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Maradona en Nápoles o cómo D10S terminó crucificado

Asif Kapadia realiza la enésima revisión del mito centrándose en su etapa napolitana. En el filme caben todos los excesos, los futbolísticos y los extradeportivos. Se estrena hoy

Cuatro palabras tejen esta historia. Cuatro calificativos que oportunamente encadenados retratan al mito y elevan la leyenda. Rebelde, héroe, tramposo, Dios. Una montaña rusa de sentimientos y experiencias que cincelan la vida de Diego Armando Maradona, de Buenos Aires a Nápoles, pasando por Barcelona o por aquel verano mexicano. En la enésima revisión del mito, Asif Kapadia hurga principalmente en su etapa napolitana, el periodo más grandilocuente de su vida, donde la ascensión a los cielos y el descenso a los infiernos se retrató con mayor crudeza. Algo que consigue aquí el cineasta londinense con la técnica ya demostrada en Amy (Óscar al mejor documental en 2016) y Senna. No hay imágenes del Diego ante una cámara, solo su voz en off y arte en movimiento, es decir, sus goles en pantalla grande. Un regalo por el que ya estaría bien invertido el dinero de la entrada.

Contaba Asif Kapadia en el preestreno de la cinta en Madrid que lo más difícil fue llegar a Maradona. Pero que una vez sentado frente a él y tras varias horas de charlas descubrió a Diego. Algo que sintetiza de manera aún más directa el que fuera su preparador físico de confianza, Fernando Signorini: «Con Diego iría al fin del mundo. Con Maradona no daría un paso». Las conversaciones que ilustran la cinta se produjeron en Dubai, cuando Maradona era entrenador del Al Fujairah. «Maradona es como una estrella del rock», confiesa Asif, que tuvo que perseguirle durante más de seis meses para poder encontrarse con él. El trato era hablar durante tres horas y mantener tres encuentros. Una vez allí las citas se retrasaban y Maradona parecía más pendiente de los partidos de Boca Juniors que de contestar las preguntas de su invitado. Kapadia redujo su equipo al máximo, eliminó cámaras y se sentó con una grabadora al lado de Maradona: «Me di cuenta de que su tiempo máximo de atención, lo que dura su batería, son 90 minutos. ¡Como si fuera un partido de fútbol!»

La historia del filme documental con imágenes inéditas nunca vistas antes arranca en 2012. Hace siete años un periodista británico enseñó las más de 500 horas de material grabado sobre la vida de Maradona. Unas imágenes que habían sido filmadas gracias a la idea de Jorge Cyterszpiler, hombre de confianza y primer representante de Maradona, que antes incluso de su fichaje por el Barcelona había contratado a dos operadores de cámara, el argentino Juan Laburu y el italiano Gino Martucci, para que retrataran cada paso de su vida. Cyterszpiler conocía a la perfección el diamante en bruto que tenía entre manos y ahora esas imágenes son la base de este documental. Así podemos disfrutar sentados en primera fila de la persecución motera y el caos que se respira en Nápoles tras el aterrizaje de Maradona, de la visión de Diego cuando saltó por primera vez a un San Paolo inflamado, su relación con la camorra, su preparación física para volver a ser el mejor después de cada noche de farra, incluso ángulos nuevos de ese magistral libre indirecto frente a la Juventus.

Ý es que por  la película documental aparecen no solo El Diego, sino gente de su entorno que termina perfilando las luces y sombras de un personaje que ha terminado devorándose a sí mismo. Así escuchamos las voces de su ex-mujer, Claudia Villafañe y esa frase lapidaria que resume su experiencia con El Pibe de Oro: «Ser tan famoso fue una carga». El mencionado Fernando Signorini, Corrado Ferlaino, presidente del Nápoles que fichó a Maradona, Ciro Ferrara, ex-jugador partenopeo y uno de los amigos más cercanos que tuvo Diego en el sur de Italia, o Cristina Sinagra, amiga napolitana con la que tuvo un hijo fruto de una relación extramatrimonional, son algunos de las voces autorizadas que transitan por el filme para desnudar el volcán interior que latía bajo el futbolista.

El relato, centrado sobre todo entre 1984 y 1991, no está concebido exclusivamente para futboleros por más estéticos que resulten los planos a cámara lenta de El Pelusa sobre el campo que harán rejuvenecer a más de uno. El relato trasciende incluso a la propia figura de Maradona y revela también la idiosincrasia y el carácter de una ciudad abandonada y maltratada como Nápoles. En una ciudad llena de excesos Diego fue el más grande, o como dice el propio Kadapia: «Maradona necesita el caos». Sobre ello también reflexionó el periodista Guillem Balagué, presente en la premier de Madrid: «A veces solemos pensar en Maradona como una víctima de sus circunstancias, cuando él realmente se ha sentido a gusto batallando contra las injusticias como si esa fuese su labor en el mundo».

A partir de hoy pueden entender mejor la figura de Diego, ser testigos privilegiados de su ascenso a la cima del fútbol y su destierro. Pueden incluso adelantar a Diego y ver el documental antes que él, ya que Maradona todavía «no ha querido o no ha podido verlo», según confesó Kapadia, autor de un gol por toda la escuadra con este trabajo. Al salir del cine podrán decir a sus amigos lo mismo que aquella pancarta colgada en el cementerio de Nápoles tras conquistar el primer Scudetto: E non sanno che se so perso (No saben lo que se perdieron).

 

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