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Arriba, Camacho, Maceda, Goicoechea, Gordillo, Señor y Buyo. Abajo, Carrasco, Víctor, Santillana, Rincón y Sarabia.

Fútbol

12-1 a Malta, un día para la historia

Aquella Navidad de hace 35 años, la Nochebuena se adelantó al 21 de diciembre. Ese día se vivió una de las mejores noches que se recuerdan en la historia del balompié nacional, el 12-1 frente a Malta

Cuatro días antes de que llegara la Navidad, en España había indecisión. Todavía quedaba tiempo para redactar la carta a los Reyes Magos. El estadio Benito Villamarín demandaba magia; la Selección española dependía de una victoria por once o más goles frente a Malta para poder obtener el boleto con destino a Francia, donde se celebraría la Eurocopa de 1984. Las películas de acción y del oeste que vieron los jugadores españoles sirvieron para pasar el tiempo y liberar la mente de la ansiedad de la goleada necesaria.

Para alcanzar la proeza había que marcar un gol cada ocho minutos y 18 segundos. Entre la mayoría de los jugadores prevalecía el optimismo. Así lo veían los protagonistas. Gordillo (Betis): “Lo mismo que Irlanda les hizo ocho, nosotros podemos superar a los irlandeses”. Güerri (Zaragoza): “Once goles son once, pero no constituyen una misión imposible, como la famosa película de televisión”. Goikoetxea (Athletic de Bilbao): “Si no lo conseguimos, no será por no intentarlo”. Las declaraciones al diario Marca contrastaban con la opinión del zaragocista Juan Señor: “Cualquier persona que sea realista sabe que España no estará en París”.

Los juicios de los españoles diferían. John Bonello, portero de Malta, parecía tenerlo más claro: “España no mete once goles ni a un equipo de niños. En caso de encajar los once goles, no volveré a mi país”. Al final, doce fueron las veces que tuvo que recoger la pelota de la red el desdichado Bonello. Y la última vez fue Señor quien disparó a puerta. El cancerbero sí que volvió a su país y lo hizo con las bolsas de los regalos que le compró a su familia.

El Hotel Oromana de Alcalá de Guadaíra (municipio sevillano de 75.000 habitantes, pero que en 1983 sólo contaba con 46.000) fue el cuartel general del combinado nacional durante las dos semanas previas al encuentro, y durante los años que disputó todos sus partidos oficiales en Sevilla. Por su parte, los malteses se hospedaron en el Hotel Bécquer, en la capital de la provincia. El lugar de alojamiento de Miguel Muñoz (seleccionador español entre 1982 y 1988) y sus muchachos estaba situado próximo al Parque Oromana, el más importante de la ciudad, un espacio que los jugadores frecuentaban para pasear, aunque no lo hicieron en esta ocasión por las intensas lluvias.

Las instalaciones del hotel les permitían estar muy cómodos. Así lo cuenta Francisco Manuel Guerrero, camarero del hotel en aquella época: “Cuando la Selección venía, era como si fuese su casa. La teníamos en un buen entorno. El hotel estaba prácticamente para ellos”. Y también destaca la cordialidad con los jugadores: “Yo tenía contacto directo porque estaba en el restaurante y la cafetería y tenía que servirles el desayuno, el almuerzo y la cena. Eran gente encantadora”. Unas comidas en las que no había nada extravagante. “El médico era el encargado de fijar el menú que le entregaba a la cocina. Normalmente, lo que siempre había era una ensalada para compartir al centro, carne, pescado, pasta… Salvo las excepciones de los fritos y la carne de cerdo con grasa, que no se consumían nunca, las comidas eran las de cualquier casa”.

Los planes de entrenamiento fueron modificados constantemente por la lluvia. Y los emplazamientos fueron varios. José Antonio Sánchez Araújo, que cubrió para la SER la concentración, lo relata de esta manera: “La Selección quería preservar el Villamarín en las mejores condiciones, porque si estaba embarrado le daba muchas más a posibilidades a un rival inferior que a un equipo que tenía que marcar doce goles”. El día previo al partido, la sesión preparatoria tuvo lugar en la Ciudad Deportiva del Betis. También se ejercitaron en el estadio del Mairena del Alcor y en el Francisco Bono de Alcalá de Guadaíra. “El campo del Alcalá era la envidia, tenía un césped que era un vergel y que estaba en magnífico estado”, resalta Araújo. De hecho, hubo un momento en el que se llegó a pensar que se podía suspender el partido. E incluso Miguel Muñoz llegó a afirmar a la prensa que el Francisco Bono (con capacidad para 3.500 espectadores) podía ser una alternativa en el caso de que el Villamarín no estuviese en condiciones.

La presencia de los medios de comunicación no era tan numerosa como en la actualidad. A la concentración en Oromana, acudieron enviados especiales de la Agencia Efe, Marca, AS, TVE, Diario 16, SER y los medios de Sevilla: El Correo de Andalucía y ABC. La SER fue la única que contó con un estudio en el hotel; Araújo, oriundo de Alcalá de Guadaíra, tenía una buena amistad con el director del hotel, Francisco Martínez. La SER, además, tenía fe ciega en los hombres de Muñoz. Así lo cuenta Sánchez Araújo: “El día del partido sucedió una cosa curiosa. El director de la SER era Álex Botines. Y él tenía la intuición de que podía pasar algo y me dijo: ‘Pepe Arenas va a estar como técnico en el partido y va a dejar montado un estudio en el hotel por si pasa algo”. Gracias a esa premonición, pudieron cubrir para Hora 25 la fiesta de la Selección.

Y algo pasó, desde luego.

Lo que transcurrió muy lentamente fue el tiempo durante la semana de concentración. El cine fue una de las distracciones de los jugadores. Dos fueron las veces que Miguel Muñoz los autorizó a ir a una sala. Las películas tampoco no faltaron en la habitación 306, la que compartían Rincón y Gordillo. El actual director de relaciones institucionales del Betis logró hacerse con un televisor portátil, un vídeo y doce cintas, en las que primaba el Oeste y la acción. Ese cuarto era el lugar de reunión del equipo, nunca hasta más tarde de la medianoche. Y era conocido como la “Videoteca”. Las dos mesas de billar (americano y español) y las partidas de cartas fueron las otras actividades para matar el tiempo.

El encuentro entre España y Malta se disputó el miércoles 21 de diciembre de 1983 a las 20:15. Varios días antes, el sábado 17, los malteses se enfrentaron a Holanda. El resultado final fue de 5-0, lo que elevó a once la suma de goles que la Selección debía conseguir para clasificarse. La grabación del Holanda-Malta fue importante para el resultado final. José Ángel de la Casa, narrador de TVE de los partidos de la Selección hasta 2007, lo relata de la siguiente manera: “Desde Holanda, nos desviaron una línea y TVE pudo grabar el encuentro. A pesar de que el segundo entrenador de la Selección, Vicente Miera, acudió al estadio, le llevé a Miguel Muñoz el partido. Cuando los jugadores lo vieron, se dieron cuenta de que podían conseguirlo”.

Miguel Muñoz calificó aquel encuentro como “el más atípico de toda su carrera”. Extraña también iba a ser la poca presencia del público por dos motivos: la adversa climatología y la televisión en directo, algo poco frecuente en aquella época. TVE desembolsó 12 millones de pesetas por los derechos. Eran dos razones poderosas, por muy económicas que estuvieran las entradas, que se pusieron a la venta sólo cuatro días antes. Los precios oscilaban entre las 700 pesetas (4’21 euros), la más cara, y 100 pesetas (0’6 euros), la más barata. Pese a ello, el día antes sólo se había recaudado medio millón, aunque finalmente la caja ascendió a 5.773.600 pesetas. Para llenar el Villamarín, Ginés López Cirera, presidente de la Federación Andaluza de Fútbol, regaló 500 entradas a los colegios. Un presente que también recibieron trabajadores del Hotel Oromana, como Francisco Manuel Guerrero, que pudo acudir a presenciar el partido. El Gobierno también trató de apoyar al máximo y envió 25.000 banderines. Finalmente, fueron 32.000 los espectadores que acudieron, aunque la apertura de las puertas del estadio con la llegada de los goles permitió que se llegara al lleno absoluto en los momentos finales.

El día previo al encuentro, la prensa ya sabía la alineación. Algo inviable ahora. Como también lo es lo que les ocurrió a los malteses: dieron una vuelta por el centro de Sevilla. Recorrieron la calle Sierpes y unos grandes almacenes ubicados en la Plaza del Duque. Allí compraron unas muñecas vestidas de flamenca que no llegaban a las mil pesetas.

Su llegada a España había sido accidentada. Cuando los malteses aterrizaron en Madrid procedentes de La Valeta, perdieron su avión a Sevilla, y tuvieron que hacer noche en la capital. Asimismo, la Federación Maltesa envió un télex al secretario general de la UEFA, con copia a la Federación Española, en el que se quejaban del mal comportamiento recibido y de la actitud de los aficionados españoles que, según los malteses, estuvieron toda la noche gritando en la puerta del Hotel Bécquer de Sevilla. José Antonio García, trabajador del turno de noche del Bécquer, niega la acusación: “No molestó nadie. No hubo presencia de aficionados. Llegaron dos o tres días antes del partido y no hubo ningún problema”. Pero el descontento sí que estuvo presente en la expedición de Malta: “Ellos tenían que ir para el almuerzo y la cena a un hotel cercano al nuestro, el Hotel Reyes Católicos, porque nosotros no teníamos restaurante. El desayuno era lo único que hacían en nuestro hotel”. La imagen que dieron en el campo fue la misma que fuera de él. García destaca que “la imagen de ellos era de una selección muy pobre. Muy humilde”.

Dos estrenos hubo en el encuentro: el primer partido del guardameta Buyo con la Selección y la capitanía de José Antonio Camacho, que tenía el mismo número de partidos que Gordillo (40), pero que acabó portando el brazalete por haber debutado antes. Justo antes del sorteo de campo, la Banda Municipal Hispalense interpretó los himnos. Los holandeses, que acudieron al encuentro para asegurarse de que no hubiese trampa, fueron cambiado de humor progresivamente. José Ángel de la Casa cuenta que estaban muy indignados por el arbitraje y, en general, por todo lo sucedido… Todo les parecía mal. Sin embargo, resalta que “los que realmente hicieron una golfería fueron ellos, que no fueron a jugar a Malta”. Malta jugó su partido de local frente a Holanda en Alemania, muy cerca de la frontera con los Países Bajos. Por tanto, los holandeses “jugaron, prácticamente, los dos partidos en casa”.

La narración del encuentro para la Primera corrió a cargo de José Ángel de la Casa, a quien Alfonso Azuara acompañó a pie de campo. El narrador hace hincapié en que “es el partido más familiar que se ha visto de la historia. Cuando le preguntas a alguien qué recuerda de aquel partido, todo el mundo te dice que estaba en casa, en casa de sus abuelos… La referencia del partido es que fue muy familiar”. Al mismo tiempo, destaca la espectacular audiencia, ya que puede que haya sido el partido que haya tenido la más alta de la historia de España. “Puede que algún pico sí que se consiguiera. Que yo recuerde, en aquella época, el España-Dinamarca de México 86 lo vieron 21 millones de personas. Imagínate lo que pudo ser ese partido en la parte final del encuentro.”, resalta De la Casa.

La cobertura no es comparable con la de cualquiera de los partidos importantes que le sucedieron. Pero, entre este encuentro y las finales que vinieron, sí se puede realizar una analogía por el optimismo que ofrecía la televisión a los espectadores. Así lo cuenta Jesús Álvarez, que informó para el telediario de TVE a pie de campo y estuvo en el vestuario al terminar el partido: “La cobertura no es tan espectacular en cuanto a medios como las actuales. Hicimos una conexión con el telediario antes de que empezara el partido y lo vendimos todo como que era posible el milagro de la clasificación. No sé si realmente pensábamos que iba a ser posible, pero lo vendimos así. Fue una de las crónicas de mi carrera que más ilusión y empeño puse en hacer”. Sin embargo, la cobertura fue menor porque los canales y los medios eran más escasos: “Hubo un gran despliegue, tanto de medios de transmisión como informativos. Antes no existía el canal Teledeporte. Era una cobertura menor porque íbamos ajustados de tiempo y porque no había tanto espacio para el deporte como hoy en día”.

El gol de Señor quedó en la memoria de todos los españoles. También la narración de José Ángel de la Casa, que se descontroló cuando el balón perforó la red. Reconoce que “no es el mejor partido de la Selección que ha locutado ni el gol en el que ha puesto más entusiasmo”. Sin embargo, su voz sí que sufrió las consecuencias de aquella goleada: “Entre el frío, la humedad, los goles, el entusiasmo… probablemente sea de los partidos en los que más ha sufrido mi voz”. Para sufrimiento el que padeció Jesús Álvarez. O, mejor dicho, su ropa: “Cuando entré al vestuario, entre el calor típico sevillano, a pesar de ser el mes de diciembre, la euforia que había en el vestuario y el champán, terminamos un poco perjudicados. Lo que nos importaba era recoger ese ambiente, esa fiesta, porque éramos la única televisión que había allí”, resalta Álvarez.

La alegría fue máxima esa noche. El barrio de Los Remedios fue uno de los elegidos por el público sevillano para celebración. Allí se bailó al ritmo de sevillanas toda la noche. Las felicitaciones no tardaron en llegar. El primero en hacerlo fue el presidente del Gobierno, Felipe González, que llamó a Muñoz para trasladarle su enhorabuena.

