Game de Orlando, en 1992. También como Presidente de la Players Union, Thomas se enfrentó duramente nada menos que con David Falk, el superagente de… Jordan, por supuesto (y también de Patrick Ewing, otra figura en el Dream Team).

En el Documental Oficial del Dream Team, Michael Jordan se limita a declarar oficialmente: «Tuve insinuaciones sólidas de que en los sitios más altos no se quería a Isiah dentro del equipo». Pero, en el libro Dream Team, Michael sí confirma al autor, Jack McCallum (de Sports Illustrated, enviado con el equipo olímpico de 1992) que él, Jordan, toma «todo el crédito por apartar a Thomas de ese equipo olímpico». Los indicios delatan que el Comité de Selección conocía las no excesivas ganas de la megaestrella Jordan para aceptar la invitación olímpica (Michael ya se había colgado el oro en 1984, en la final de Los Ángeles. ante España)… y así prefirió curarse en salud.

De hecho, el Dream Team se remató bajo otra dura exigencia de Jordan y los jefazos de Nike: en el podio de Barcelona no se podrían exhibir el logo ni los símbolos oficiales de Reebok, el patrocinador oficial de USA Basketball. En las imágenes de la entrega de medallas se comprueba como los jugadores estadounidenses del Dream Team se tapan la chaquetilla de Reebok… con la bandera de las barras y las estrellas: tal fue la solución de compromiso a la que se llegó mientras Jordan declaraba: «El mayor atractivo que tiene para mí el equipo olímpico es compartir tiempo con tipos que conozco pero a los que solo veo habitualmente cuando somos rivales en la pista».

McCallum y Smith corroboran las palabras de Jordan sobre Isiah Thomas. Peor aún y después de todo, Johnson contó en ese libro de MacMullan (2009): «Nadie en aquel equipo olímpico quería jugar con Isiah… Michael no quería jugar con él. Scottie Pippen no quería ni verle. Bird no apretó por él, Karl Malone no le quería. ¿Quién decía ‘necesitamos a este tipo’? Nadie».

Ya en 2003, cuando Larry Bird se hizo cargo de la Jefatura de Operaciones de los Indiana Pacers, la primera medida que tomó fue destituir a un entrenador llamado… Isiah Thomas. «No había comunicación y tenía el sentimiento interno de que no iba a funcionar, así que no tuve que pensar demasiado», relató Bird. Después, Thomas trabajó con los Knicks y con los New York Liberty de la WNBA, siempre a las órdenes del boss James Dolan. Allí, Isiah recibió una demanda por acoso que luego cerró con un pacto. Mantiene bajo su firma una Compañía de Inversiones Inmobiliarias en Detroit, LLC Estate, y representa a una buena marca de champán francés. Y toda esa era «la locura» a que se refería Earvin Magic Johnson, hoy presidente y copropietario de Los Angeles Lakers en esos 2:10 minutos del show NBA de la reconciliación.

Un periodista enciclopédico que conoce el deporte de alta competición como pocos. Sus crónicas de tenis, NBA, boxeo e incluso fútbol, en su versión más sevillana, han glosado páginas históricas en El Mundo y el diario AS durante las últimas décadas. Un yankee nacido en Coria del Río que igual entrevista a Kobe Bryant que visita a Joe Frazier o conversa con Rafael Nadal. Un periodista 24 horas al día.

2 Comments

2 Comments

  1. Borja

    27/12/2017 at 18:49

    No entiendo que se pase por alto el origen de la disputa, nadie en ningún artículo le da importancia a que Thomas rechazara a Magic por tener VIH, además de los rumores de que era gay. Me parece mucho más grave eso, aunque el titular de que todo es culpa de Jordan sea más sensacionalista…

  2. Jose manuel

    28/12/2017 at 11:30

    Magnifico articulo de informacion, habia oido que no se hablaban por culpa de sus mujeres,jajajajajaja

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