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Mágico González

Fútbol

El Talento Desperdiciado II: Mágico González

Jorge Alberto González, el Mágico González, es simplemente uno de los talentos futbolísticos más grandes que yo he visto en mi vida.

El salvadoreño Mágico González llegó al Cádiz después de jugar el Mundial 82. En el equipo gaditano estuvo siete años en dos etapas diferentes (1982-1984 y 1986-1991). En dicho Mundial, el de España, Mágico fue elegido para formar parte del once ideal, y eso a pesar de haber disputado solamente tres partidos y con un equipo muy humilde. Sin embargo, los destellos que ofreció fueron suficientes para abrirle la puerta del fútbol europeo, destellos que confirmó más tarde en el Carrranza.

El Mágico era diferente, un verso suelto tanto dentro como fuera del campo. Era un jugador con un talento a la altura de los más grandes, pero con una gran diferencia: él saltaba al campo a divertirse, con la misma alegría que los niños lo hacen al patio a la hora del recreo. Porque eso era el fútbol para Jorge Alberto González, un recreo, nada parecido a ese mundo profesional que le rodeaba. El fútbol nunca fue su trabajo.

Como futbolista era un delantero anárquico, veloz, de amplia zancada, poseedor de una técnica, una habilidad, un regate, un descaro y una fantasía en su juego como pocos en la historia del fútbol. Pese a su físico menudo, poseía un notable golpeo de balón, lo que le hacía además ser muy peligroso en la pelota parada, pero si por algo era diferencial era por su forma de entender el juego. Él estaba por encima del partido y del resultado, pero no de una forma egoísta o soberbia, simplemente jugaba para divertirse.

Maradona, en un sorprendente ataque de humildad, dijo que él no era el mejor del mundo, que lo era Mágico González. El propio Mágico hablaba de sí mismo así. “Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme”.

Se dice que el Barcelona quiso ficharle y él no quiso ir pese a tener una oferta millonaria que le aseguraba la vida. Se habló de una pésima prueba que hizo a propósito para no fichar por el Atalanta italiano, o de cómo nunca se acostumbró al frío de Valladolid.

Como de tantos otros malditos, hay mil anécdotas, mil leyendas y mil cuentos sobre su forma de ser y de actuar tanto dentro como fuera del campo. Famosa es su siesta en la camilla de masajes durante el descanso de un partido, rumores hay de que jugó borracho en alguna ocasión o de sus toques a una cajetilla de tabaco desafiando a David Vidal…

Jorge Alberto González, Mágico, fue para muchos un genio incomprendido, un jugador y una persona diferente. También hay quien cree que el salvadoreño sólo fue una persona equivocada y mal aconsejada que desperdició un talento natural en fiestas y buena vida, mala vida para un deportista. Sobre futbolistas como él surge siempre la misma pregunta: ¿Dónde habría llegado si se hubiese tomado en serio el fútbol? Mágico se adelantó a la cuestión cuando proclamó: «Sólo juego por divertirme”.

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