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Courtois se sumó al ataque y cabeceó el último balón del partido muy cerca del palo. CORDON PRESS

Liga Santander

Maldición catódica

El Real Madrid dejó escapar contra el Girona un partido que tenía en su mano. Casemiro adelantó a los blancos; remontaron Stuani y Portu.

La derrota del Real Madrid contra el Girona, de todo punto inesperada, coincidió con la emisión en la La2 de TVE del documental Un césped de 100 años, una historia sentimental sobre el estadio Vicente Calderón, que en breve estará demolido. Habrá quien no le preste mayor atención a la coincidencia, pero el fútbol es una práctica demasiado esotérica como para no atender a las casualidades. Mientras el Real Madrid perdía el control de un partido que tenía en su mano, en las pantallas de la segunda cadena nacional aparecían en cascada Gárate, Adelardo, Luis Aragonés, Kiko o el recientemente fallecido Isacio Calleja. Que esa irrupción catódica tuviera efecto en el destino del Real Madrid es una suposición atrevida, pero no descartable. Somos energía, incluso los domingos por la mañana.

El dichoso documental todavía no había comenzado durante la primera mitad. Será por eso o por otro motivo (acepto sugerencias), que el Real Madrid no encontró mayor oposición para imponerse el Girona. El equipo de Eusebio se presentó en el Bernabéu de manera bastante apocada, minado en la confianza por sus penosos resultados: seis derrotas consecutivas entre Liga y Copa (4+2), siete salidas sin ganar y a un solo punto del descenso. En esas condiciones, salir al campo, aunque fuera con cara de pena, ya era un mérito a reseñar.

La felicidad del madridismo parecía todavía mayor todavía en una mañana tan soleada. Y esa sensación se mantuvo durante muchos minutos porque el equipo salió con ganas de zanjar cuanto antes la cuestión. Había agilidad en la circulación (pese a la ausencia de Modric), dinamismo en los desmarques y un dominio absoluto del juego, salpicado, es verdad, con algún contragolpe del Girona que nunca tomamos demasiado en serio. Calculamos que antes de que el visitante hiciera un gol, el Madrid ya habría marcado unos cuantos. Ese era el guión, confirmado con el gol de Casemiro en el minuto 25. Todavía no había empezado el documental del Atlético.

Confieso que en el descanso comencé a escribir esta nota. Y me dio por acudir a un viejo refrán que nunca guardo demasiado lejos: “No hay nada que tanto amenace ruina como la felicidad”. Y desarrollé la idea, después de sumar la victoria que todavía no estaba cerrada. Disculpen la autocita: “El Madrid prosiguió con su racha extraordinaria (…). Todo lo que parecía imposible ahora resulta probable. El único problema, puestos a buscar uno, es que la temporada no se juega en la próxima semana y en el fútbol las rachas son de duración incierta”. Y vaya que lo son.

Al poco comenzar la segunda parte, arrancó el documental con profusión de viejas imágenes del Metropolitano. El Girona comprendió en ese instante que no estaba muerto. Les habrá sucedido si han tenido un accidente de coche u otra experiencia similar que no les deseo. Lo primero que haces, finalizada la última vuelta de campana, es comprobar si estás vivo, palpación que termina con una alegría inmensa, al margen de los miembros sanguinolentos. Algo así le ocurrió al Girona: pasó del agobio a la alegría.

Para el Madrid fue el camino inverso. El equipo se llenó de dudas y recordó lo peor de sí mismo. Se descosió el centro del campo y la defensa se transformó en un flan. Un penalti de Ramos fue la conclusión lógica de un asedio evidente. Y el cerco no terminó entonces. Mientras el documental exploraba las tripas del Calderón, el Girona hacía lo propio con las del Madrid. El gol de Portu fue un justo premio a su obstinación. Solari intentó reaccionar con Vinicius y Bale, pero poner perejil a San Pancracio no siempre funciona.

No hubo remontada, ni atisbo de proeza. La felicidad de los últimos días se desmoronó de pronto, sin que sepamos identificar a los culpables. De repente, todo se llenó de imágenes confusas, no tanto las de la televisión. El Atlético del Cholo, arracimado, celebraba algo por todo lo alto. Juraría que el doblete de 1996, aunque también podría ser la victoria del Girona.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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