¡Síguenos!
Mariano Haro, compitiendo contra gigantes.

Atletismo

Mariano Haro: tienes un abrazo

Hay fotografías que siempre están vivas como esta de Mariano Haro, el atleta español más legendario de todos los tiempos que hoy se recupera de un ictus

No le vi correr nunca. Tampoco he hablado en mi vida con él. Pero hay fotografías que parece que siempre están vivas como esta de la final de 10.000 en los JJOO de Munich 72 en la que el mero hecho de verle a él, Mariano Haro, con ese dorsal gigantesco, el 169, le dice a uno demasiadas cosas. Para empezar, te confirma la necesidad de admirar lo que no viviste. Y después está la propia fotografía con un reparto inmejorable: Lasse Viren, Mirus Yifter, David Bedford, Emil Puttemans, Frank Shorter ahí detrás…. Y entre todos esos dioses está Mariano Haro, lo que demuestra que él también fue uno de esos dioses. Un tipo capaz de contestar lo que, por lo visto, en esos años parecía imposible. El complejo de superioridad de las grandes potencias, de todos esos atletas europeos que, efectivamente, eran más altos, más fuertes, quizás más duros.

La representación más fiel está en esa fotografía y en lo que uno hubiese dado por vivirla en directo: Mariano Haro. El atleta español que peleaba con los mejores del mundo en esa última vuelta de una final olímpica de 10.000. Y entonces los mejores del mundo eran los hombres blancos. Los mismos hombres que iban a desposeer a Mariano Haro de una medalla olímpica. Pero, a cambio, nos queda esa fotografía que cada año que pasa me parece más bella, más imponente, capaz, incluso, de explicar una vida en un momento. Y miren que necesitaríamos días para resumir el currículum de Mariano Haro que, por ejemplo, fue 27 veces campeón de España. Pero esa foto, uff, esa foto, en unos JJOO lidiando en territorio imposible, a las puertas de la medalla olímpica, cuarto clasificado, corriendo en 27’48″… Tuvo que ser maravilloso. Por eso recordar esa foto es ponerse de pie y escribir de ella un orgullo. Nos demuestra que las excepciones siempre existieron.

De esa fotografía han pasado 46 años, ya ven. Hoy, la enfermedad de Mariano Haro solo es una razón para escribir de ella, para explicar que es una herencia sin precio o para empezar un libro de historia. Quizá esta vez hasta sea mi manera de rendir culto o de mandar un abrazo a un tipo que no conozco y que hoy es un hombre de 78 años. Hace tiempo que todo pasó, pero a los que no vivimos nada de eso siempre nos quedará esa fotografía empapada de épica y de todos esos nombres para la eternidad. Fue Mariano Haro uno de ellos. Fue Mariano Haro un atleta prodigioso venido de donde venían los atletas de antes: los pueblos. Allí se miraba al cielo y no se veía nada más bonito que el fin del mundo. El pasaporte para cosas tan extraordinarias como esa fotografía de Munich 72 destinada a ponerse de ejemplo toda la vida. Solo fíjense en la diferencia de estatura y de zancada entre él y Lasse Viren, dorsal 228. Y, sin embargo, ahí estaba Mariano Haro con esos calcetines amarillos, con ese carácter que ayer era tan difícil de vencer en la pista. Hoy, quiero imaginar que en la cama de un hospital pasará igual. Sería el homenaje perfecto a esa fotografía del 72, a ese libro de historia.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Atletismo

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies