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Opinión

Malditas Resacas

«Noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno», reza el dicho. Curioso como el fútbol, el Mundial, la Selección, pueden llevarnos a muchos a sentir el ahogo que solo las mejores borracheras nos regalan.

Todos conocéis esa sensación. Si no es así, prefiero no ser vuestro amigo. Ese despertar después de una noche de copas cuando traspasas la fina línea que separa la bendita inconsciencia en forma de tregua que otorga el sueño y el convertirte en protagonista, cargado de sentimiento de culpa, del famoso cuadro El Grito de Edvard Munch. En noruego se llama Skrik, que, entonado en forma de onomatopeya, se ajusta mucho más al sentir del momento.

Boca pastosa, punzada de angustia vital y funesta previsión de lo larga que será la jornada. Mirada furtiva al otro lado de la cama, como siempre vacío. Tamborileo lacerante en ambas sienes, sensación de mareo. Levantarte torpe, aturdido. Dirigirte a la nevera, abrirla, y beberte los dos litros de agua que te olvidaste de tomar antes de desmayarte la madrugada anterior en la cama para evitar un estado de deshidratación que ahora te vapulea, multándote por no haber evitado la infracción.

Anoche todo eran jijís y jajás. ¡Cómo entraba el whiscola! Eras intocable. Eras Dios. Con toda la vida por delante. Tus amigos, los mejores. «Chavales, vámonos de viaje a Cuba joder». Lo que sea. Euforia. Labia. Te acercaste a la camarera con las agallas por bandera, esas con las que te arma el desmelene etílico. Le pediste el teléfono y no te lo dio. Pero qué carajo… Everything is awesome.

Es curioso, pero esta mañana he percibido varios de los síntomas que describo en el primer párrafo. Y tiene bemoles, porque ayer casi no bebí. Cuatro o cinco cervezas, que no es beber. Igual que llegar a las tres de la mañana o antes no es salir.

Y es curioso que el síndrome de Munch nos haya golpeado a tantos hoy lunes, sobre todo después de un partido tan soporífero como el de ayer contra los rusos. Ellos nos han robado el Mundial, los nuestros nos robaron una siesta. Pero es inevitable: por mucho que intentásemos mitigar el dolor de la derrota con memes, gifs, chascarrillos y tuits ingeniosos, con otro par de birras o con ese hacerse de pronto de otra selección, un chaqueterismo súbito provocado por la enorme sensación de vacío y de vértigo que nos da pensar en las siguientes rondas de competición; nada quita que hoy lunes hayamos abierto el ojo recapitulando acontecimientos, pellizcándonos para darnos cuenta de que no, que no ha sido un mal sueño. Que nos ha eliminado del Mundial Rusia. ¡Rusia!

Que queréis que os diga. Esta resaca va a durar más de lo que querríamos. Quizás lo mejor es dejar de buscar culpables. Que yo sepa Rubiales se retiró del fútbol hace tiempo. Y Hierro no juega un Mundial desde 2002. Zidane no nos ha marcado ningún gol, y Florentino no es Putin.

No quiero hacer apología del beber, pero recordad que la cerveza cura la resaca. Ahí lo dejo. Salud.

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