¡Síguenos!

Selección

Morata cumple el trámite

Dos goles del delantero del Atlético dieron el triunfo a España frente a una selección de Malta que tenía como único objetivo no salir goleada.

La selección de Malta tenía como único objetivo no recibir doce goles. A partir de aquí, cualquier derrota por menos de tres (el límite teórico de la goleada) le parecía un resultado decoroso. Semejante planteamiento puede resultar mezquino, pero en este caso era terapéuticamente irreprochable. El fútbol maltés tiene un trauma que revive al contacto con España y, en casos similares, lo recomendable es aproximarse al león para perder el miedo y, a ser posible, sin perder la vida.

Raymond Farrugia, el seleccionador maltés, fue víctima y testigo de aquel 12-1 de hace 36 años, al igual que John Bonello, padre de Henry, portero titular de los malteses. Basta con imaginar lo que sufrieron ambos (burlas, mofas, befas), para comprender las precauciones de un equipo que ante España no persigue la victoria, sino la dignidad. La media hora que el anfitrión mantuvo su portería a cero fue una provechosa sesión en el diván. También fue una lección futbolística. El orden y la disciplina son virtudes que disimulan las carencias de los equipos discretos, al menos durante treinta minutos. Fue entonces cuando Morata marcó un gol de los suyos. Es decir, un movimiento notable, incluso sobresaliente, después de varios fallos al borde la torpeza. Bonello Júnior se lamentó, pero no debió hacerlo. A esas alturas, a su padre ya le habían marcado tres goles en aquella lejana noche de Sevilla.

Malta ni se inmutó. Los doce goles estaban tan lejos como Nueva Zelanda y el equipo todavía tenía un resultado que defender. Es obvio que España no se sintió sorprendida, pero también resulta evidente que no asaltó el muro con la agilidad necesaria. Aún tenemos cierta tendencia a la somnolencia del tiqui-taca. Lo que antes hipnotizaba a los rivales, ahora nos duerme también a nosotros. Salvo alguna ocurrencia de Asensio, ningún jugador nos agitó lo suficiente.

Morata marcó el segundo gol en cuanto entró al campo Jesús Navas. Aunque últimamente se disfrace de lateral, el alma de extremo le asoma por debajo de la camiseta. Su pase, templado y con efecto, es el que sueñan los delanteros cuando pasan hambre. Una jugada que solo exige un cabezazo sin exquisiteces, lo más parecido a un martillazo craneal.

Cuando el árbitro pitó el final, juraría que España se sintió tan aliviada como Malta. Unos habían ganado el partido y otros no lo habían perdido, o no del todo, porque la derrota no es caerse un día, sino tropezarse durante 36 años con la misma piedra. Los malteses han superado la mitad la obstáculo. Ahora les queda jugar en nuestro país (quizá Sevilla) y resistir nuestras preguntas impertinentes sobre aquella noche sevillana. Si resisten nuestra sonrisa insolente sin matarse o matarnos, será señal de que están curados.

 

 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Selección

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies