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Mural en Argentina del histórico gol de Maradona a Inglaterra en el Mundial de México 86 | CORDON PRESS

Fútbol

Maradona a México: el regreso del actor a su escenario favorito

Maradona deja tirado al Dinamo de Brest, donde era presidente y entrenador, para volver a la tierra prometida, México, donde se convirtió en leyenda. El Dorados de Sinaloa, su nuevo destino.

Canta la famosa canción de Andrés Calamaro que “Maradona no es una persona cualquiera”, y no, no lo es. Él es capaz de dejar tirado al Dinamo de Brest (equipo bielorruso) para irse a entrenar a la segunda división mexicana, concretamente al Dorados de Sinaloa, equipo donde dio sus últimas patadas como futbolista Pep Guardiola. El estribillo continua con: “Es un hombre pegado a una pelota”. Eso sí, esa es la realidad del Pelusa, es un hombre que necesita el fútbol para sobrevivir y ahora se encamina a su quinta aventura como entrenador.

Maradona regresa al país que lo vio nacer como leyenda. Hace 32 años, en el Mundial de 1986, disputada en México, impresionó a todos con dos acciones claves: la mano de dios y la jugada del barrilete cósmico. Después de cuatro años de paz entre Inglaterra y Argentina, tras la guerra de las Malvinas, ambas selecciones se enfrentaron en el Estadio Azteca, situado en la ciudad de México. El Diez deslumbró en aquel partido y se convirtió en un mito viviente. Una semana más tarde y en el mismo escenario, Maradona levantó la Copa del Mundo.

Ahora la historia será bien diferente, porque no irá al Estadio Azteca, su nueva casa tiene sede en el Estadio Banorte de 23.000 aficionados, en la ciudad de Culiacán, al norte del país. Tampoco jugará con la camiseta de la albiceleste, entrenará al Dorados de Sinaloa, equipo que actualmente milita en la segunda división mexicana y que después de los seis primeros partidos de liga aún no conoce la victoria y está antepenúltimo en la clasificación. La misión de Diego es clara: coger al equipo y ascenderlo a primera división.

No obstante, la trayectoria de Maradona como entrenador es algo complicada, nunca ha sido considerado un buen técnico, los resultados nunca le han acompañado. Su trayectoria profesional empezó en 2008, tras la renuncia de Basile como seleccionador argentino; entonces, el Pelusa asumió el cargo de director técnico de la Selección argentina.

Sus primeros partidos fueron bien: victoria ante Escocia por uno a cero y cuatro a cero ante Venezuela. Eso fue lo único bueno que hizo Diego con la Selección, el resto fue solo la imagen de ese Maradona que no nos gusta ver. Un que “la chupen y la sigan chupando. Puedo ser negro o blanco, pero nunca seré gris” o verle en el stage de entrenamiento del Mundial de Sudáfrica dirigiendo a la albiceleste mientras se fumaba un puro es lo más anecdótico de un entrenador sin ideas, que se marchó por la puerta de atrás después de perder por cuatro a cero contra Alemania, en cuartos de final.

Su segunda aventura llegó en 2011, en los Emiratos Árabes Unidos, como entrenador del Al Wasl FC. Un contrato estratosférico, una inversión millonaria para formar un buen equipo y un año semi bueno le valieron para renovar por una temporada más, pero tras unos meses encajando malos resultados, su aventura en el fútbol árabe llegó a su fin.

Cinco años tuvieron que pasar para que Diego se volviera a sentar en un banquillo como entrenador. El Al Fujairah SC, de la segunda división de los Emiratos Árabes, imaginó que con Maradona al mando se podría conseguir el ascenso a la máxima categoría. En mayo del año pasado, el argentino llegó al club con un objetivo conocido, el de ascender al equipo, pero no lo consiguió y le despidieron.

Meses después, fue presentado con el Dinamo de Brest, equipo que juega en la Premier de Bielorrusia. Allí sus funciones eran absolutas, era un autentico rey con toda la potestad para tomar decisiones: presidente, entrenador y director deportivo. Una acogida cálida, una presentación en un tanque militar y la frase “no voy a ser un presidente cualquiera, voy a ser el presidente del Dinamo de Brest” fue lo más reseñable de Maradona durante ese corto periodo de tiempo en el club bielorruso.

Hoy, deja tirado al Dinamo de Brest para volver a la tierra prometida, donde se convirtió en leyenda y donde esperemos que Diego vuelva a renacer.

Describe su cabeza como el garaje de Homer Simpson: siempre desorganizado. Le promete a diario a una Marge imaginaria llamada conciencia que luego más tarde lo organizará, pero nunca lo hace. Un sillón, su cerveza Düff, el mando a distancia y el televisor con retransmisiones deportivas son sus acompañantes en el día a día. En A La Contra encontró el lugar donde puede contar esas hazañas del deporte que tanto le gusta ver.

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