El esfuerzo extremo sólo lo acusó Lobo Carrasco. El futbolista del Barcelona fue el único que tuvo que ser atendido al terminar el partido con una contusión. En cambio, los sevillanos, que presenciaron una de las mejores noches de la Selección y que disfrutaron durante once años de todos sus encuentros, no acabaron cansados. El presidente de la Federación Española de Fútbol, Pablo Porta, le dijo al seleccionador que tenía que ir buscando un partido que fuera de homenaje al público hispalense; Muñoz decidió que Sevilla sería la sede oficial tras el apoyo mostrado al equipo.

El equipo maltés criticó la actuación del colegiado. Y la cosa no quedó ahí, pues la Asociación Maltesa de Fútbol también mostró su desacuerdo, ya que abrió una investigación y presentó una protesta a la UEFA. No tan críticos fueron los medios internacionales. Había diversidad de opiniones. El diario austríaco Kurier calificó de sensacional e inconcebible la goleada. En Suiza llegaron a definir el encuentro como “una mascarada de mal gusto” y el Bild alemán comentó: “España celebra el milagro. Holanda duda sobre el tongo”.

La fiesta se desató en el vestuario y en Sevilla. Pero la verdadera jarana tuvo lugar en el Hotel Oromana. Aunque para llegar tardaran más de lo normal: “Cuando el autobús fue de Alcalá al estadio, hizo el recorrido en 15 minutos. Lo que se tarda en un trayecto normal. En la vuelta, tardaron dos horas y media porque la gente se puso delante del vehículo”, explica De la Casa. También lo resalta Araújo, que estuvo en el hotel desde que España marcó el séptimo: “Cuando llegó el duodécimo fue una explosión inesperada. Se formó un lío en un momento; empezaron a presentarse coches. Cuando llegó el autobús al Puente Romano (puente de Alcalá de Guadaíra cercano al hotel), apenas pudo acceder al hotel por la gente y los coches que había. La afición los vitoreaba. Y los municipales tuvieron que abrir espacio al autobús para que pudiera pasar”. Los seguidores les hicieron un pasillo a los jugadores y Muñoz fue duchado con champán tras haberse asomado cuatro veces a la ventana a saludar.

La hazaña fue inesperada y la fiesta se organizó como se pudo. El director del hotel, Francisco Martínez, tuvo que buscar refuerzos culinarios porque no esperaba a tanta gente; asistieron los jugadores y los directivos, y la prensa, invitada de última hora. Doce fueron las botellas de champán que sacó el hotel en honor a la gesta. También en referencia al partido fue la tarta (lo único que estaba preparado), formada por doce pasteles con la inscripción “Así se va a París”. La celebración duró toda la noche y los chistes de Vicente Miera no cesaron. Asimismo, se sucedieron las declaraciones de los jugadores entre las que había una idea común: de haber necesitado más goles, los hubieran marcado.

El día siguiente abandonaron el Hotel Oromana. Los futbolistas se marcharon al aeropuerto de Sevilla (San Pablo), donde coincidieron en el vuelo con la selección de Malta. A la llegada a Madrid (Barajas), 500 aficionados esperaban al conjunto de Muñoz. La alegría era más que visible. Al igual que en los colegios sevillanos, que adelantaron las vacaciones navideñas de sus alumnos por la heroicidad conseguida.

El partido ha tenido también sus polémicas años después. En 2007, varios internautas propusieron eliminar el apartado referente al encuentro de la Wikipedia. Sin embargo, la votación determinó que continuase en la red. Pero la verdadera discusión llegó el pasado mes de marzo, cuando los malteses acusaron a los españoles de haberse dopado en aquel encuentro. Según el seleccionador maltés, Victor Scerri, un hombre bajito vestido de blanco les ofreció una bandeja de limones en el descanso y sus jugadores los chuparon y se sintieron mal. La respuesta de miembros de aquel equipo como Rincón o Señor fue una negativa rotunda.

Aquel día los jugadores españoles se disfrazaron de dioses y durmieron una noche en el olimpo. Los astros se alinearon y la Selección logró lo impensable. Una hazaña única. Auténtica. Inexplicable. Como también lo es que la pasajera número seis millones del aeropuerto de San Pablo llegase el pasado 12 de diciembre procedente de Malta. Suele decirse que el destino es imprevisible. Pero esta vez sí tenía explicación. Se iba acercando la fecha del 35 aniversario y esto es como el turrón: siempre vuelve a casa por Navidad.

3 Comments

3 Comments

  1. Manuel Camacho

    21/12/2018 at 22:34

    Impresionante

  2. Pingback: La venganza de Bonello I Selección I A La Contra

  3. Pingback: Morata cumple el trámite | Selección | Juanma Trueba | A la Contra

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